El 16 de abril de 1973, la música española perdía a su figura más imponente en el kilómetro 95 de la N‑III, marcando el fin de una era y el nacimiento de un mito que todavía resuena en Valencia.
El accidente que truncó un destino de éxito
Aquel fatídico lunes, Luis Manuel Ferri Llopis, conocido universalmente como Nino Bravo, viajaba desde Valencia hacia Madrid para producir el disco de un dúo debutante. Al volante de su flamante BMW 2800 L, y a la altura de la curva de Villarrubio (Cuenca), el vehículo se salió de la calzada dando varias vueltas de campana.




Aunque sus tres acompañantes (el dúo Humo y su mánager) salvaron la vida, el cantante de Ayelo de Malferit falleció debido a las graves heridas mientras era trasladado al hospital. Tenía solo 28 años y dejaba atrás a una esposa embarazada y una carrera que, con hits como «Libre» o «Un beso y una flor», no conocía techos.
Un entierro multitudinario en el Cementerio General
La noticia conmocionó a todo el país, pero especialmente a Valencia. Su funeral se convirtió en una de las manifestaciones de duelo más masivas que se recuerdan en la capital del Turia, con más de 10.000 personas despidiendo al artista. Hoy, su tumba en el Cementerio General de Valencia sigue siendo un lugar de peregrinación para fans de todo el mundo que depositan flores frescas cada 16 de abril.
















