Tres semanas después del pavoroso incendio que sacudió el Mercado Central de Valéncia, el muro de opacidad levantado por los gestores y el consistorio comienza a resquebrajarse bajo el peso de evidencias insostenibles. Lejos de tratarse de un accidente fortuito, las incógnitas acumuladas apuntan directamente a una nefasta gestión y a un posible intento deliberado de ocultar responsabilidades institucionales y corporativas.
Mentiras a la cúpula policial, a la Alcaldesa y a los bomberos
El primer gran escándalo radica en la intoxicación oficial. Frente a la versión difundida por la gerencia y la propia alcaldesa —que minimizaron los hechos asegurando que el único afectado fue un guardia de seguridad leve—, la realidad es tozuda: la única persona intoxicada por los humos fue un trabajador de mantenimiento de la Asociación de Vendedores, quien tuvo que ser hospitalizado. Esta alteración interesada de los hechos fue colada directamente a la Policía, al jefe de bomberos, a la Alcaldía y a los medios para restarle gravedad al suceso.
Asimismo, la coartada técnica hace aguas. La gerente afirmó en su momento que cada parada es propietaria y responsable de su contador. Sin embargo, esto es totalmente falso: los contadores son digitales y de titularidad exclusiva de la compañía eléctrica.
Los hechos de la mañana del incendio y la realidad del Mercado Central
Las paradas que amanecieron el día 24 de septiembre sin electricidad fueron cerca de 40 y recuperaron el suministro al filo de las 11:30 y el humo y olor a quemado eléctrico se percibir en la zona comercial unos 15 minutos mas tarde.
¿Tendrá que ver que se sustituyera el fusible que impedía tener electricidad en los puestos por uno mas fuerte como se indicó y al poco tiempo se originó el incendio?
Quizás tendrá algo que ver que la instalación esta muy obsoleta con mas de 20 años como se manifestó días antes cuando se produjo otro corte de electricidad el dia 14 de septiembre (una semana antes).
¿Tendrá que ver la falta de mantenimiento general del mercado central como se puede ver en otros aspectos como la limpieza de vidrieras y perímetro del mercado central ?
Acceso restringido y sistemas de seguridad inservibles
El foco del fuego se situó en el cuarto de contadores, un recinto blindado bajo llave al que nadie puede acceder libremente excepto gerencia y mantenimiento. Cualquier electricista externo que deba intervenir en una parada está obligado a solicitar autorización previa con al menos un día de antelación y permanecer estrictamente supervisado. Ante esto, cabe lanzar una pregunta incómoda que la gerencia elude responder:
¿Dónde está el registro de entrada a dicha sala?, ¿quién estaba en esa sala en el momento que se produjo el incendio o inmediatamente antes y qué hizo?.
La negligencia sistémica quedó aún más patente cuando, tras el incendio, se ha procedido tres semanas después a la sustitución de los detectores de humo del parte del sótano porque quedó demostrado que no funcionaron el día del siniestro, dejando desprotegidos a miles de compradores y trabajadores.
¿Encubrimiento de seguros y desamparo a los afectados?
Tres semanas después, los perjudicados siguen sin recibir explicaciones de un concejal desaparecido. Para colmo de despropósitos, los afectados denuncian que desde la gerencia se les insta a acudir a sus propios seguros privados pero exhortándoles a que no soliciten la póliza del Mercado Central.
Ante este panorama, las preguntas se amontonan sin respuesta:
¿Existe realmente una póliza de seguros de la Asociación de Vendedores para cubrir siniestros de esta magnitud?. ¿Quién va a indemnizar a los comerciantes por las pérdidas económicas de los días con las persianas bajadas?.
El silencio de los gestores sólo alimenta la sospecha de una negligencia grave que alguien intenta tapar a toda costa. El concejal de comercio, mercados, fallas, pirotecnia y batalla de flores ha de salir a dar una explicación o ser cesado de inmediato si la alcaldesa no quiere ser cómplice de unos hechos presuntamente delictivos, de momento ya sabemos que el afectado por humo no es un seguridad, es un trabajador de mantenimiento, el mismo encargado de estos problemas eléctricos.
La gestión de esta joya gastronómica y arquitectónica
La gestión está en manos de una entidad privada bastante opaca que acabó su concesión el 31 de diciembre de 2017, desde entonces está en precario y ningún concejal ha hecho nada por revertir la situación.
Las peticiones de remunicipalización han llegado desde muchos ámbitos, todas han sido ignoradas por el concejal Santiago Ballester.
Es urgente que el Ayuntamiento tome la gestión directa del mercado central y no deje en manos de una Asociación de vendedores que ha demostrado una vez más su incapacidad para mantener el mercado en condiciones dignas y seguras.
















