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Home Gastronomía y turismo

🥘 Una paella de 1853: el sabor que el tiempo casi olvida

José Perez por José Perez
enero 7, 2026
en Gastronomía y turismo
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🥘 Una paella de 1853: el sabor que el tiempo casi olvida
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La cocina que contaba historias

Antes de que la paella se convirtiera en símbolo internacional, fue un plato humilde, nacido del campo y del ingenio. En los hogares valencianos del siglo XIX, cocinar era un acto cotidiano, pero también una forma de preservar la identidad. Entre los libros que documentaron esa sabiduría popular, destaca el Formulario práctico de cocina. Variado, sencillo y económico, publicado en Valencia en 1853 por José Castelló.

Este recetario, casi olvidado durante más de un siglo, recoge una versión de la paella que nos transporta a una época sin prisas, donde cada paso tenía un propósito y cada ingrediente contaba una historia.https://youtu.be/F1oMlMMqgNs


La receta original: una mezcla de tierra y agua

En aquella paella de 1853, los ingredientes sorprenden al lector moderno: pollo, lomo de cerdo, carne de ternera, hígados tiernos, menudillos y anguilas.
Sí, anguilas. En la Albufera y en muchas zonas rurales de Valencia, este pescado era abundante y barato, y su carne gelatinosa aportaba un sabor profundo al caldo.

El recetario explica que todos los ingredientes debían freírse primero con ajo, perejil, sal y pimienta, y luego cocerse con agua para crear un caldo rico. Ese caldo, reservado con mimo, era el alma del plato.
Después se elaboraba el sofrito: tomate, ajos y habichuelas verdes. Y sobre él se echaba el arroz, que debía dorar ligeramente antes de añadir el caldo.

El texto añade un detalle fascinante: cuando el arroz estaba medio cocido, se cubría la paella con brasas para que terminara lentamente sin quemarse. Una técnica que hoy se ha perdido, pero que revela la precisión y el conocimiento del fuego que tenían las cocineras de antaño.


Dos recipientes, una sola alma

La receta de Castelló menciona dos utensilios: una sartén para el caldo y una paella para el arroz.
Primero se cocían las carnes en la sartén para sacar su jugo, y luego ese mismo caldo se vertía en la paella donde el arroz esperaba dorado en el sofrito.
Era una cocina sin prisas, que requería atención y experiencia. Cada paso estaba pensado para extraer el máximo sabor de ingredientes modestos, en una época en la que nada se desperdiciaba.


El eco de Juan Company y la tradición manuscrita

Décadas más tarde, en 1905, un hombre llamado Juan Company copió a mano el recetario de Castelló para regalárselo a su tía Manuela. Su dedicatoria, fechada en Gandía, es una joya emotiva: “He copiado este pequeño formulario con el único fin de podérselo dedicar”.
Gracias a gestos como ese, el texto sobrevivió y llegó hasta nosotros.

En 1906, el editor José Gasch reimprimió el libro, y en 1982 Jesús Mora Cervera lo recuperó de nuevo en Gandía, dentro del proyecto cultural Muntanya Cultural.
Cada reedición fue un intento de rescatar la memoria gastronómica valenciana, esa que se transmite entre generaciones no solo por palabra, sino también por escrito.


Más que una receta: una lección de identidad

La paella de 1853 no es un simple plato, sino una ventana a la forma de vivir de nuestros antepasados.
Habla del aprovechamiento, de la convivencia entre el mar y la huerta, del fuego lento y la paciencia.
Y, sobre todo, de cómo la cocina valenciana supo convertir la necesidad en arte.

Hoy, cuando encendemos el fuego y añadimos el arroz, seguimos participando de ese legado. Quizá sin anguilas, quizá sin brasas sobre la tapa, pero con el mismo espíritu: el de cocinar con historia y con orgullo.


🍚 La paella como patrimonio

La Real Academia de Cultura Valenciana y numerosos investigadores coinciden en que la paella, más allá de su fama mundial, es un símbolo de identidad cultural.
Su evolución —desde la cazuela campesina hasta el icono gastronómico global— refleja la transformación social de Valencia, su relación con el agua, el campo y el fuego.

