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Home Comunidad Valenciana

Sueca culmina la transformación de la N-332: el fin de una barrera histórica tras años de lucha institucional

Vicente Bellvis por Vicente Bellvis
abril 18, 2026
en Comunidad Valenciana, Poblaciones de Valencia
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Sueca culmina la transformación de la N-332: el fin de una barrera histórica tras años de lucha institucional

Sueca culmina la transformación de la N-332: el fin de una barrera histórica tras años de lucha institucional

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La travesía se convierte definitivamente en una avenida urbana tras una inversión de 4,32 millones de euros. El proyecto, impulsado por el anterior ejecutivo de Dimas Vázquez, elimina el «punto negro» que dividía el municipio y lo devuelve a peatones y ciclistas.

SUECA | 18 de abril de 2026 – Lo que durante décadas fue una cicatriz de asfalto, ruido y peligro que partía Sueca en dos, es hoy oficialmente una avenida integrada en el tejido urbano. El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible ha dado por concluidas las obras de humanización de la travesía de la N-332, una intervención que ha contado con un presupuesto final de 4,32 millones de euros (IVA incluido) y que supone un cambio de paradigma en la movilidad de la capital de la Ribera Baixa.

La actuación, financiada a través de los fondos europeos NextGenerationEU dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, ha transformado más de cinco kilómetros de la antigua carretera nacional. El resultado es un entorno diseñado para la convivencia, donde el vehículo privado cede el protagonismo a la movilidad activa, con carriles bici segregados, aceras ensanchadas y siete nuevas glorietas que pacifican el flujo circulatorio.

El triunfo de la persistencia: El «sello» de Dimas Vázquez

Aunque la cinta se corte hoy, la realidad de esta infraestructura es inseparable de la gestión política que la vio nacer. El proyecto que hoy celebra la ciudadanía fue diseñado y batallado intensamente por el anterior equipo de gobierno municipal. Fue el antiguo alcalde, Dimas Vázquez, quien durante años lideró una ofensiva institucional ante el Ministerio de Fomento —y posteriormente de Transportes— para que el Estado no se limitara a ceder una carretera obsoleta, sino que la entregara totalmente renovada.

«Ha sido mucho tiempo de gestión y de una insistencia a veces notable ante Madrid para que una demanda tan anhelada se plasmara en un proyecto real», recordaba Vázquez durante las fases iniciales de un proceso que arrancó con apenas 900.000 euros presupuestados en 2008 y que, gracias a la presión local, se multiplicó hasta superar los cuatro millones de inversión íntegramente estatal. Para el anterior ejecutivo, no se trataba solo de asfaltar, sino de eliminar una «barrera psicológica» que durante 30 años aisló a los barrios situados «al otro lado de la carretera».

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Un bulevar para el siglo XXI

La intervención técnica ha sido profunda. El proyecto ha incluido la eliminación de semáforos conflictivos para sustituirlos por rotondas que fluidez al tráfico local y disuaden el tránsito de largo recorrido. Además, se ha renovado el firme con materiales fonoabsorbentes para reducir la contaminación acústica y se ha instalado una red de iluminación LED de alta eficiencia.

Las principales mejoras incluyen:

  • Movilidad ciclista: Un nuevo carril bici que conecta los extremos del casco urbano de forma segura.

  • Accesibilidad: Eliminación de barreras arquitectónicas y ampliación de zonas de paseo peatonal.

  • Integración estética: Instalación de mobiliario urbano y señalética que unifica la vía con el resto de calles municipales.

Hacia la gestión municipal

Con las obras finalizadas este mes de abril de 2026, se inicia ahora el proceso administrativo de cesión de titularidad. El Ministerio transferirá el tramo al Ayuntamiento de Sueca, lo que otorgará al consistorio plena autonomía para gestionar la que ya es, a efectos prácticos, la avenida principal del municipio.

