La Solemne Procesión en honor al Santíssim Crist de la Fe y San Vicente Ferrer recorre las calles del municipio arropada por miles de vecinos, poniendo el punto final a más de diez días de intensa tradición, devoción y orgullo de pueblo.
PATERNA. — Paterna ha puesto el punto final a sus Fiestas Mayores con el acto más esperado, multitudinario y con mayor carga sentimental de su calendario anual: la Solemne Procesión en honor al Santíssim Crist de la Fe y San Vicente Ferrer. Tras una semana y media donde el fuego, la pólvora, el colorido de las comparsas de Moros y Cristianos y el estruendo de la mítica Cordà han sido los indiscutibles protagonistas, la venerada imagen del «Morenet» volvió a cruzar el umbral del templo parroquial para reencontrarse con su pueblo en una jornada donde las emociones se vivieron a flor de piel.
El itinerario procesional transformó el casco antiguo en un continuo hervidero de fervor y solemnidad. Desde primeras horas de la tarde, las calles del recorrido se vieron flanqueadas por miles de vecinos y visitantes. Familias enteras, representantes de las distintas comisiones festivas, miembros de las comparsas de Moros y Cristianos, y devotos luciendo la indumentaria tradicional o vistiendo de gala, formaron dos largas e hileradas filas portando velas y cirios para iluminar el camino del Cristo y de San Vicente Ferrer.
Uno de los momentos de mayor intensidad lírica se vivió a la salida de las imágenes de la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol. El respetuoso silencio que envolvía la plaza fue roto por una cerrada salva de aplausos, el sonido de las campanas al vuelo y los emotivos vítores dirigidos al «Morenet». A lo largo del trayecto, los vítores se repitieron en cada esquina, acompañados por la tradicional lluvia de pétalos de rosa que caía desde los balcones engalanados para la ocasión.
Más allá de su vertiente puramente litúrgica, la procesión supone el verdadero corazón identitario de la localidad. Para el pueblo de Paterna, ver avanzar a su patrón a hombros por sus rincones más emblemáticos representa una cita con la memoria compartida, un homenaje a los antepasados y una reafirmación del orgullo de pertenencia. La música también jugó un papel crucial: las marchas procesionales interpretadas por las bandas locales aportaron el contrapunto idóneo para acompasar el paso pausado de los portadores.
La comitiva contó con la representación de las principales autoridades locales, encabezadas por la corporación municipal, así como de los máximos responsables de la Cofradía del Santíssim Crist de la Fe y de la Junta Local de Fiestas. Todos coincidieron en destacar el comportamiento ejemplar de la ciudadanía durante el desarrollo de todos los actos y la enorme participación registrada en esta edición.
El broche definitivo a la velada llegó con la recogida de las imágenes de nuevo en el templo, momento en que el fervor se desbordó dentro y fuera de la iglesia. Como no podía ser de otra manera en una tierra donde la pólvora es seña de identidad, un imponente castillo de fuegos artificiales cerró la noche, iluminando el cielo e indicando que las fiestas de este año ya son historia. Con el eco de los últimos truenos y la emoción aún latente en la retina de los asistentes, Paterna inicia desde hoy la cuenta atrás para volver a sacar a la calle su mayor tesoro patrimonial y festivo.
Paterna vive su día grande entre la emoción de la Cordà y la devoción al Santíssim Crist de la Fe
