Redescubrir recetas como la de 1853 nos recuerda que la gastronomía no es solo sabor: es memoria, herencia y cultura viva.


📚 Fuentes consultadas

  • Castelló, José. Formulario práctico de cocina. Variado, sencillo y económico. Valencia, 1853.
  • Company, Juan. Copia manuscrita dedicada a su tía Manuela. Gandía, 1905.
  • Gasch, José. Edición de Valencia, 1906.
  • Mora Cervera, Jesús. Reedición y prólogo en Muntanya Cultural, Gandía, 1982.
  • Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu. Fondo histórico culinario.
José Perez

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La resposta de la RACV és contundent: considera que darrere d’eixa formulació existix una concepció de l’idioma que, baix l’aparència de reconéixer la diversitat valenciana, acaba subordinant-la a un model llingüístic essencialment català. No estem davant d’una discussió sobre una simple paraula. Estem davant de dos maneres profundament diferents d’entendre la codificació, la personalitat i el futur del valencià. Una frase que concentra tot el debat Dir que el valencià és una llengua «unitària i diversa» pot semblar, a primera vista, una fòrmula conciliadora. Permet parlar d’unitat i, al mateix temps, reconéixer particularitats territorials. Pero precisament ahí és a on la RACV situa la seua discrepància. La pregunta és inevitable: ¿unitària respecte a qué? Per a l’AVL, la resposta està determinada pel seu propi marc normatiu i institucional. L’Acadèmia sosté des de fa anys una concepció unitària compartida en el català, encara que reivindique la denominació «valencià» i determinades formes pròpies valencianes. La RACV partix d’un plantejament radicalment diferent. Considera que el valencià deu ser codificat des de la seua pròpia tradició, fonètica, lèxic, morfologia i sintaxis, sense convertir la convergència en el català normatiu en l’eix vertebrador del model. Per això la frase que tanca el comunicat és delliberadament directa: «UNITÀRIA» ¿VOL DIR CATALANA? No és una afirmació neutral ni una conclusió acceptada per tota la filologia. És la síntesis de la postura de la RACV davant del model de l’AVL. I precisament per això mereix ser explicada i debatuda, no reduïda a un intercanvi d’etiquetes. DOS MODELS QUE NO DEUEN CONFONDRE’S Una de les aportacions més importants del comunicat és que la RACV no presenta el conflicte simplement com una elecció entre un valencià «unitari» i un atre «diferenciat». Segons la seua argumentació, plantejar-ho aixina ya condiciona la resposta, perque convertix el català normatiu en el marc de referència i deixa al valencià reduït a una colecció de particularitats internes. La RACV defén una atra perspectiva: existix una tradició valenciana susceptible de ser codificada des de criteris valencians, de la mateixa manera que existix una codificació catalana desenrollada a partir de la seua pròpia tradició normativa. Ahí està el verdader fondo de la controvèrsia. No es discutix únicament si diem este o aquest, si preferim determinades formes verbals o si un diccionari accepta una paraula concreta. Lo que es discutix és quin model ocupa el centre i quin queda relegat a la perifèria. I eixa diferència és fonamental. EL VALENCIÀ NO POT REDUIR-SE A UNA SUMA DE «PARTICULARITATS» Quan una determinada concepció normativa presenta les formes genuïnament valencianes com a «variants», «particularitats» o formes territorials dins d’un conjunt superior, és comprensible que una part del valencianisme cultural es pregunte qué queda, finalment, de l’autonomia del model valencià. Perque una llengua no és únicament el nom que apareix en la portada d’un diccionari. Una llengua és també la manera de pronunciar, les paraules heretades, les construccions populars, les formes verbals, la tradició escrita, la lliteratura i la memòria colectiva dels seus parlants. Si totes eixes característiques són sistemàticament valorades en funció de la seua proximitat o distància respecte d’un atre estàndart, el debat deixa de ser purament ortogràfic. Passa a ser un debat sobre dependència normativa. La RACV denuncia precisament això: que baix l’expressió «llengua