El Mercado Central de Valencia, una joyas de la arquitectura modernista y motor del comercio tradicional de la ciudad, se ha convertido en el escenario de un auténtico feudo al margen de la ley. Bajo la mirada complaciente del Consistorio municipal y del concejal del área, Santiago Ballester, la gestión del recinto ha derivado en un ejercicio de despotismo, abuso de poder e impunidad institucional donde la normativa vigente cede su lugar al antojo de sus dirigentes.
El feudo de las normas inventadas: Cuando la gerencia se cree la ley
Lo que debería ser un espacio público gestionado con transparencia funciona bajo la lógica de los autodenominados «sheriffs» del recinto. En sedes judiciales se ha llegado a escuchar sin rubor que la directiva es la ley dentro del mercado. Esta arbitrariedad se traduce en abusos sistemáticos:
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Restricciones de acceso ilegales: Se imponen vetos como la prohibición de entrada a grupos de más de diez personas, escudándose en protocolos carentes de rango legal firmados con asociaciones poco representativas.
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Vulneración del patrimonio: Se cuelgan pancartas publicitarias en un edificio protegido como Bien de Interés Cultural previa recaudación económica, contraviniendo la legislación de patrimonio histórico.
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Seguridad privada como «guardia de corps»: La gerencia utiliza a los vigilantes pagados por los propios concesionarios para hostigar y expulsar a periodistas, exigiendo autorizaciones inexistentes y recopilando datos personales de forma irregular en una vía de dominio público.
Faltas de respeto, negligencia y el aplauso de la Alcaldía
Mientras la alcaldesa María José Catalá ensalza públicamente el «saber estar» y la gestión de la gerente del recinto, Merche Oliete, las verdaderas escenas que se viven en los pasillos retratan una realidad bien distinta. Tras momentos de pánico y ante las legítimas dudas planteadas por los propios vendedores, la respuesta de la gerencia a una concesionaria fue un exabrupto a bocajarro: mandarla «a tomar por culo». Un proceder impropio de cualquier responsable al frente de una concesión de titularidad pública.
Esta falta de educación camufla una gestión con graves repercusiones en la salud de los trabajadores y clientes:
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Ahorro a costa de la salud: Se vanaglorian de «ahorrar miles de euros» manteniendo apagados los sistemas de climatización en plenas olas de calor. Esta negligencia deliberada provocó que clientes y trabajadores sufrieran desmayos y lipotimias, teniendo que ser atendidos por los servicios de emergencias.
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Uso aberrante de las instalaciones: Se cocinan paellas en el interior del recinto municipal sin someterse a las ordenanzas ni a la normativa higiénico-sanitaria y de seguridad.
La prensa en la diana: Vetos, expulsiones y apagón informativo
El acoso a los medios de comunicación independientes como Noticias Ciudadanas no es un hecho aislado, sino un síntoma claro de deriva autoritaria. Tras tildar a la prensa de «entrometida y chismosa» e insultar abiertamente a los profesionales llamándoles «gilipollas», representantes de la entidad llegaron a expulsar a periodistas de la calle pública con la desconcertante connivencia de efectivos del cuerpo de bomberos y de la policía local.
Este patrón de desprecio a la veracidad arranca en la propia cúpula de prensa del Ayuntamiento de Valencia. Se repite la misma doctrina del silencio y el negacionismo que ya se evidenció cuando, desde el equipo de comunicación municipal, se negó la inundación de La Torre durante la DANA a través de mensajes directos a redactores poco antes de que se confirmaran las trágicas pérdidas humanas, o cuando se expulsa de los canales informativos oficiales a quienes cuestionan las alertas meteorológicas.
Cuando las instituciones apañan los desmanes de los «sheriffs» y premian a los que faltan al respeto a los vecinos y comerciantes, la gestión pública queda despojada de su cometido fundamental. El Mercado Central es patrimonio de todos los valencianos, no la hacienda privada de cuatro gestores con la complicidad del Consistorio.
Y ante esto Catalá los elogia… Juzguen ustedes la complicidad de la alcaldesa…
















