Las familias de las víctimas del naufragio agradecen el despliegue de los equipos de rescate y la calidez de la sociedad española en un emotivo funeral en Campanar.
VALENCIA – El silencio ha sido el protagonista absoluto esta mañana en el barrio de Campanar. La parroquia de San Josemaría Escrivá se ha quedado pequeña para albergar el dolor, pero también la gratitud, de cientos de personas que han acudido al funeral de Fernando, Lía, Quique y Mateo. Los cuatro valencianos perdieron la vida recientemente en un trágico naufragio en aguas de Indonesia, un suceso que ha conmocionado no solo a la capital del Turia, sino a todo el país.
Minutos antes de que diera comienzo la ceremonia religiosa, la emoción se ha desbordado a las puertas del templo. Álvaro Ortuño, hermano de Andrea —la madre y única superviviente de la familia en el siniestro—, ha comparecido ante los medios de comunicación. En una lectura marcada por la entereza y la pausa, Ortuño ha ejercido como portavoz de las dos familias afectadas, unidas ahora en un duelo común que han definido como «hablar como si fuéramos solo una».
Un mensaje de paz y gratitud transoceánica
El comunicado leído por Ortuño no ha sido una simple despedida, sino una profunda carta de agradecimiento que ha recorrido la geografía de la tragedia. Desde Valencia hasta el remoto pueblo de Labuan Bajo, en Indonesia, la familia ha querido poner en valor la humanidad recibida en las horas más oscuras de su vida.
«Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a todas las personas, colectivos y cuerpos de seguridad que nos han acompañado», comenzaba el texto. Especial mención han recibido las autoridades locales —haciendo referencia a Pilar, María José y Juanfran—, de quienes destacaron su «responsabilidad y profunda humanidad» en la gestión de la repatriación y los trámites legales.
Sin embargo, el momento más desgarrador y a la vez luminoso del discurso ha sido el reconocimiento a los equipos de rescate indonesios. Ortuño ha tenido palabras de especial afecto para los voluntarios y, muy especialmente, para los submarinistas. «Nuestros buzos nos dieron sus pulmones y también sus alas, entregándose más allá del deber», ha señalado, cerrando ese bloque con un sentido «Terima kasih» (gracias, en indonesio).
La justicia como camino, no como venganza
El naufragio, que sigue bajo investigación para esclarecer las causas de la tragedia marítima, no parece haber sembrado semillas de crispación en el seno familiar. El comunicado ha sido rotundo al marcar la hoja de ruta que seguirán a partir de ahora: la búsqueda de una «justicia tranquila».
«Reafirmamos nuestro compromiso con la búsqueda de una justicia sin odio ni rencor; una justicia que honre su memoria y nos permita seguir adelante con dignidad», ha leído Ortuño bajo la atenta mirada de los asistentes.
Esta postura busca alejar el proceso legal del ruido mediático y centrarlo en la honra a los fallecidos. Para los familiares, la pérdida se vive desde la fe y la serenidad, utilizando la metáfora de la «habitación de al lado» para describir el tránsito de sus seres queridos hacia lo que consideran un lugar mejor.
Un respaldo social sin fronteras
El funeral ha servido también para visibilizar la red de apoyo que ha sostenido a Andrea y al resto de parientes durante estos días. Desde los mensajes llegados desde Uruguay hasta el apoyo constante en redes sociales de desconocidos, la familia ha reconocido sentirse «sostenida» por la empatía de la sociedad española.
La ceremonia ha finalizado con una petición humilde: «No os olvidéis de nosotros». Con el eco de estas palabras, Valencia despide a cuatro de los suyos, en un acto que ha transformado el horror de un naufragio en un ejemplo de entereza y gratitud internacional. La investigación sobre lo ocurrido en Indonesia continuará su curso, pero hoy, en Campanar, lo único que importaba era la paz de quienes ya no están.