unitària» es pretén presentar com a valencià un estàndart que, segons la seua interpretació, respon essencialment a la codificació catalana, encara que incorpore concessions o variants valencianes. LA LLENGUA REAL DEL CARRER TAMBÉ DEU CONTAR Hi ha, ademés, una qüestió que les institucions llingüístiques no deurien ignorar: la distància entre la llengua normativa i la llengua espontànea de molts valencians. Qualsevol persona que recórrega les comarques valencianes trobarà formes, expressions, pronunciacions i construccions que formen part de la transmissió familiar de generacions. No tot lo popular és necessàriament normatiu, evidentment. Una codificació necessita criteris, coherència i estabilitat. Pero tampoc seria raonable construir un estàndart que fera sentir al parlant que la seua manera tradicional d’expressar-se és permanentment secundària, inadequada o necessitada de correcció. Una normativa deu servir a la llengua; la llengua no pot convertir-se simplement en servidora de la normativa. I este és segurament un dels punts a on el debat deixa els despaig acadèmics i entra directament en la societat. ¿Per qué alguns valencians senten que el model que estudiaren en casa i el que troben en determinats àmbits oficials s’allunten? ¿Per qué determinades formes valencianes necessiten permanentment justificar la seua existència? ¿Per qué la convergència en el català estàndart és considerada normalisació, mentres que la recuperació de formes valencianes és presentada en ocasions com a secessionisme? Són preguntes llegítimes. I descalificar-les no les farà desaparéixer. UNA COSA ÉS LA FILOLOGIA I UNA ATRA, LA POLÍTICA LLINGÜÍSTICA També convé introduir una precisió imprescindible si volem que l’artícul tinga rigor. La classificació acadèmica majoritària contemporànea considera el valencià i el català varietats d’un mateix sistema llingüístic. Negar que esta és actualment la posició predominant en la romanística seria presentar de manera incompleta el debat. Pero reconéixer este fet tampoc resol totes les qüestions. La filologia pot estudiar parentesc, evolucions històriques, inteligibilitat, dialectologia i característiques estructurals. Una classificació llingüística no determina per sí mateixa totes les decisions sobre denominació, codificació, identitat cultural o política normativa. I molt manco obliga als valencians a considerar irrellevant el nom històric de la seua llengua. L’Estatut d’Autonomia parla expressament de idioma valencià i establix que «la llengua pròpia de la Comunitat Valenciana és el valencià». Per tant, la denominació valenciana no és un caprig, una invenció contemporànea ni una concessió sentimental: és la denominació oficial de la llengua pròpia dels valencians. A partir d’ahí, una societat democràtica deu poder discutir quin model de valencià considera més adequat sense que cada discrepància acabe convertida en una guerra d’identitats. LA RACV I LES NORMES D’EL PUIG La postura de la RACV tampoc naix ara. La institució representa una tradició normativa pròpia que té en les Normes d’El Puig una de les seues expressions més conegudes. Eixe model ha segut defés durant décades per sectors del valencianisme cultural com una codificació construïda des de la personalitat diferencial valenciana. Podem compartir-la o discutir-la. Podem comparar els seus criteris en els de l’AVL. Podem estudiar quines formes tenen major tradició documental, quines són més habituals entre els parlants o quines faciliten millor l’aprenentage. Lo que no pareix intelectualment raonable és fingir que este debat no existix. Existix. T'història. T'institucions. T'arguments. I té valencians que llegítimament defenen una opció o una atra. Precisament per això, la resposta adequada deuria ser més estudi, més documentació i més debat; no menys. «PRÒPIA I COMPARTIDA»: ¿A ON ESTÀ EL LLÍMIT? L’atra expressió pronunciada per Francés «pròpia i compartida» mereix també una reflexió. Una llengua pot ser compartida sense que això elimine les identitats particulars dels seus parlants. És una realitat perfectament normal en moltes comunitats llingüístiques del món. El problema apareix