Valéncia — 4 de noviembre de 2026
La gestión de las infraestructuras públicas no admite excusas infinitas, pero en la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Valéncia la pasividad se ha convertido en la norma. Mientras el discurso institucional presume de promoción deportiva y hábitos saludables, la realidad a pie de calle en los barrios de Saidïa, San Antonio de Saidïa, Orriols y Benimaclet refleja un escenario bochornoso: instalaciones históricas cerradas a cal y canto, equipamientos comunitarios al borde de la ruina y un vecindario sistemáticamente marginado. El último y sangrante episodio de esta crisis lo encarna el Polideportivo La Hípica, un espacio que, tras dos años de inacción municipal, se degrada a pasos agigantados ante la mirada atónita y la indignación creciente de la ciudadanía.
Las alarmas, encendidas conjuntamente por las cuatro asociaciones vecinales de la zona, señalan directamente a la concejala de Deportes, Rocío Gil, a quien acusan frontalmente de «seguir sin hacer los deberes». El diagnóstico no puede ser más demoledor: dos años después de que expirase la concesión que otorgaba la gestión a la mercantil Fila Cero, el recinto de La Hípica permanece en un limbo legal y material que roza el desastre urbano. Lo que debió haber sido un proceso ágil de transición hacia un modelo adaptado a las necesidades reales del entorno se ha transformado en un catálogo de rejas echadas, hierbas altas y deterioro de las infraestructuras.
Una interlocución estéril con la administración
El conflicto no responde a un pronto ni a una protesta imprevista. Según ha denunciado Paco Guardeño, portavoz de las entidades vecinales implicadas, los colectivos de los cuatro barrios han mantenido hasta tres reuniones formales con los responsables de la Concejalía de Deportes y la Fundación Deportiva Municipal (FDM). En todos esos encuentros, el mensaje del tejido asociativo fue nítido e inequívoco: exigir una gestión cien por cien pública y directa de La Hípica, así como una profunda reconfiguración de la oferta deportiva.
El motivo de esta exigencia hinca sus raíces en la memoria reciente de los residentes. Las tres décadas de privatización bajo la firma Fila Cero dejaron un saldo repleto de deficiencias, precios poco accesibles y una evidente desconexión de las dinámicas comunitarias. El vecindario no quiere repetir los errores del pasado ni perpetuar modelos mercantilistas que prima el beneficio económico sobre el derecho social al deporte. Sin embargo, el consistorio ha respondido a este consenso social con la callada por respuesta, dilatando los plazos de forma irresponsable y permitiendo que la instalación caiga en un estado casi ruinoso.
La brecha deportiva que asfixia a los barrios
Esta parálisis en La Hípica no es un hecho aislado, sino la gota que colma el vaso de un déficit estructural preocupante en el distrito norte. La desconexión entre la política de la concejalía y el día a día de las familias es palmaria. Mientras los equipos locales, los jóvenes y el vecindario en general peregrinan en busca de pistas, canchas o espacios mínimos donde ejercitarse, las alternativas públicas se desmoronan o se privatizan de facto.
A la deplorable situación de La Hípica se suma la sangría de la piscina municipal de Orriols, que acumula más de dos años clausurada bajo el pretexto de unas obras que parecen no tener fin. Por si fuera poco, el Polideportivo de Benimaclet ofrece un panorama desolador para el usuario común: más del 60% de su superficie útil está reservada en exclusiva para federaciones y deportistas de élite (judo, esgrima o salas de recuperación de alto rendimiento). Se da así la paradoja de que los centros pagados con los impuestos de toda la ciudadanía operan como reductos cerrados, negando el acceso al residente de a pie y condenando al deporte base a la marginación.
A todo ello se añade la frustración de Benimaclet, cuya asociación vecinal ya denunció semanas atrás el incumplimiento del compromiso municipal para ampliar su polideportivo utilizando el solar abandonado del antiguo Parque Móvil del Ayuntamiento de Valéncia. Promesas rotas y proyectos paralizados que dibujan un mapa de abandono institucional.
Urge una rectificación inmediata
La política deportiva de una ciudad no puede medirse únicamente por la foto institucional o el gran evento de turno; se mide en el mantenimiento de las piscinas de barrio, en la apertura de los polideportivos a los niños y mayores, y en el respeto a los compromisos adquiridos con la ciudadanía. La inacción de Rocío Gil al frente de la concejalía no solo demuestra una flagrante falta de capacidad de gestión, sino también una preocupante insensibilidad hacia la calidad de vida en los barrios.
Es hora de que la Concejalía de Deportes y el Ayuntamiento de Valéncia asuman sus responsabilidades, abandonen las largas y abran de inmediato un canal de actuación eficaz. La Hípica debe rescatarse sin más dilaciones para la gestión pública, recuperando su función como motor de cohesión social, salud y convivencia comunitaria. Los barrios de Saidïa, San Antonio, Orriols y Benimaclet no piden favores; exigen, con toda la razón de su parte, las infraestructuras públicas dignas que merecen.














