VALENCIA – 17 de junio de 2026. Cuando el fango todavía condicionaba el día a día de localidades como Paiporta, Catarroja o Aldaya tras la devastadora catástrofe del 29 de octubre de 2024, la Fundación Novaterra activó un plan de respuesta urgente junto a consistorios, empresas y entidades sociales. Dieciocho meses después de aquel despliegue inicial, que abarcó de enero de 2025 a junio de 2026, el denominado Proyecto ANDA presenta un balance de inserción laboral y social con el que cierra su primera fase de financiación, abriendo paso a un modelo de apoyo de base local.
De la emergencia a la estabilidad laboral
El impacto socioeconómico de la DANA en el tejido productivo valenciano se tradujo en 2.906 expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) por fuerza mayor —afectando a más de 30.700 trabajadores— y 57 expedientes de regulación de empleo (ERE) que supusieron 317 despidos definitivos, según datos de la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV).
Frente a esta coyuntura, la intervención del programa se estructuró a través de itinerarios personalizados y acciones colectivas en seis de los municipios más golpeados: Aldaia, Algemesí, Catarroja, Cheste, Paiporta y la pedanía valenciana de La Torre. En total, la iniciativa ha dejado las siguientes cifras de ejecución:
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3.530 personas beneficiadas de manera directa a través de diferentes acciones y eventos como Dona Dana, los Nova_Talks o talleres grupales.
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364 personas acompañadas en procesos individuales de inserción laboral o autoempleo.
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66 contrataciones laborales efectivas en las zonas damnificadas.
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10 cursos de formación especializada adaptados a demandas del mercado (tales como Peón Multitarea, Instalación de Gas, Coctelería y Competencias Digitales) en estrecha colaboración con 84 empresas.
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30 emprendedores apoyados y 3 negocios locales completamente reconstruidos.
“Uno de los impactos más relevantes del Proyecto ANDA fue la capacidad de articular una red sólida de recursos públicos y sociales», recoge la Memoria de la Fundación Novaterra. La colaboración con la Federación Valenciana de Municipios y Provincias (FVMP) y los ayuntamientos permitió canalizar una red de 102 recursos coordinados en ámbitos psicológico, jurídico, de vivienda y de servicios sociales locales, los cuales se encontraban desbordados por la emergencia.
Alianzas y sostenibilidad del tejido local
Con el fin de la financiación inicial, el Proyecto ANDA evoluciona hacia un esquema basado en alianzas locales y el protagonismo de las propias comunidades del territorio. «No cerramos un proyecto; abrimos una nueva etapa junto a las personas y los municipios que siguen caminando con nosotros», matiza Mavi Leida, directora-gerente de la Fundación Novaterra, incidiendo en que el soporte continuará para aquellos que siguen reconstruyendo sus proyectos vitales.
Esta red de cooperación ha contado desde sus inicios con el respaldo de entidades del tercer sector y del ámbito corporativo, entre las que figuran Caixa Popular, Fundación ”la Caixa”, Unión Alcoyana Seguros, Eurofins, CONFER, Fundación Naturgy, Cáritas Diocesana de Valencia y la Sociedad Valenciana de Cardiología.
Iniciativa solidaria para dar continuidad al apoyo
Para conmemorar este hito y recaudar fondos para la nueva etapa, la fundación ha lanzado un sorteo solidario centrado en una pieza de confección exclusiva. Se trata de una chaqueta intervenida artísticamente por la diseñadora alcoyana Begoña Galea (fundadora de Vekunya Arte & Moda Second Hand), que incorpora iconografía alusiva a la catástrofe y la respuesta civil, como la Real Senyera, manos que emergen del agua y el lema popular “El pueblo salva al pueblo”.
La participación en el sorteo está abierta de forma gratuita —con opción a donaciones voluntarias— hasta el próximo 30 de junio de 2026 a través de la plataforma web oficial de la organización (www.novaterra.org.es/chaqueta).
Como concluye Gloria Rivera, orientadora y responsable de la iniciativa, el foco sigue fijo en el medio plazo: “ANDA sigue avanzando porque las personas siguen avanzando”. La experiencia acumulada por la entidad en sus más de 35 años de trayectoria constata que la revitalización de un entorno tras una catástrofe no concluye al retirar el lodo de la vía pública, sino cuando su población recupera la autonomía económica y laboral.



