La culminación de este proyecto no solo cierra una etapa de obras y molestias vecinales, sino que pone punto final a una reivindicación histórica. Sueca deja de ser un lugar de paso para los coches y recupera un espacio vital que, gracias a la tenacidad de la gestión iniciada en la legislatura pasada, vuelve a pertenecer a sus ciudadanos.

Etiquetas: Dimas VázquezMinisterio de FomentoN-332 SuecaPSPV Sueca
Vicente Bellvis

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Des de Dénia per Pedro Fuentes Caballero, Acadèmic de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana corresponent en Dénia. La RACV respon a la nova presidenta de l’AVL i reobri el debat sobre qué model de llengua valenciana volem preservar Les declaracions realisades per Maria Àngels Francés, nova presidenta de l’Acadèmia Valenciana de la Llengua, han tornat a posar damunt de la taula una qüestió que en Valéncia mai ha deixat d’estar completament tancada: qué s’entén per llengua valenciana, quin model llingüístic es vol transmetre i fins a quin punt la denominada «unitat de la llengua» condiciona la seua codificació. La Real Acadèmia de Cultura Valenciana (RACV) ha reaccionat públicament davant de les paraules de Francés, pronunciades durant la seua presa de possessió, en les quals definí el valencià com una llengua «unitària i diversa, pròpia i compartida». La resposta de la RACV és contundent: considera que darrere d’eixa formulació existix una concepció de l’idioma que, baix l’aparència de reconéixer la diversitat valenciana, acaba subordinant-la a un model llingüístic essencialment català. No estem davant d’una discussió sobre una simple paraula. Estem davant de dos maneres profundament diferents d’entendre la codificació, la personalitat i el futur del valencià. Una frase que concentra tot el debat Dir que el valencià és una llengua «unitària i diversa» pot semblar, a primera vista, una fòrmula conciliadora. Permet parlar d’unitat i, al mateix temps, reconéixer particularitats territorials. Pero precisament ahí és a on la RACV situa la seua discrepància. La pregunta és inevitable: ¿unitària respecte a qué? Per a l’AVL, la resposta està determinada pel seu propi marc normatiu i institucional. L’Acadèmia sosté des de fa anys una concepció unitària compartida en el català, encara que reivindique la denominació «valencià» i determinades formes pròpies valencianes. La RACV partix d’un plantejament radicalment diferent. Considera que el valencià deu ser codificat des de la seua pròpia tradició, fonètica, lèxic, morfologia i sintaxis, sense convertir la convergència en el català normatiu en l’eix vertebrador del model. Per això la frase que tanca el comunicat és delliberadament directa: «UNITÀRIA» ¿VOL DIR CATALANA? No és una afirmació neutral ni una conclusió acceptada per tota la filologia. És la síntesis de la postura de la RACV davant del model de l’AVL. I precisament per això mereix ser explicada i debatuda, no reduïda a un intercanvi d’etiquetes. DOS MODELS QUE NO DEUEN CONFONDRE’S Una de les aportacions més importants del comunicat és que la RACV no presenta el conflicte simplement com una elecció entre un valencià «unitari» i un atre «diferenciat». Segons la seua argumentació, plantejar-ho aixina ya condiciona la resposta, perque convertix el català normatiu en el marc de referència i deixa al valencià reduït a una colecció de particularitats internes. La RACV defén una atra perspectiva: existix una tradició valenciana susceptible de ser codificada des de criteris valencians, de la mateixa manera que existix una codificació catalana desenrollada a partir de la seua pròpia tradició normativa. Ahí està el verdader fondo de la controvèrsia. No es discutix únicament si diem este o aquest, si preferim determinades formes verbals o si un diccionari accepta una paraula concreta. Lo que es discutix és quin model ocupa el centre i quin queda relegat a la perifèria. I eixa diferència és fonamental. EL VALENCIÀ NO POT REDUIR-SE A UNA SUMA DE «PARTICULARITATS» Quan una determinada concepció normativa presenta les formes genuïnament valencianes com a «variants», «particularitats» o formes territorials dins d’un conjunt superior, és comprensible que