Josie McCoy: La mirada cinematográfica que habita en el corazón de Russafa
Desde su llegada a Valencia en 2011, Josie McCoy ha transformado su estudio en el Sporting Club Russafa en un proyector de emociones estáticas. Su técnica, que hereda la paciencia de los grandes maestros pero se nutre de la luz de los píxeles, nos invita a una reflexión profunda sobre la identidad y el recuerdo. McCoy no solo pinta rostros; captura ese suspiro entre fotogramas que define nuestra relación con la cultura popular. En esta entrevista, nos abre las puertas de su proceso creativo, donde el óleo se vuelve etéreo y las estrellas de Hollywood parecen compartir nuestro propio oxígeno.
Entrevista: El tiempo ralentizado
1. Sus retratos capturan una mirada muy específica, casi cinematográfica. ¿Qué busca en el rostro de una celebridad o personaje que no se haya visto ya en la pantalla?
La pintura me permite ralentizar un instante cinematográfico fugaz, para que se experimente de otra manera, casi como sostener un fotograma en el tiempo. Los personajes de cine y televisión pueden funcionar como puntos de conexión, moldeados por los recuerdos y asociaciones que los espectadores traen consigo. Cuando nos encontramos con un rostro familiar en una pintura, la frontera entre ficción y realidad puede empezar a difuminarse, creando un espacio silencioso de reconocimiento – de un momento o una emoción.

Me atraen especialmente los primeros planos, donde la emoción se intensifica y el rostro carga con el peso de la narrativa. Esta experiencia compartida – ya sea en el cine o en una galería— genera un vínculo sutil, y a menudo cuelgo las obras de manera que los sujetos parezcan mirarse entre sí, invitando al espectador a participar en ese intercambio de miradas.
2. La luz en sus pinturas parece emanar desde el interior de la piel. ¿Cómo trabaja las capas de color para lograr esa luminosidad?
Uso óleo casi como acuarela, aplicando capas finas y diluidas para que la superficie conserve una luminosidad suave que recuerde el resplandor de la pantalla de cine. A menudo comienzo con un “boceto en verde” del retrato – una versión preliminar del color que luego glaseo -, un guiño a técnicas tradicionales que aporta profundidad y vida a los tonos de piel. A veces introduzco azules pálidos para sugerir el parpadeo de la luz de un televisor. Partiendo de un fotograma proyectado, trabajo despacio, dejando que la luz guíe un diálogo entre pintura, fotografía y cine.
3. Los espectadores a menudo sienten una conexión íntima con sus sujetos. ¿Busca humanizar al icono o iconizar al ser humano?
Creo que llevamos con nosotros una enorme cantidad de recuerdos y referencias personales cuando nos enfrentamos a una película o una pintura. Ambos operan en ese espacio entre la realidad y la representación, y me interesa la fricción – el momento en que no estamos del todo seguros de lo que sentimos real y lo que hemos elegido creer. Dicho esto, tiendo a pintar a mis “personas reales” como si fueran estrellas de cine, y a mis estrellas de cine como si estuvieran en la habitación con nosotros.

4. ¿Cómo selecciona los sujetos de sus obras? ¿Es una cuestión de estética o de narrativa personal?
Suelo trabajar en series, y esa estructura guía naturalmente mi elección de sujetos. El retrato siempre ha sido para mí un medio para explorar la conexión emocional y cultural, particularmente a través de personajes femeninos que transmiten complejidad y presencia. En mi proyecto actual, me centro en primeros planos de protagonistas de películas de diferentes culturas y décadas, reuniéndolos para explorar temas compartidos de identidad, memoria y transformación.
5. ¿De qué manera su formación o experiencia internacional influye en la manera de retratar la cultura popular contemporánea?
Moverme entre distintos contextos culturales me ha hecho consciente de cómo las imágenes acumulan significado con el tiempo y según las audiencias. Al reunir figuras de diferentes historias del cine, me interesa cómo los recuerdos cinematográficos compartidos pueden conectarnos, al mismo tiempo que reflejan perspectivas diversas. Es una forma de mirar la cultura popular desde la cercanía y la distancia a la vez.

6. En un mundo saturado de imágenes digitales, ¿qué valor aporta hoy en día el retrato al óleo?
La pintura al óleo ofrece un contrapunto a la rapidez de la cultura de la imagen. Traducir un solo instante cinematográfico en meses de trabajo crea un espacio donde el tiempo se ralentiza y la mirada se vuelve más atenta. La presencia material de la pintura conserva las huellas de esa duración, invitando al espectador a un encuentro más reflexivo.
7. ¿Qué aporta el ambiente bohemio de Ruzafa a su disciplina, a menudo solitaria y minuciosa?
Trabajo en Sporting Club Russafa, donde conviven exposiciones, actuaciones y un flujo constante de visitantes. Aprender a mantener la concentración en ese ambiente se ha convertido en parte de mi práctica, y valoro la energía que aporta el espacio. Desde que llegué a Ruzafa en 2011, he visto cómo se ha transformado la zona, y aprecio el sentido de comunidad: trabajar junto a otros artistas y sentirme conectado con la vida creativa más amplia de la ciudad.

Ver una obra de Josie McCoy es, en esencia, aprender a mirar de nuevo. En un mundo de scroll infinito, su pintura nos regala el lujo de la pausa. Si quieres descubrir cómo el cine cobra vida en el lienzo y recorrer el vibrante Sporting Club Russafa, tienes una oportunidad única.
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