El relato de lo ocurrido en la residencia de mayores de Paiporta durante la DANA del 29 de octubre de 2024 ha vuelto a sacudir la comisión de investigación en el Congreso. Inés Talaya, entonces psicóloga del centro, ha sido clara: no recibieron ningún aviso previo sobre la riada que acabaría con la vida de varios residentes.
Su intervención ha puesto voz a una de las escenas más duras de aquella jornada: la lucha contrarreloj de un equipo que tuvo que improvisar sin información y sin apoyo inmediato.
Una noche sin aviso y con decisiones a contrarreloj
Talaya ha explicado que la jornada había transcurrido con total normalidad, sin señales evidentes de lo que estaba por venir. Las visitas continuaron hasta última hora de la tarde y no hubo alertas que hicieran prever el desastre.
Fue en cuestión de minutos cuando todo cambió. El agua irrumpió con una fuerza inesperada y el personal tuvo que reaccionar sin instrucciones externas, tomando decisiones críticas para intentar salvar a los residentes.
“Un tsunami”: el momento en que todo se desbordó
El testimonio describe un giro brusco de la situación. Al salir del centro tras finalizar su turno, Talaya se encontró con una escena que en pocos minutos pasó de la calma a la emergencia total.
El agua comenzó a inundarlo todo con rapidez, obligándola incluso a salir de su propio vehículo por la ventana. Poco después, el centro quedaba completamente anegado.
Ante esa situación, los trabajadores optaron por subir a los residentes a las plantas superiores, intentando protegerlos de una riada que ella misma ha descrito como “un tsunami”.
Una evacuación improvisada y desesperada
En el interior de la residencia, cerca de 120 personas dependían de un equipo reducido de trabajadores. Unos quince profesionales asumieron la responsabilidad de organizar la evacuación sin recursos suficientes y sin directrices externas.
Talaya ha destacado la actuación del personal, al que ha calificado de ejemplar por su compromiso y valentía en una situación límite. Todo se hizo, según su relato, con el único objetivo de proteger a los mayores.
La ayuda llegó de madrugada
No fue hasta la madrugada cuando empezaron a recibir apoyo externo. Según ha explicado, los primeros efectivos de la UME llegaron caminando al centro sobre las tres y media de la mañana.
Antes de eso, la única comunicación institucional que recuerda fue una llamada telefónica de la entonces consellera de Servicios Sociales, Susana Camarero, interesándose por la situación.
Un testimonio marcado por el impacto emocional
Talaya ha reconocido que la intensidad de lo vivido ha dejado huella hasta el punto de bloquear parte de sus recuerdos. Aun así, su relato ha servido para reconstruir cómo se vivieron aquellos momentos desde dentro de uno de los puntos más afectados.
Una pieza clave en la investigación
Su declaración se suma a otras comparecencias que están analizando la gestión de la emergencia, especialmente en lo relativo a la comunicación y a los sistemas de alerta.
El testimonio refuerza una de las preguntas que sigue sobre la mesa: qué información se tenía, quién debía transmitirla y por qué no llegó a tiempo a quienes más la necesitaban.
La respuesta a esa pregunta será clave para entender lo ocurrido y para depurar posibles responsabilidades.
















