Caballitos en plena autovía, quads lanzando bengalas, motos de cross sin matrícula y decenas de jóvenes desafiando a la Policía mientras graban sus maniobras para publicarlas en redes sociales. Lo que hace apenas unos meses parecía una moda minoritaria se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de las fuerzas de seguridad en Valencia.
La conocida como «La 46», nombre que hace referencia al prefijo postal valenciano, está en el punto de mira de la Guardia Civil y de la Policía Local por una sucesión de episodios de conducción temeraria que han puesto en riesgo a conductores, peatones y a los propios integrantes del grupo.
Una banda nacida en las redes sociales
Las investigaciones apuntan a que gran parte de los participantes residen en municipios del área metropolitana de Valencia. Utilizan grupos de mensajería y redes sociales para organizar encuentros multitudinarios que posteriormente convierten en auténticos espectáculos ilegales sobre el asfalto.
El objetivo no es únicamente circular juntos. Buscan llamar la atención. Cada caballito, derrape o persecución se graba desde varios ángulos para después difundirse en Instagram, Telegram y otras plataformas donde acumulan miles de visualizaciones.
Motos de cross, sin matrícula y a toda velocidad
Uno de los elementos que más dificulta el trabajo policial es que muchas de las motocicletas utilizadas carecen de matrícula o la llevan doblada y oculta para evitar su identificación.
La mayoría son motos de cross modificadas, aunque también participan quads, bicicletas eléctricas trucadas y ciclomotores preparados para alcanzar velocidades muy superiores a las permitidas. Según las investigaciones, algunos vehículos han llegado a superar ampliamente los límites legales en vías urbanas.
Las imágenes difundidas muestran maniobras extremadamente peligrosas: conducción sobre una sola rueda, adelantamientos entre coches, circulación por aceras, derrapes en glorietas y desafíos directos a los agentes cuando intentan interceptarlos.




Menores al volante
La presencia de menores es otro de los aspectos que más preocupa a las autoridades.
En uno de los operativos desarrollados recientemente, los agentes identificaron a un niño de apenas 12 años conduciendo una motocicleta dentro de uno de los grupos investigados. También fueron detenidos varios adolescentes relacionados con estas concentraciones ilegales.
Los investigadores consideran que existe un importante efecto llamada. Cada vídeo viral atrae a nuevos participantes, muchos de ellos jóvenes sin experiencia ni permiso de conducción.
La peligrosa persecución de la A-7
El episodio más grave ocurrió recientemente en la A-7, a la altura de Torrent.
Decenas de llamadas al 112 alertaron de un convoy de unas 25 motocicletas realizando caballitos y reteniendo la circulación. La Guardia Civil desplegó un amplio dispositivo para interceptarlos. Durante la operación, uno de los motoristas atropelló levemente a un agente y dañó un vehículo oficial.
La persecución terminó en la zona de Llíria, donde fueron detenidos varios implicados y se intervinieron motocicletas, teléfonos móviles y una furgoneta utilizada presuntamente para transportar los vehículos. La investigación continúa abierta y no se descartan nuevas detenciones.
Más que una pandilla de aficionados
Los investigadores creen que detrás de estas quedadas existe una organización cada vez más estructurada.
Las motos suelen trasladarse en remolques o furgonetas hasta puntos de encuentro previamente acordados. Los participantes llegan incluso desde otras provincias para sumarse a las concentraciones. Además, algunos grupos vinculados al movimiento utilizan nombres propios, símbolos identificativos e incluso prendas de ropa asociadas a la cultura urbana que rodea a «La 46».
El temor de las fuerzas de seguridad
Fuentes policiales reconocen que uno de los mayores problemas es cómo actuar sin provocar una tragedia mayor. Una persecución a gran velocidad puede acabar desencadenando un accidente con consecuencias imprevisibles.
Por eso, la estrategia actual combina vigilancia, identificación posterior mediante vídeos y redes sociales, y operaciones coordinadas entre Guardia Civil y policías locales.
Mientras tanto, la preocupación sigue creciendo. Porque detrás de cada vídeo viral hay una realidad mucho menos espectacular: carreteras convertidas en pistas de exhibición y decenas de jóvenes jugando con un riesgo que puede acabar costando vidas.
















