TORRENT – La cuenta atrás para Sant Blai ha comenzado oficialmente en Torrent. Tras el preludio de la Passejà del Guió, la ciudad se sumerge ahora en el corazón de su tradición más dulce: la elaboración de los «santblayets». En una jornada marcada por el relevo generacional y el trabajo comunitario, las mujeres del barrio de la Ermita se han reunido esta tarde para dar forma a los miles de panecillos que protagonizarán la festividad del próximo lunes.
El secreto está en el sello
A diferencia de ediciones anteriores, la cita se ha trasladado a la tarde en un horno de la calle Santa Ana. Allí, el proceso sigue siendo estrictamente artesanal. Bajo la supervisión de los maestros horneros, las voluntarias han ejecutado una coreografía perfectamente coordinada: desde el amasado manual hasta el momento crítico del marcado con el sello del santo, un gesto que convierte la masa en un símbolo de devoción.
La alcaldesa de Torrent, Amparo Folgado, se ha unido a la jornada de trabajo, participando activamente en el moldeado de los dulces. «Estas mujeres son el alma de la fiesta; su dedicación garantiza que el patrimonio cultural de Torrent no solo se conserve, sino que se viva con la misma intensidad que hace décadas«, destacó la primera edil durante el encuentro.
Una cita con la solidaridad
Los preparativos no se detienen en la repostería. A los «santblaiets» se suman otros pilares de la fiesta:
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Aceite bendecido: Envasado durante la semana pasada.
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Gayatos de Sant Blai: Los tradicionales bastones dulces que ya se preparan en los hornos locales.
Todos estos productos se pondrán a la venta el sábado 3 de febrero en la emblemática caseta situada junto a la Parroquia de San Luis Bertrán. Es importante destacar el carácter benéfico de la jornada, ya que la recaudación íntegra se destinará al mantenimiento de la Ermita y a la financiación de las actividades de la Cofradía.
Tradición que resiste al tiempo
Aunque Sant Blai no ostenta el patronazgo oficial de la ciudad, su arraigo es indiscutible. La festividad se mantiene como uno de los puntos de encuentro más multitudinarios del calendario torrentino, consolidándose como un ejemplo de cómo una comunidad logra preservar su identidad a través del esfuerzo vecinal y la defensa de sus raíces gastronómicas.




















