ALICANTE – En un contexto de máxima exigencia para el sector primario valenciano, la gestión del agua se ha vuelto a convertir en el epicentro de la confrontación política. El conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina, ha visitado este lunes las obras de la balsa de Salse III en Beneixama, una infraestructura en la que la Generalitat Valenciana ha invertido 6 millones de euros con el objetivo de asegurar la viabilidad de más de un millar de hectáreas de cultivo.
La visita no solo ha servido para mostrar los avances técnicos de la administración autonómica, sino para lanzar una dura crítica al Ejecutivo central. Barrachina ha calificado de «inaceptable» que, mientras el Consell finaliza proyectos estratégicos, el Gobierno de España mantenga inactiva la balsa de San Diego, una pieza clave del postrasvase Júcar-Vinalopó que lleva años fuera de servicio.
Salse III: Eficiencia y ahorro energético
La nueva infraestructura de Beneixama cuenta con una capacidad útil de 524.000 metros cúbicos. Según los datos técnicos facilitados por la Conselleria, la balsa dará servicio directo a 1.200 hectáreas, dedicadas mayoritariamente al olivar, el almendro y la vid.
«Esta es la diferencia entre gestionar y no hacerlo», ha sentenciado Barrachina durante el recorrido por las obras. El conseller ha subrayado que la balsa Salse III no solo garantiza el suministro, sino que permitirá una mejora sustancial en la eficiencia energética. Al disponer de mayores reservas, los agricultores podrán reducir la dependencia de los bombeos durante los meses de verano, lo que se traduce en una reducción directa de los costes de producción en un momento de especial vulnerabilidad para los márgenes del campo.
El «olvido» de San Diego y el horizonte de 2028
A pocos kilómetros de la inversión autonómica, la situación cambia radicalmente. La balsa de San Diego, en Villena, se mantiene como un «monumento a la inacción», según palabras del conseller. Pese a que en su día se invirtieron 40 millones de euros de fondos estatales, la instalación sigue inutilizada por problemas de impermeabilización.
La indignación de la Generalitat ha crecido tras conocerse, mediante una respuesta oficial en el Senado, que el Ministerio para la Transición Ecológica no tiene previsto iniciar las obras de reparación hasta el año 2028. «No podemos aceptar que una infraestructura esencial para el futuro hídrico de esta tierra siga acumulando retrasos injustificados», ha denunciado Barrachina, recordando que los regantes llevan reclamando esta intervención desde 2018.
Un incremento del 60 % en inversión hídrica
El titular de Agricultura ha aprovechado el acto para reivindicar el músculo financiero de su departamento. Según las cifras presentadas, la Generalitat ha incrementado un 60 % la inversión en infraestructuras hídricas y modernización de regadíos durante la presente legislatura, alcanzando un presupuesto de 99 millones de euros.
En el caso concreto de la provincia de Alicante, el esfuerzo inversor en los últimos cinco años supera los 40,9 millones de euros. Para el Consell, estas cifras son la prueba de un compromiso con un modelo agrícola «más eficiente, competitivo y sostenible».
Barrachina concluyó su intervención reafirmando que la política hídrica valenciana se basará en la «inversión útil». Ante la sequía y la incertidumbre climática, el mensaje del Consell es claro: la supervivencia del campo valenciano depende de obras que, como la de Beneixama, «se terminan, funcionan y dan soluciones», marcando una distancia sideral con la planificación de los proyectos estatales en la región.
