una part del valencianisme cultural es pregunte qué queda, finalment, de l’autonomia del model valencià. Perque una llengua no és únicament el nom que apareix en la portada d’un diccionari. Una llengua és també la manera de pronunciar, les paraules heretades, les construccions populars, les formes verbals, la tradició escrita, la lliteratura i la memòria colectiva dels seus parlants. Si totes eixes característiques són sistemàticament valorades en funció de la seua proximitat o distància respecte d’un atre estàndart, el debat deixa de ser purament ortogràfic. Passa a ser un debat sobre dependència normativa. La RACV denuncia precisament això: que baix l’expressió «llengua unitària» es pretén presentar com a valencià un estàndart que, segons la seua interpretació, respon essencialment a la codificació catalana, encara que incorpore concessions o variants valencianes. LA LLENGUA REAL DEL CARRER TAMBÉ DEU CONTAR Hi ha, ademés, una qüestió que les institucions llingüístiques no deurien ignorar: la distància entre la llengua normativa i la llengua espontànea de molts valencians. Qualsevol persona que recórrega les comarques valencianes trobarà formes, expressions, pronunciacions i construccions que formen part de la transmissió familiar de generacions. No tot lo popular és necessàriament normatiu, evidentment. Una codificació necessita criteris, coherència i estabilitat. Pero tampoc seria raonable construir un estàndart que fera sentir al parlant que la seua manera tradicional d’expressar-se és permanentment secundària, inadequada o necessitada de correcció. Una normativa deu servir a la llengua; la llengua no pot convertir-se simplement en servidora de la normativa. I este és segurament un dels punts a on el debat deixa els despaig acadèmics i entra directament en la societat. ¿Per qué alguns valencians senten que el model que estudiaren en casa i el que troben en determinats àmbits oficials s’allunten? ¿Per qué determinades formes valencianes necessiten permanentment justificar la seua existència? ¿Per qué la convergència en el català estàndart és considerada normalisació, mentres que la recuperació de formes valencianes és presentada en ocasions com a secessionisme? Són preguntes llegítimes. I descalificar-les no les farà desaparéixer. UNA COSA ÉS LA FILOLOGIA I UNA ATRA, LA POLÍTICA LLINGÜÍSTICA També convé introduir una precisió imprescindible si volem que l’artícul tinga rigor. La classificació acadèmica majoritària contemporànea considera el valencià i el català varietats d’un mateix sistema llingüístic. Negar que esta és actualment la posició predominant en la romanística seria presentar de manera incompleta el debat. Pero reconéixer este fet tampoc resol totes les qüestions. La filologia pot estudiar parentesc, evolucions històriques, inteligibilitat, dialectologia i característiques estructurals. Una classificació llingüística no determina per sí mateixa totes les decisions sobre denominació, codificació, identitat cultural o política normativa. I molt manco obliga als valencians a considerar irrellevant el nom històric de la seua llengua. L’Estatut d’Autonomia parla expressament de idioma valencià i establix que «la llengua pròpia de la Comunitat Valenciana és el valencià». Per tant, la denominació valenciana no és un caprig, una invenció contemporànea ni una concessió sentimental: és la denominació oficial de la llengua pròpia dels valencians. A partir d’ahí, una societat democràtica deu poder discutir quin model de valencià considera més adequat sense que cada discrepància acabe convertida en una guerra d’identitats. LA RACV I LES NORMES D’EL PUIG La postura de la RACV tampoc naix ara. La institució representa una tradició normativa pròpia que té en les Normes d’El Puig una de les seues expressions més conegudes. Eixe model ha segut defés durant décades per sectors del valencianisme cultural com una codificació construïda des de la personalitat diferencial valenciana. Podem compartir-la o discutir-la. Podem comparar els seus criteris en els de l’AVL. Podem estudiar quines formes tenen major tradició documental, quines són més habituals entre els parlants o quines faciliten millor l’aprenentage. Lo que no pareix