En Valencia, y me temo que en casi todos los lugares, las instituciones culturales son como unas enormes maquinarias burocráticas donde cualquier iniciativa cuesta Dios y ayuda ponerla en práctica. Esto se ve claramente en los ámbitos públicos donde hay tantos engranajes administrativos que el final la espontaneidad y la creatividad son derrotadas.
En este ambiente pesado y cargado de niebla aparecen a veces personajes que demuestran que un solo ser humano es capaz de superar todos los obstáculos. Al igual que un hombre orquesta puede ofrecer un concierto armonizando todos los instrumentos a la vez hay un hombre en Valencia que conjura todas las fuerzas culturales y crea un escaparate semanal para lo lúdico y lo formativo. Lo podríamos llamar un auténtico Hombre de la Cultura o, en lenguaje anglosajón que tan en boga está, un “Cultumán”.
En la intrahistoria cultural de Valencia, hay nombres que no buscan el foco, pero sin los cuales la luz no existiría. Entre ellos destaca Vicente Bosch Beferull, figura discreta y constante cuya labor en el Ateneo Mercantil de Valencia trasciende con mucho la mera función de bibliotecario.
Bosch no es solo custodio de libros, sino guardián de una tradición viva. Allí donde otros ven estanterías, él ha sabido tejer un espacio de encuentro, de palabra y de memoria. Su presencia, sostenida a lo largo de los años en la junta directiva, ha aportado continuidad, criterio y una silenciosa autoridad que solo concede el tiempo dedicado con vocación.
Desde la organización de ciclos literarios hasta la participación en actos culturales y solidarios, su mano —siempre firme, nunca estridente— ha contribuido a que el Ateneo no sea únicamente una institución histórica, sino un organismo palpitante dentro de la ciudad. En él se reconoce ese tipo humano tan valenciano que entiende la cultura no como ornamento, sino como servicio.
Jubilado de su vida profesional en la banca, Vicente Bosch eligió no retirarse del mundo, sino entregarse a él de otra manera: sosteniendo, promoviendo y dignificando la vida cultural valenciana desde una de sus casas más emblemáticas. Así, su figura se convierte en un engranaje imprescindible, de esos que no se ven, pero sin los cuales la maquinaria entera dejaría de funcionar.
Como colofón de sus atribuciones, y yendo mucho más allá de las mismas, Bosch ha creado un correo cultural donde cada semana recopila y publica los principales eventos culturales de la ciudad. Una idea tan simple, que quizás debiera hacerla el ayuntamiento o la Generalidad, la complimenta Bosch sin necesidad de ningún aspaviento o publicidad fatua. Sencillamente lo hace, y va ampliando generosamente el listado de envíos a quien se lo solicita. Atrás quedaron las páginas culturales de los periódicos, que actualmente no son sino sombras de lo que fueron. Para dinamizar y publicitar el corazón cultural de Valencia aquí está Cultuman, el defensor de lo nuestro sin mistificaciones ni tonterías. Quien se suscribe a su servicio gratuito gana una ventana al alma de Valencia que se renueva constantemente,
Además tiene una atención activa. Si el mensaje no se atiende y la ventana no se abre, ese usuario es descabalgado para dejar espacio a quien realmente quiera disfrutarlo.
En definitiva, hablar de Vicente Bosch Beferull es hablar de una fidelidad rara y valiosa: la de quien, sin presunciones, ha hecho del Ateneo y de Valencia misma un ciudadanía un poco más culta, más viva y más digna.
