quan «compartida» acaba interpretant-se com subordinada, o quan la comunitat demogràficament, institucionalment o editorialment més forta acaba determinant quin és l’estàndart central. Per això, més que discutir eternament sobre una paraula, seria convenient formular preguntes concretes: ¿Quantes formes genuïnament valencianes ocupen realment el centre del model? ¿Quantes són tolerades només com a variants? ¿Quin pes té la tradició lliterària valenciana en la construcció de l’estàndart? ¿Quina relació existix entre la llengua ensenyada i la llengua tradicional de les comarques valenciaparlants? Ahí és a on el debat pot resultar productiu. DEFENDRE EL VALENCIÀ NO ÉS ATACAR A NINGÚ La defensa d’un model valencià propi no necessita construir-se contra els catalans ni contra Catalunya. Catalunya té tot el dret a preservar, normativisar i promocionar la seua llengua i la seua cultura d’acort en les seues institucions. Exactament el mateix principi deuria aplicar-se a Valéncia. Defendre la personalitat valenciana no significa odiar la catalana. Defendre les formes valencianes no obliga a negar afinitats llingüístiques. I reconéixer afinitats tampoc deuria significar exigir la renúncia a la personalitat valenciana. Eixa distinció és essencial per a evitar que una discussió cultural acabe convertint-se en una batalla identitària permanent. El valencianisme cultural té més força quan defén lo propi per lo que és, i no simplement per oposició a un atre poble. EL FUTUR DEL VALENCIÀ ES JUGA TAMBÉ EN EL CARRER Mentres acadèmies, universitats i polítics discutixen sobre unitat, codificació i normativa, existix una qüestió encara més urgent: que el valencià continue parlant-se. Una llengua no sobreviu únicament gràcies als diccionaris. Sobreviu quan els pares la transmeten als fills; quan els chiquets la senten en casa; quan els jóvens la gasten en naturalitat; quan està present en el comerç, en la música, en els mijos de comunicació, en les festes, en la cultura popular i en les noves tecnologies. Seria una enorme paradoxa que els valencians dedicàrem totes les energies a discutir sobre quin valencià i acabàrem sense suficients parlants que el mantingueren viu. Per això, la defensa de la llengua pròpia necessita dos coses simultàneament: preservar la seua personalitat i assegurar la seua transmissió social. Una sense l’atra quedaria incompleta. NI SILENCI NI DOGMES: DEBAT El comunicat de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana té valor, sobretot, perque recorda que una part de la societat valenciana no considera resolta la qüestió del model llingüístic. Podrà discutir-se la seua conclusió. Podrà rebatre’s filològicament. Podran defendre’s les tesis de l’AVL o les de la RACV. Això forma part d’una societat plural. Pero si realment volem protegir el patrimoni cultural valencià, ninguna institució deuria tindre por a les preguntes. ¿Quin valencià volem transmetre? ¿Un estàndart progressivament convergent en el català general o un model que situe les formes valencianes en el centre de la codificació? ¿Com conciliem classificació filològica, denominació estatutària, tradició escrita i realitat oral? ¿I cóm conseguim, sobretot, que els valencians continuen parlant la llengua que hem heretat? Eixes són les qüestions de fondo. La RACV ha donat la seua resposta: el valencià és valencià i el català és català. L’AVL partix d’una concepció diferent, basada en l’unitat llingüística i en la diversitat interna. El desacort és evident. I precisament perque és evident, lo democràtic no és amagar-lo, sino discutir-lo en arguments, documentació i respecte. Perque al final, per damunt de sigles, acadèmies i disputes normatives, hi ha una realitat que no deuríem perdre de vista: la llengua valenciana no és propietat exclusiva de cap institució. És patrimoni dels valencians que l’han parlada, escrita i transmesa durant generacions. I si verdaderament nos preocupa el seu futur, la pregunta no pot ser únicament qui té l’última paraula. La pregunta decisiva és molt més important: ¿QUIN VALENCIÀ VOLEM DEIXAR A LES GENERACIONS QUE VINDRAN? «Unitària» ¿vol dir catalana?

