MADRID/BARCELONA – El mapa político español ha vivido este 17 de abril de 2026 una de sus jornadas más paradójicas y tensas en materia de política exterior. A tan solo 350 kilómetros de distancia, dos visiones opuestas sobre el futuro de Iberoamérica han colisionado en la agenda pública. En Madrid, la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, ha sido arropada por el bloque de la derecha; mientras tanto, en Barcelona, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ejercía de anfitrión en una cumbre de líderes latinoamericanos de izquierda y extrema izquierda, marcada por la sintonía con el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
El «no encuentro» y el desplante de las distancias
La noticia del día no ha sido solo la presencia de Machado en la capital, sino la ausencia de una fotografía oficial en el Palacio de la Moncloa. El presidente Sánchez, al ser preguntado por los medios en Barcelona sobre esta omisión, fue tajante al señalar que la falta de una reunión bilateral se debe exclusivamente a la voluntad de la dirigente venezolana. Según el jefe del Ejecutivo, las puertas de la sede del Gobierno «están abiertas», pero el encuentro no se ha agendado porque «ella no lo ha considerado», trasladando así la responsabilidad del desplante a la propia Machado.
Desde el entorno de la líder venezolana, la lectura es distinta. Machado, que ha mantenido una postura de firmeza tras el ascenso de Delcy Rodríguez al poder en Caracas, ha dejado entrever que una reunión con Sánchez carece de sentido estratégico en este momento. La oposición venezolana sigue recelando del papel mediador del Gobierno de España, al que acusan de tibieza ante las violaciones de derechos humanos en el país caribeño y de una excesiva cercanía con los aliados regionales del chavismo. Recuerdan el apoyo de Zapatero al chavismo y a Maduro.
Madrid: El bastión de la libertad de Machado
La agenda de María Corina Machado en Madrid ha sido un despliegue de fuerza diplomática con la oposición española. Su primera parada fue en la calle Génova, donde fue recibida por el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. En una comparecencia conjunta, Feijóo calificó a Machado como la «única voz legítima para guiar la transición en Venezuela» y exigió al Gobierno de Sánchez que deje de «dar oxígeno» a las dictaduras del continente.
Posteriormente, la Nobel de la Paz se trasladó a la Real Casa de Correos para encontrarse con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La sintonía entre ambas fue total. Ayuso, quien ha convertido a Madrid en el «refugio de la libertad» para miles de exiliados venezolanos, no ahorró críticas hacia Sánchez, acusándole de «huir a Barcelona para no mirar a los ojos a la mujer que está derrotando al comunismo».
La jornada madrileña de Machado cerró con una reunión con Santiago Abascal, líder de Vox, quien reafirmó su apoyo a la implementación de sanciones más severas contra la cúpula que hoy ostenta el poder en Venezuela, y una emotiva visita al hospital donde se recupera el exilio Edmundo González Urrutia, consolidando así el frente común del bloque conservador y liberal con la causa venezolana.
Corina ha recibido esta tarde la llave de la Villa de Madrid de manos de su alcalde Almeida, entre una gran expectación de venezolanos congregados que luchan por la libertad de Venezuela.
Barcelona: El eje del «Sur Global» y la alianza «progresista» de extrema izquierda
Mientras Madrid se convertía en el epicentro de la resistencia venezolana, el presidente Sánchez aterrizaba en Barcelona para una cita de alto voltaje ideológico. Bajo el marco de la I Cumbre España-Brasil, Sánchez se ha rodeado de los principales referentes de la izquierda y la extrema izquierda latinoamericana. El invitado de honor, Lula da Silva, fue recibido con máximos honores en un esfuerzo por consolidar un eje progresista transatlántico.
A la cita se sumaron figuras como el colombiano Gustavo Petro, el uruguayo Yamandú Orsi y representantes del gobierno de la mexicana Claudia Sheinbaum. El discurso oficial de la cumbre se centró en la creación de un «muro democrático» frente al avance de lo que Sánchez denomina la «ola reaccionaria», personificada a nivel internacional en figuras como Donald Trump y, por extensión, en los aliados españoles de Machado.
Sánchez ha buscado en Barcelona proyectar una imagen de estadista global, centrando su narrativa en el cambio climático, la reforma del sistema financiero internacional y la justicia social. Sin embargo, para los analistas políticos, el hecho de que esta cumbre se celebre de forma paralela a la visita de Machado no es casual. Representa un giro deliberado hacia el «Sur Global» y una validación de los gobiernos de izquierda que, en gran medida, han evitado calificar al régimen de Caracas como una dictadura.
Una brecha diplomática insalvable
El contraste entre ambas ciudades no podría ser más nítido. Mientras Machado habla de «liberación» y «transición democrática», en la cumbre de Barcelona se habla de «movilización progresista» y «soberanía». La desconexión entre el Palacio de la Moncloa y la principal figura de la oposición venezolana evidencia que España ha dejado de ser un mediador neutral en el conflicto venezolano para convertirse en un escenario más de la polarización global.
La crítica desde los sectores de la oposición española es feroz. Fuentes del PP han señalado que «es una vergüenza nacional que el presidente de España se esconda en una cumbre de líderes de extrema izquierda para evitar recibir a una Premio Nobel de la Paz». Por su parte, el Gobierno sostiene que su prioridad es mantener los puentes institucionales con los estados constituidos de la región, priorizando la relación con Brasil y México por encima de lo que consideran «gestos simbólicos con la oposición».
Conclusión de una jornada partida
La jornada termina con una España partida en dos en su proyección exterior. Por un lado, la España que abraza a María Corina Machado y su lucha contra el autoritarismo, concentrada en el eje Madrid-derecha. Por otro, la España de Sánchez que busca liderar una internacional progresista desde Barcelona, alineada con los mandatarios latinoamericanos que ven en Machado una figura incómoda para sus intereses regionales.
A 350 kilómetros de distancia, no solo han estado dos ciudades, sino dos formas irreconciliables de entender la democracia en el siglo XXI. La pregunta que queda en el aire es qué impacto tendrá este desplante deliberado de Sánchez en la capacidad de España para influir en una futura negociación en Venezuela, especialmente cuando la mujer que el presidente ha evitado hoy podría ser, en el futuro cercano, la jefa de Estado con la que deba tratar.





















