El referente plástico de la «Nueva Escultura Española» fallece en su residencia de Mislata, dejando un legado artístico que transformó el paisaje urbano valenciano y conquistó los grandes museos internacionales.
VALÉNCIA. — El mundo de las artes plásticas está de luto. El pintor, grabador y escultor valenciano Miquel Navarro ha fallecido este domingo a los 81 años de edad en su residencia de Mislata. Su fallecimiento extingue una de las voces más singulares e influyentes de la denominada «Nueva Escultura Española», movimiento que abanderó desde la década de 1970. Figura imprescindible para comprender el diálogo entre el objeto formal, la masa arquitectónica y el espacio público, Navarro convirtió sus raíces en un lenguaje plástico universal sin desvincularse nunca del entorno cotidiano de su ciudad natal.
Galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1986 y con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, el creador supo transformar la rotundidad industrial de metales como el hierro, el cinc, el aluminio o el barro en una poesía visual inconfundible.
El vigía de la ciudad: de «La Pantera Rosa» a «El Parotet»
Si algo caracterizó la trayectoria artística de Miquel Navarro fue su capacidad para proyectar el volumen hacia el cielo y reconfigurar la identidad de los paisajes urbanos por donde pasaban sus piezas. En Valéncia, su huella es permanente y forma parte indivisible del paisajismo del día a día de sus habitantes.
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La Font Pública («La Pantera Rosa»): Erigida en 1984 junto al cruce de las avenidas de Ausiàs March y Filipinas para conmemorar la llegada de las aguas del río Júcar a la capital turiana, esta estructura vertical de hierro pintado en un tono rojizo apagado fue bautizada popularmente de forma inmediata como La Pantera Rosa. Con casi 30 metros de altura, la obra supuso una ruptura formal que integró la estética industrial en el entramado urbano y se transformó en un tótem identificativo para la ciudad.
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El Parotet: Inaugurado a principios de los años 2000 en la plaza de Europa, cerca de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, este imponente monumento azul turquesa de más de 46 metros representa a un libélula (denominada parotet en el habla local valenciana). La silueta estilizada y majestuosa de la pieza constituye uno de los mayores hitos verticales de la escultura contemporánea española en espacios abiertos.
Junto a estas creaciones monumentales en Valéncia, Navarro desplegó tótems, agujas y tótems protectores en múltiples geografías, con intervenciones icónicas en Madrid (la Franja de la Metrópolis o la escultura del Palacio de Congresos), Barcelona, Bilbao, Las Palmas o el espacio público internacional en ciudades de Europa y América.
Las «Ciudades» y el diálogo de la escala
Aunque sus grandes torres de hierro conquistaron las plazas públicas, el germen conceptual del arte de Miquel Navarro habitaba en sus míticas «Ciudades». A partir de 1973, con su célebre La Ciutat, el escultor comenzó a articular complejas instalaciones compuestas por cientos de pequeñas piezas geométricas (cubos, torres, chimeneas, cauces, conos) dispuestas directamente sobre el suelo.
En estas mañanas de arquitectura imaginaria, el espectador adoptaba la perspectiva de un observador omnisciente ante un microcosmos urbano. Con un maridaje perfecto entre la memoria campesina de la huerta de Mislata y la fascinación por las metrópolis modernas e industriales, Navarro exploró las relaciones de poder, el cuerpo humano como edificio y la construcción espacial del hábitat contemporáneo.
«No estoy en contra de la construcción. Estoy a favor de una construcción imaginativa. Me encantan los rascacielos bien definidos y cómo conviven con el entorno», señalaba el artista al reflexionar sobre la poética de su obra.
Un legado universal custodiado en su tierra natal
La relevancia internacional de Miquel Navarro llevó sus piezas a figurar en las colecciones permanentes de los museos más prestigiados del mundo, entre ellos:
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El Centre Pompidou de París
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El Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York
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El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid
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El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), institución que alberga una de sus más importantes colecciones, con más de 600 obras donadas por el propio autor.
A pesar de su proyección mundial, Navarro mantuvo siempre un arraigo inquebrantable con Mislata. En sus últimos años de vida, uno de sus proyectos más personales e ilusionantes fue la articulación y consolidación de su Casa-Taller en Mislata, concebida como un centro vivo de creación y archivo para preservar la coherencia integral de su fondo artístico y evitar la dispersión de sus series históricas.
Condolencias y despedida
Tras conocerse la noticia, el Ayuntamiento de Mislata y diversas instituciones del sector cultural han expresado su profundo pesar por la pérdida de quien fuera considerado uno de sus conciudadanos más ilustres. Las administraciones públicas han avanzado que en las próximas jornadas se organizarán diversos actos institucionales y homenajes para facilitar la despedida de la ciudadanía al insigne creador.
Con la partida de Miquel Navarro se apaga la llama de un artista único, pero sus tótems de hierro y acero continuarán velando por el perfil de las ciudades que contribuyó a imaginar y transformar.