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Precisament per això, la resposta adequada deuria ser més estudi, més documentació i més debat; no menys. «PRÒPIA I COMPARTIDA»: ¿A ON ESTÀ EL LLÍMIT? L’atra expressió pronunciada per Francés «pròpia i compartida» mereix també una reflexió. Una llengua pot ser compartida sense que això elimine les identitats particulars dels seus parlants. És una realitat perfectament normal en moltes comunitats llingüístiques del món. El problema apareix quan «compartida» acaba interpretant-se com subordinada, o quan la comunitat demogràficament, institucionalment o editorialment més forta acaba determinant quin és l’estàndart central. Per això, més que discutir eternament sobre una paraula, seria convenient formular preguntes concretes: ¿Quantes formes genuïnament valencianes ocupen realment el centre del model? ¿Quantes són tolerades només com a variants? ¿Quin pes té la tradició lliterària valenciana en la construcció de l’estàndart? ¿Quina relació existix entre la llengua ensenyada i la llengua tradicional de les comarques valenciaparlants? Ahí és a on el debat pot resultar productiu. DEFENDRE EL VALENCIÀ NO ÉS ATACAR A NINGÚ La defensa d’un model valencià propi no necessita construir-se contra els catalans ni contra Catalunya. Catalunya té tot el dret a preservar, normativisar i promocionar la seua llengua i la seua cultura d’acort en les seues institucions. Exactament el mateix principi deuria aplicar-se a Valéncia. Defendre la personalitat valenciana no significa odiar la catalana. Defendre les formes valencianes no obliga a negar afinitats llingüístiques. I reconéixer afinitats tampoc deuria significar exigir la renúncia a la personalitat valenciana. Eixa distinció és essencial per a evitar que una discussió cultural acabe convertint-se en una batalla identitària permanent. El valencianisme cultural té més força quan defén lo propi per lo que és, i no simplement per oposició a un atre poble. EL FUTUR DEL VALENCIÀ ES JUGA TAMBÉ EN EL CARRER Mentres acadèmies, universitats i polítics discutixen sobre unitat, codificació i normativa, existix una qüestió encara més urgent: que el valencià continue parlant-se. Una llengua no sobreviu únicament gràcies als diccionaris. Sobreviu quan els pares la transmeten als fills; quan els chiquets la senten en casa; quan els jóvens la gasten en naturalitat; quan està present en el comerç, en la música, en els mijos de comunicació, en les festes, en la cultura popular i en les noves tecnologies. Seria una enorme paradoxa que els valencians dedicàrem totes les energies a discutir sobre quin valencià i acabàrem sense suficients parlants que el mantingueren viu. Per això, la defensa de la llengua pròpia necessita dos coses simultàneament: preservar la seua personalitat i assegurar la seua transmissió social. Una sense l’atra quedaria incompleta. NI SILENCI NI DOGMES: DEBAT El comunicat de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana té valor, sobretot, perque recorda que una part de la societat valenciana no considera resolta la qüestió del model llingüístic. Podrà discutir-se la seua conclusió. Podrà rebatre’s filològicament. Podran defendre’s les tesis de l’AVL o les de la RACV. Això forma part d’una societat plural. Pero si realment volem protegir el patrimoni cultural valencià, ninguna institució deuria tindre por a les preguntes. ¿Quin valencià volem transmetre? ¿Un estàndart progressivament convergent en el català general o un model que situe les formes valencianes en el centre de la codificació? ¿Com conciliem classificació filològica, denominació estatutària, tradició escrita i realitat oral? ¿I cóm conseguim, sobretot, que els valencians continuen parlant la llengua que hem heretat? Eixes són les qüestions de fondo. La RACV ha donat la seua resposta: el valencià és valencià i el català és català. L’AVL partix d’una concepció diferent, basada en l’unitat llingüística i en la diversitat interna. El desacort és evident. I precisament perque és evident, lo democràtic no és amagar-lo, sino discutir-lo en arguments, documentació i respecte. Perque al final, per damunt de sigles, acadèmies i disputes normatives, hi ha una realitat que no deuríem perdre de vista: la llengua valenciana no és propietat exclusiva de cap institució. És patrimoni dels valencians que l’han parlada, escrita i transmesa durant generacions. I si verdaderament nos preocupa el seu futur, la pregunta no pot ser únicament qui té l’última paraula. La pregunta decisiva és molt més important: ¿QUIN VALENCIÀ VOLEM DEIXAR A LES GENERACIONS QUE VINDRAN? «Unitària» ¿vol dir catalana?

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