El concejal Santiago Ballester no alcanza la mayoría cualificada de dos tercios necesaria para modificar el programa festivo tras intentar imponer un tercer día de desfile. Las comisiones del centro histórico lideran la oposición.
VALÉNCIA. — No hay uno sin dos. El mundo fallero ha propinado un segundo varapalo consecutivo a la gestión de la alcaldesa María José Catalá y de su concejal de Fiestas, Santiago Ballester. Aunque el equipo de gobierno municipal logró ganar la votación en la Asamblea de Presidentes por un 60% frente a un 40% de votos en contra, el resultado resultó insuficiente: el Reglamento de la Junta Central Fallera (JCF) establece con claridad que cualquier modificación de calado en el programa oficial requiere el aval de las dos terceras partes (66,6%) del pleno.
El detonante de este nuevo choque institucional ha sido la propuesta, impulsada de urgencia por la delegación de Fiestas, para implantar un tercer día de Ofrenda. La medida pretendía atajar los graves problemas organizativos del año pasado, cuando la Fallera Mayor Infantil desfiló con casi tres horas de retraso y el acto concluyó pasadas las tres de la madrugada. Sin embargo, la iniciativa se presentó sin margen de debate para las comisiones y provocó un rechazo frontal e inmediato entre las fallas del centro histórico, las principales damnificadas.
Antecedentes: el precedente del calendario escolar
Este tropiezo es el segundo en poco más de un año. En enero del pasado ejercicio, los presidentes ya rechazaron el programa de festejos después de que el Ayuntamiento fijara el 16 de marzo como día lectivo escolar. A pesar de que la asamblea se soliviantó, la hemeroteca dejó en evidencia a Ballester, quien meses antes votó a favor de dicho calendario en el consejo escolar sin intervenir para defender la postura del colectivo fallero. En aquella ocasión, fue la propia Generalitat Valenciana la que tuvo que intervenir para salvar la situación y rectificar la medida.
En esta ocasión, la justificación del Ayuntamiento para imponer el tercer día de Ofrenda volvió a ser el incremento del censo fallero. Sin embargo, diversos sectores del colectivo recuerdan que la JCF conocía las cifras definitivas desde el cierre del censo el 1 de marzo. A juicio de los críticos, la solución planteada por Catalá y Ballester terminaba por distorsionar el programa festivo y restar protagonismo al eje central de la fiesta: el propio monumento fallero.
Alternativas desatendidas y tensión política
Frente a la vía de la imposición, el propio exconcejal Pere Fuset ha recordado a la alcaldesa que forzar la voluntad de las comisiones solo conduce a un «callejón sin salida», rememorando que él mismo llegó a ser recusado en el pasado por las comisiones y pidiendo ahora una vía de diálogo real.
Existen sobre la mesa diversas alternativas que el Ayuntamiento ha rehusado contemplar. Entre ellas se encuentra la denominada «tercera vía» —descartada por la Concejalía alegando falta de efectivos policiales— o el traslado del paso de las Casas Regionales y fallas sancionadas a la mañana del día 18. Esta última medida permitiría reducir más de 45 minutos el recorrido de la Ofrenda sin alterar drásticamente el calendario, algo que según fuentes del sector requeriría únicamente «voluntad política».
Tras tres años al frente de la Concejalía de Fiestas marcados por las polémicas constantes, aumentan las dudas en el entorno municipal sobre la capacidad resolutiva de Santiago Ballester. Con el centro histórico en pie de guerra, la alcaldesa Catalá se enfrenta al dilema de buscar un recambio al frente de la fiesta o asumir el desgaste político a las puertas de la recta final de la legislatura.














