La plaza de santa Mónica, frente a la iglesia del mismo nombre, y la residencia de ancianos de las Hermanitas de los Desamparados, lleva un buen tiempo siendo escenario de caídos y caídas, especialmente gente mayor con dificultades para andar o ver, sin que se inmute la alcaldesa de Valencia, María José Catalá –Pepica, la torrentina- que anda de vacaciones tan tranquila como Pedro Sánchez lo está en Canarias teniendo encima lo de Ceuta.
La causa de las caídas de la plaza de santa Mónica en una chapuza de los paletas municipales que han taponado una trapa parece que delos semáforos o del alumbrado público con dos tablones a manera de tapa, que no han encajado ni cuadrado ni a martizallos, marchándose del lugar tan relajados.
Quienes transitan por la plaza, de repente se enganchan con los resaltes de la cutrísima tapa rodando por los suelos, resultando como consecuencia de ello brazos rotos, piernas rotas, caderas dislocadas, esguinces y sustos de diversa índole.
La alcaldesa ni nadie del Ayuntamiento, de las empresas públicas propietarios del hoyo, trapa, se han molestado en eliminar lo que es una verdadera trampa, cambiando el forzado y destemplado cubrimiento por una tapa ad hoc, que, en su día y origen, sí parece la tuvo.
La Catalá ha llenado de vallas la calle Colón y Marqués del Turia, que son barrios que votan PP, y parece que se la repanpinfla los barrios de la periferia, que no suelen votar a su partido. No obstante, podría hacer una excepción –nulla regula, sine exceptiones- y pensar en los abuelitos y abuelitas que se enganchan y caen al suelo en la plaza de santa Mónica, gracias a la tapadera dela trapa mal metida o mal empotrada allí existente.







