Xàtiva entierra su historia ferroviaria: la segunda estación más antigua de España agoniza bajo la gestión de Roger Cerdà
Ciento setenta y dos años después de que el primer tren llegara a Xàtiva aquel 20 de diciembre de 1854, la ciudad observa impasible cómo la segunda estación ferroviaria más antigua conservada en España se convierte en escombros.
La Antigua Estación del Ferrocarril Xàtiva-Alcoi, testigo silencioso de casi dos siglos de historia industrial valenciana, agoniza bajo la gestión del equipo de gobierno municipal liderado por Roger Cerdà (PSPV). Lo que debería ser un orgullo patrimonial es hoy una vergüenza colectiva: una ruina avanzada, una cáscara vacía sin cubierta ni futuro, un monumento a la desidia institucional cronificada, legistatura tras legislatura. Este es el resultado de los diferentes equipos de gobierno que han pasado por la ciudad.
La visita reciente a las instalaciones confirma lo que las fotografías apenas logran transmitir: el abandono es total. Los 732 metros cuadrados de la nave rectangular —59 metros de largo por 12 de ancho— han tiempo que perdieron completamente su cubierta a dos aguas y las cerchas metálicas que sostenían la estructura original.

Sólo quedan los muros perimetrales, agrietados, con desprendimientos evidentes en las fachadas, invadidos por vegetación salvaje que sigue creciendo sin control pese al desbroce parcial, superficial e insuficiente ejecutado en diciembre de 2025. El dintel principal de acceso, denunciado en redes sociales por su estado crítico, presenta fracturas severas que evidencian años de negligencia. Varios arcos de medio punto permanecen apuntalados desde hace tiempo para evitar su colapso definitivo.
Obras cosméticas frente a una emergencia patrimonial
En diciembre de 2025, el Ayuntamiento de Xàtiva inició lo que pomposamente calificó como «obras de consolidación». La realidad es demoledora: apenas 47.587 euros invertidos en reforzar el dintel dañado —»para poder entrar a limpiar», según fuentes municipales—, una limpieza parcial del interior y un desbroce que, a todas luces, ha resultado incompleto y mal ejecutado. Ningún proyecto integral de rehabilitación. Ninguna hoja de ruta clara. Sólo parches mínimos para cubrir el expediente en un edificio que lleva décadas reclamando una intervención seria y coordinada.
Mientras tanto, desde junio de 2022, la Antigua Estación figura en la Lista Roja de Hispania Nostra por «alto riesgo de desaparición» debido a su ruina estructural, el abandono total, la falta de cubierta, los desprendimientos en fachadas, los arcos apuntalados y la vegetación incontrolada. Casi cuatro años después, el edificio sigue en la misma lista. Y lo que es peor: sigue en el mismo estado terminal, sin visos de solución.
Un patrón sistemático de abandono patrimonial
La estación no es un caso aislado. Es, más bien, el símbolo perfecto de una gestión municipal que ha convertido el patrimonio histórico en el gran olvidado de sus prioridades. Xàtiva acumula actualmente casi una docena de bienes incluidos en la Lista Roja de Hispania Nostra, una cifra escandalosa que evidencia un patrón sistemático de desidia.
El Molino Sarrampedra, incorporado en octubre de 2023, comparte destino con el Claustro de Sant Domènech, las murallas de Levante, la Casa de los Quadrado o la Papelera de San Jorge. Todos ellos, testimonios de siglos de historia valenciana, languidecen sin protección efectiva, sin mantenimiento, sin inversión digna de ese nombre.
Este inventario del abandono dibuja un mapa desolador: una ciudad que da la espalda a su memoria colectiva, que permite que su patrimonio industrial, religioso y defensivo se desmorone mientras la administración local mira hacia otro lado y busca excusas para justificarse, en lugar de soluciones para evitar que los daños vayan a más. Y no hablamos de negligencia puntual, sino de incompetencia estructural.
Una joya histórica convertida en ruina
La importancia histórica de la Antigua Estación del Ferrocarril Xàtiva-Alcoi es incuestionable. Sólo la precede en antigüedad la estación del Grao de Valencia, inaugurada en 1852 como terminal de la línea Valencia-Grao.
La estación setabense, de estilo ecléctico-racionalista industrial, fue ampliada entre 1867 y 1878 tras sufrir un incendio provocado por carlistas en 1873. Durante la epidemia de cólera de 1884, sus instalaciones sirvieron temporalmente como Hospital de San José, acogiendo a enfermos cuando la ciudad enfrentaba una de sus peores crisis sanitarias.
Construida con materiales nobles —piedra, ladrillo, mortero de cal, vigas de madera, baldosa original—, la estación es un documento arquitectónico de primer orden. Su fachada de arcos de medio punto, sus proporciones equilibradas, su funcionalidad industrial representan una época fundacional del desarrollo ferroviario español. Cada grieta que se abre en sus muros, cada desprendimiento que cae al suelo, cada día que pasa sin intervención, es una página arrancada y borrada de la historia valenciana.
Propiedad municipal, responsabilidad evadida
El edificio es propiedad del Ayuntamiento de Xàtiva tras su cesión por parte de Adif. Figura en el catálogo municipal de bienes protegidos desde 1983 con la referencia X-324. En 2017 se inició el procedimiento para su declaración como Bien de Relevancia Local, pero el expediente nunca avanzó y nada más se supo de él. Cuatro años después, en 2025, se anunciaron conversaciones con Adif para acordar actuaciones conjuntas. Los resultados están a la vista: 47.587 euros en obras mínimas y un edificio que sigue camino del colapso total.
La pregunta es inevitable: ¿qué hace falta para que un equipo de gobierno municipal entienda que el patrimonio histórico no es decorado prescindible, sino identidad colectiva? ¿Cuántos bienes más deben incluirse en listas rojas para que se actúe con la urgencia que el caso requiere? ¿Qué criterio justifica que una estación ferroviaria de 172 años, segunda más antigua de España, reciba menos atención presupuestaria que cualquier rotonda ornamental?
El tiempo se agota
Los expertos en patrimonio lo tienen claro: sin una intervención integral e inmediata, la Antigua Estación del Ferrocarril Xàtiva-Alcoi está condenada a desaparecer. Los muros que aún permanecen en pie lo hacen por inercia, no por solidez estructural. Cada tormenta, cada invierno que pasa sin cubierta, cada primavera en la que la vegetación avanza sin control, acelera el proceso de degradación irreversible. No estamos hablando de décadas: estamos hablando de años, quizá meses, antes de que empiece a colapsar.
La responsabilidad es nítida y recae directamente sobre el actual equipo de gobierno de Roger Cerdà. No hay excusas presupuestarias que valgan cuando se trata de proteger un bien de valor histórico incalculable. No hay argumentos técnicos que justifiquen cuatro años en la Lista Roja sin proyecto serio de rehabilitación. Sólo hay dejadez, falta de voluntad política y un desprecio implícito hacia el patrimonio que debería protegerse con celo institucional y no se está haciendo.
Xàtiva merece mejor suerte para su memoria ferroviaria. La segunda estación más antigua de España merece algo más que convertirse en símbolo del fracaso patrimonial de una ciudad. Pero para eso haría falta algo que brilla por su ausencia en la actual gestión municipal: visión, compromiso y respeto por la historia. Mientras tanto, el reloj sigue corriendo. Y cada segundo que pasa sin actuación acerca un poco más el final de una estación histórica que ya lleva demasiado tiempo descarrilada, como la nefasta gestión patrimonial de aquellos que deberían velar por el patrimonio cultural valenciano.



















