En los años ochenta, cuando el valencianismo popular era el amo de las calles en defensa de la Real Senyera y la Llengua Valenciana, entre las huestes valientes de los valencianistas convencidos destacaba un joven con gafas y sotana negra que estaba en primera línea de todas las movilizaciones, en compañía de los otros jóvenes de su edad.

Se trataba del sacerdote Ricart Subirón Ferrandis, poseedor de una trayectoria sorprendente. Estudio su vocación en el Seminario de Valencia y, atraído por las apariciones marianas del Palmar de Troya, se acercó a esta localidad de Sevilla para conocerlas más a fondo. Allí se convenció de que la Iglesia de antes del Concilio aportaba unos valores que la Iglesia reformada no le reconfortaban, y se adentró por este camino hasta que el obispo vietnamita que lideraba el grupo lo nombró Obispo en la propia ciudad de Roma.
El Vaticano no quería disidencias y obstaculizó estos sacramentos que, según el derecho canónico son plenamente legales, puesto que todos los obispos tienen la virtud de poder transferir el carisma. Ricardo volvió a su diócesis de Valencia en busca de comprensión del arzobispo valentino. Pero lo que encontró fue toda Valencia revolucionada en pleno proceso autonómico.
Monseñor Subirón se afilió al Grup d’Acció Valencianista y fue uno más en todas las actuaciones que este asociación efectuó en defensa del Reino de Valencia, No tenía miedo a nada. No le cortaba nada, Cuando veía una bandera cuatribarrada acometía como un toro. Empezaron a llamarle “el Obispo del Santo Reino de Valencia”.
Su carácter enérgico y dinámico chocó con la elite eclesiástica en Valencia. Se refugió en un templo fundado por él mismo en Nazaret, en el corazón de la zona más pobre, donde realizó labores de evangelización y misericordia.
Con el corazón en la mano se dirigió a Francia, donde el magisterio de Monseñor Lefevre estaba bien vivo. Regentó allí un monasterio que alternaba con su obra de Valencia.
Así siguió muchos años, enfrentado al mundo por la Fe y siempre en defensa de los más vulnerables. Su santuario permanece en Nazaret como símbolo de sus convicciones. Aunque por fuera parece una casona vieja y desvencijada en el interior se encuentran joyas barrocas que el sacerdote fue rescatando de diversos lugares. En lugar especial está el altar de la Virgen de los Desamparados a quien acompaña una Senyera coronada. La Senyera también está en la balconada de la entrada, junto a la bandera de España y la bandera del Vaticano, porque él siempre se sintió un hombre profundamente católico, valenciano y español.
La semana pasada falleció a los 73 años. El bando de su pueblo natal, Ribarroja del Turia, dio la triste noticia. Murió un sacerdote bueno que dedicó su vida a los demás con un amor profundo que él aseguraba haber heredero de Jesús. Para los valencianistas ha fallecido Ricart Subirón Ferrandis, el Obispo del Santo Reino de Valencia.
Ha fallecido el Padre Ricardo Subirón Ferrandis.
El entierro será este jueves 13 de agosto a las 11 horas en el Cementerio de Ribarroja de Túria.
Descanse en Paz.
Fotografías del templo de Nazaret del Obispo Subirón. CR




















