Prisas y curiosos: así late el Mercado Central en vísperas de Nochebuena
La lonja más emblemática de Valencia vive una mañana clave de la campaña navideña entre tradición, compras y turismo
El Mercado Central se convierte en el epicentro de la Navidad valenciana en una mañana donde se mezclan vecinos de toda la vida, turistas despistados y el ritual ineludible de preparar la cena de Nochebuena.
Una mañana que resume la Navidad valenciana











Son poco antes del mediodía y el Mercado Central de Valencia ya hierve. No es fácil avanzar entre los pasillos: carros cargados, colas ante las carnicerías y pescaderías, y visitantes que se detienen a observarlo todo como si el mercado fuera un museo vivo.
Mientras unos buscan el besugo o el cordero para la noche más familiar del año, otros preguntan cómo conservar una calabaza hasta mitad de semana o felicitan las fiestas a la tendera de confianza. Escenas cotidianas que, juntas, componen un retrato muy reconocible de estas fechas.
Mariscos, turrones y compras adelantadas
Muchos valencianos han optado por no dejarlo todo para el último momento. Este sábado se venden turrones, frutos secos y productos que no pueden faltar en la mesa de Nochebuena. Las tellinas, a precios propios de estas fechas, siguen siendo uno de los productos más demandados.
Los vendedores confirman que habrá género durante toda la semana, aunque advierten de lo evidente: los precios no bajarán. Aun así, el mercado ampliará horarios para absorber la avalancha de compradores que se espera en los próximos días.
Turistas entre la multitud
Entre las prisas locales, los turistas avanzan con otro ritmo. Se les reconoce por la mirada curiosa y la falta de urgencia. Preguntan, señalan, fotografían y, a veces, intentan hacerse entender para pedir dátiles, chocolate o jamón.
Los vendedores se adaptan como pueden, combinando gestos, palabras sueltas y sonrisas. Algunos incluso han convertido el idioma en reclamo, anunciando bocadillos como si fueran una atracción más del mercado.
Un paseo por la tradición
Más allá de las compras, el Mercado Central es un lugar al que se viene a inspirarse. A descubrir un producto inesperado, a cambiar de idea sobre el menú o a añadir un capricho de última hora. Una conserva bien presentada, un pulpo con buena pinta o unas anchoas que piden a gritos un montadito.
Para muchos, acudir estos días al mercado es un ritual que se repite cada año. Familias, cuadrillas de amigos, parejas jóvenes y personas mayores comparten espacio en una mañana que tiene algo de celebración colectiva.
El mercado como memoria viva de la ciudad
Hay niños que visitan el Mercado Central por primera vez en su carrito y ancianos que lo recorren quizá con la conciencia de que no siempre será así. El tiempo pasa, la ciudad cambia, pero el mercado permanece como testigo silencioso de todas esas historias.
En vísperas de Nochebuena, el Mercado Central no es solo un lugar para comprar: es el reflejo de una Valencia que se reúne, se reconoce y celebra, una vez más, su manera de vivir la Navidad.















