La Comunitat Valenciana concentra el 70 % del presupuesto estatal destinado a reparar los daños en el litoral, con una inversión de 170,7 millones de euros, según el informe «Destrucción a Toda Costa 2026» elaborado por Greenpeace. La organización ecologista advierte de que el aumento del nivel del mar, la pérdida de sedimentos y el avance del cambio climático están acelerando la degradación de las playas valencianas y cuestionan la eficacia de las actuaciones tradicionales basadas en regeneraciones artificiales y estructuras de hormigón.
Más de 100 kilómetros de costa, en situación de extrema vulnerabilidad
El informe señala que más de 100 kilómetros del golfo de Valencia presentan una situación de «extrema vulnerabilidad» debido a la combinación del aumento del nivel del mar y la falta de aporte natural de arena.
Según Greenpeace, las soluciones aplicadas durante las últimas décadas, centradas en espigones, diques y aportes artificiales de arena, ya no consiguen frenar la regresión del litoral.
Las regeneraciones de playas pierden eficacia
Uno de los ejemplos citados es la regeneración de las playas de Sagunto, Canet d’en Berenguer, Sueca y Cullera, donde se invirtieron 42,6 millones de euros para aportar cerca de tres millones de metros cúbicos de arena.
Sin embargo, la organización asegura que buena parte de ese material volvió a desaparecer pocas semanas después debido al oleaje y la erosión costera.
En la provincia de Castellón también se destinaron 1,2 millones de euros a trabajos de reparación en ocho municipios del litoral.
Tavernes de la Valldigna, uno de los puntos más afectados
Greenpeace identifica la playa de Tavernes de la Valldigna como uno de los casos más preocupantes.
Según el informe, la anchura de la playa seca ha pasado de unos 50 metros en la década de 1960 a apenas cinco metros en la actualidad.
Los temporales registrados durante este año provocaron además daños en edificaciones situadas en primera línea de costa, obligando incluso al desalojo de algunas viviendas por riesgo estructural.
La Albufera también se encuentra amenazada
La organización ecologista advierte de que determinadas infraestructuras portuarias están alterando el transporte natural de sedimentos.
En el caso del Puerto de Valencia, el informe sostiene que el dique norte dificulta el desplazamiento natural de arena hacia el sur, lo que supone una amenaza para la franja litoral que protege el Parque Natural de l’Albufera.
Asimismo, las ampliaciones del Puerto de Castellón estarían contribuyendo, según Greenpeace, a la regresión de varias playas del litoral castellonense.
Urbanismo y cambio climático
El documento también critica la continuidad de proyectos urbanísticos en zonas especialmente expuestas al avance del mar.
Entre los ejemplos citados figuran el desarrollo urbanístico previsto en Llíber, el convenio sobre terrenos protegidos en Serra Gelada o el proyecto para levantar tres rascacielos junto a la playa del Acequión, en Torrevieja.
Además, Greenpeace considera que las iniciativas para modificar o flexibilizar la Ley de Costas no responden a la realidad del cambio climático y advierte de que mantener construcciones en áreas vulnerables incrementa el riesgo de futuros daños.
Un Mediterráneo cada vez más caliente
El informe también pone el foco en los efectos del calentamiento del mar Mediterráneo, que, según la organización, aumenta su temperatura a un ritmo superior a la media mundial.
Entre las consecuencias destacan la aparición en las costas de Dénia y Xàbia de la microalga Gambierdiscus australis, productora de toxinas potencialmente peligrosas, el incremento de microplásticos en fondos marinos de Alicante y Benidorm, y la reducción del tamaño y la capacidad reproductiva de especies como la sardina y el boquerón.
Apostar por soluciones naturales
Frente a las obras tradicionales de defensa costera, Greenpeace propone impulsar actuaciones basadas en la restauración de los ecosistemas.
Como ejemplo destaca el proyecto iniciado este año en la playa de l’Auir, en Gandia, donde se trabaja en la recuperación de 24 hectáreas de dunas y hábitats naturales con el objetivo de aumentar la resistencia del litoral frente a los temporales y el avance del mar.
La organización concluye que la costa valenciana afronta una situación cada vez más delicada y reclama un cambio en la planificación territorial para adaptar el litoral a los efectos del cambio climático y reducir su vulnerabilidad en los próximos años.
















