En el Día Mundial de la Tuberculosis, Médicos Sin Fronteras denuncia que casi la mitad de los menores afectados no recibe tratamiento debido a la falta de inversión, los conflictos y el uso de métodos de detección obsoletos.
GINEBRA Y PARÍS 24 de marzo de 2026
La tuberculosis (TB) no es una enfermedad del pasado, y mucho menos una que solo afecte a adultos. Según los datos más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1,2 millones de niños, niñas y adolescentes menores de 15 años enfermaron de TB durante el último año. Sin embargo, la cifra más alarmante no es el contagio, sino el abandono: el 43% de ellos no fueron diagnosticados ni pudieron acceder a un tratamiento. En la práctica, esto significa que más de medio millón de menores están librando una batalla mortal en absoluta soledad institucional.
Desde Ginebra y París, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha lanzado hoy un grito de auxilio global. La organización insta a los gobiernos y donantes internacionales a dejar de considerar la tuberculosis infantil como un «problema secundario». La combinación de recortes en la ayuda internacional, conflictos armados y el desplazamiento forzado de poblaciones ha creado una tormenta perfecta que está segando la vida de los más vulnerables.
El laberinto del diagnóstico
«En una respuesta a la TB ya de por sí insuficientemente financiada, los niños quedan aún más relegados», afirma Cathy Hewison, responsable de la plataforma de TB de MSF. El problema fundamental radica en que la tuberculosis en niños es difícil de detectar con las pruebas convencionales de laboratorio, que a menudo arrojan resultados negativos incluso cuando la enfermedad está presente.
Esta dificultad técnica se traduce en esperas agónicas. Es el caso de Francisco, un niño de 11 años en Mozambique. Sus síntomas comenzaron en julio de 2024, pero los médicos ignoraron las señales de alerta durante meses. «Al principio no hicieron ninguna prueba. Cuando finalmente se hicieron, no apareció nada. Nos dijeron que el niño no tenía ninguna enfermedad», relata Fernando Jorge Anasomia, padre de Francisco. No fue hasta marzo de 2025 cuando se confirmó que el menor padecía una tuberculosis resistente a los medicamentos, tras ocho meses de deterioro físico constante.
Algoritmos: La herramienta que salva vidas
Ante la falta de pruebas de laboratorio infalibles, MSF propone una solución de bajo coste y alta eficacia: los algoritmos de decisión terapéutica recomendados por la OMS. Estos sistemas permiten al personal sanitario diagnosticar la TB basándose únicamente en síntomas clínicos y radiografías, sin necesidad de esperar a resultados bacteriológicos que pueden no llegar nunca.
La evidencia científica respalda este enfoque. Investigaciones recientes de MSF en Guinea, Níger, Nigeria, Sudán del Sur y Uganda demuestran que el uso de estos algoritmos puede casi duplicar el número de diagnósticos infantiles.
«El impacto en Níger ha sido un catalizador de esperanza», asegura el Dr. Moussa Mamane Oumarou Farouk, responsable de TB de MSF en el país africano. «Casi la mitad de todos los niños menores de 5 años diagnosticados en el país pertenecían a los cinco distritos donde aplicamos estos algoritmos. Si esto se ampliara a los 72 distritos del país, las muertes prevenibles se reducirían drásticamente».
Un compromiso político urgente
La crisis de la TB infantil no es solo médica, es política. MSF subraya que las herramientas para prevenir, diagnosticar y tratar a los menores ya existen, pero falta la voluntad de implementarlas a gran escala. Actualmente, la organización desarrolla el proyecto TACTiC (Test, Avoid, and Cure TB in Children), que busca innovar en la atención pediátrica en 12 países de alta carga, desde Afganistán hasta Filipinas.
Sin embargo, el esfuerzo de las ONG no es suficiente. Con 25.000 personas tratadas por MSF en 2024, la organización apenas cubre una fracción de la necesidad global. El llamado en este 24 de marzo es claro: ningún niño debe morir por una enfermedad que tiene cura. La inversión sostenida y la adopción de protocolos clínicos más ágiles son la única vía para que el informe de la OMS de 2027 no vuelva a repetir la misma y trágica estadística: que la mitad de los niños con tuberculosis siguen siendo invisibles para el sistema.
















