Introducción: El esplendor y la sombra de un pueblo milenario
Planes de la Baronía, incrustado en el corazón interior de la provincia de Alicante, representa esa España donde la historia y la tradición convergen con el paisaje de valles y cerezos. En épocas no tan lejanas, el municipio vivió una etapa de notable vigor cultural impulsada por una gestión local que, más allá de discrepancias ideológicas o identitarias, se caracterizó por un afecto genuino hacia las raíces de la localidad. Aquel impulso se traducía en celebraciones colectivas con un arraigado sentido del arte y la comunidad: desde la exaltación festiva de las cosechas de cerezas hasta el conmovedor ritual del traslado y la plantada del chopo en la plaza mayor, tradición de clara impronta comunitaria y ancestral.
Sin embargo, el devenir de las sociedades contemporáneas parece haber erosionado la sensibilidad estética e institucional. En un tiempo en que los diagnósticos educativos e informes internacionales alertan de un progresivo deterioro en la formación humanística y el respeto cultural de las nuevas generaciones, lo sucedido en Planes deja de ser un incidente aislado para convertirse en una parábola trágica sobre la degradación de la civilidad.
La aparición de la «Dama de Planes»: Un regalo de belleza anónima
En la avenida dedicada a Elche dentro del municipio de Planes, emergió de forma insólita un pedestal coronado por una escultura singular. Inspirada lejanamente en la icónica Dama de Elche, la obra poseía sin embargo una identidad y personalísima idiosincrasia. Así como en la gran avenida de las Cortes Valencianas en la ciudad de Valéncia se erige la célebre «Dama Ibérica» ideada por el maestro Manolo Valdés, en Planes floreció, de manera espontánea, una pieza que con total justicia merecía ser bautizada como la «Dama de Planes».
Nadie logró descifrar el origen preciso del artífice que modeló y regaló dicha pieza a la comunidad. Se trataba de una escultura tridimensional de cerámica. Su relieve estaba dominado por deslumbrantes matices y reflejos azules y plateados que captaban la luz del paisaje alicantino. La figura, erguida y contemplativa, parecía otear el horizonte del pueblo mientras surgía el dilema tácito de toda obra dejada en el espacio público: ¿sería valorada y cuidada por sus vecinos?, ¿comprendería el pueblo la delicadeza del gesto artístico?
Las civilizaciones y las ciudades han construido históricamente su memoria simbólica a través de representaciones femeninas tutelares: Egipto tuvo a la efigie de Nefertiti, Madrid adoptó la inmortal silueta de la Menina y Elche encontró su referente en la escultura íbera. En este sentido, la Dama de Planes no era un mero objeto decorativo, sino que aspiraba a convertirse en la encarnación anímica, la sacerdotisa y la diosa tutelar de la propia población.
La agresión al arte: Incultura, salvajismo y ceguera contemporánea
Lamentablemente, el destino de la obra chocó frontalmente con la insensibilidad de los tiempos actuales. En lugar de generar asombro, veneración o amparo comunitario, la Dama fue objeto de la violencia ciega. Un balonazo impactó directamente contra la estructura de cerámica, mutilando y destruyendo la figura sin que ninguno de los jóvenes o niños presentes mostrase el menor atisbo de arrepentimiento o tristeza; por el contrario, la agresión fue recibida con risas e indiferencia.
Este hecho pone de manifiesto una profunda fractura pedagógica. Se ha omitido enseñar a las nuevas generaciones que la creación artística no es un juguete desechable, sino una «chispa congelada» que el ser humano elabora para dialogar con la Eternidad. La incapacidad para percibir lo placentero y lo sublime se traduce en una ceguera estética que conduce irremisiblemente al salvajismo urbano.
Lo preocupante del caso de Planes se acentúa con el silencio institucional. Ninguna autoridad ni organismo oficial indagó sobre la autoría de la escultura ni sobre las circunstancias de su posterior destrucción. Atrapada la sociedad en preocupaciones estrictamente pragmáticas y materiales, lo espiritual y lo profundo quedan relegados a la nada.
Paralelismos urbanos: La pérdida del patrimonio común
El trágico desenlace de la Dama de Planes guarda una triste simetría con otros episodios acaecidos en la geografía valenciana. En la propia ciudad de Valéncia, el «Apolo de Pinedo», notable obra realizada por el escultor Jaume Chornet, acabó desapareciendo de su rotonda para ser descuartizado y vendido como chatarra o metal al peso. Del mismo modo, la historia recuerda la lamentable destrucción sufrida en fragmentos del Tesoro de Villena por la mera ignorancia de quienes no supieron apreciar su valor histórico, o la pérdida irreparable de importantes murales artísticos en la céntrica calle Juristas de Valéncia.
Estos eventos demuestran que cuando la escasez de manifestaciones artísticas espontáneas en la vía pública no viene acompañada de una protección activa por parte de las instituciones y los ciudadanos, la barbarie termina por engullir los escasos regalos estéticos que florecen en nuestras calles.
Un llamamiento a la restitución cultural
Frente a este panorama, la resignación no debe ser la respuesta. Lejos del lamento inútil, la situación exige soluciones constructivas y una clara reivindicación de los valores culturales.
Planes de la Baronía es un municipio idóneo para dar un ejemplo de dignidad artística. Al tratarse de una comunidad reducida, el consistorio local tiene en sus manos la posibilidad de localizar al creador o creadores de la pieza original para restaurarla o bien encargar una nueva edición. Este acto no solo repondría la figura física de la escultura, sino que simbolizaría el inicio de un nuevo compromiso de la población con la protección de su patrimonio.
No debemos permitir que la incultura brille por encima del arte ni que la desidia convierta el espacio público en un páramo estéril. La Dama de Planes debe ser recuperada y admirada no solo como una anécdota local, sino como un pequeño tesoro de la cultura popular que pertenece, por derecho propio, a la sensibilidad de toda la Humanidad.
