intelectualment raonable és fingir que este debat no existix. Existix. T'història. T'institucions. T'arguments. I té valencians que llegítimament defenen una opció o una atra. Precisament per això, la resposta adequada deuria ser més estudi, més documentació i més debat; no menys. «PRÒPIA I COMPARTIDA»: ¿A ON ESTÀ EL LLÍMIT? L’atra expressió pronunciada per Francés «pròpia i compartida» mereix també una reflexió. Una llengua pot ser compartida sense que això elimine les identitats particulars dels seus parlants. És una realitat perfectament normal en moltes comunitats llingüístiques del món. El problema apareix quan «compartida» acaba interpretant-se com subordinada, o quan la comunitat demogràficament, institucionalment o editorialment més forta acaba determinant quin és l’estàndart central. Per això, més que discutir eternament sobre una paraula, seria convenient formular preguntes concretes: ¿Quantes formes genuïnament valencianes ocupen realment el centre del model? ¿Quantes són tolerades només com a variants? ¿Quin pes té la tradició lliterària valenciana en la construcció de l’estàndart? ¿Quina relació existix entre la llengua ensenyada i la llengua tradicional de les comarques valenciaparlants? Ahí és a on el debat pot resultar productiu. DEFENDRE EL VALENCIÀ NO ÉS ATACAR A NINGÚ La defensa d’un model valencià propi no necessita construir-se contra els catalans ni contra Catalunya. Catalunya té tot el dret a preservar, normativisar i promocionar la seua llengua i la seua cultura d’acort en les seues institucions. Exactament el mateix principi deuria aplicar-se a Valéncia. Defendre la personalitat valenciana no significa odiar la catalana. Defendre les formes valencianes no obliga a negar afinitats llingüístiques. I reconéixer afinitats tampoc deuria significar exigir la renúncia a la personalitat valenciana. Eixa distinció és essencial per a evitar que una discussió cultural acabe convertint-se en una batalla identitària permanent. El valencianisme cultural té més força quan defén lo propi per lo que és, i no simplement per oposició a un atre poble. EL FUTUR DEL VALENCIÀ ES JUGA TAMBÉ EN EL CARRER Mentres acadèmies, universitats i polítics discutixen sobre unitat, codificació i normativa, existix una qüestió encara més urgent: que el valencià continue parlant-se. Una llengua no sobreviu únicament gràcies als diccionaris. Sobreviu quan els pares la transmeten als fills; quan els chiquets la senten en casa; quan els jóvens la gasten en naturalitat; quan està present en el comerç, en la música, en els mijos de comunicació, en les festes, en la cultura popular i en les noves tecnologies. Seria una enorme paradoxa que els valencians dedicàrem totes les energies a discutir sobre quin valencià i acabàrem sense suficients parlants que el mantingueren viu. Per això, la defensa de la llengua pròpia necessita dos coses simultàneament: preservar la seua personalitat i assegurar la seua transmissió social. Una sense l’atra quedaria incompleta. NI SILENCI NI DOGMES: DEBAT El comunicat de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana té valor, sobretot, perque recorda que una part de la societat valenciana no considera resolta la qüestió del model llingüístic. Podrà discutir-se la seua conclusió. Podrà rebatre’s filològicament. Podran defendre’s les tesis de l’AVL o les de la RACV. Això forma part d’una societat plural. Pero si realment volem protegir el patrimoni cultural valencià, ninguna institució deuria tindre por a les preguntes. ¿Quin valencià volem transmetre? ¿Un estàndart progressivament convergent en el català general o un model que situe les formes valencianes en el centre de la codificació? ¿Com conciliem classificació filològica, denominació estatutària, tradició escrita i realitat oral? ¿I cóm conseguim, sobretot, que els valencians continuen parlant la llengua que hem heretat? Eixes són les qüestions de fondo. La RACV ha donat la seua resposta: el valencià és valencià i el català és català. L’AVL partix d’una concepció diferent, basada en l’unitat llingüística i en la diversitat interna. El desacort és evident. I precisament perque és evident, lo democràtic no és amagar-lo, sino discutir-lo en arguments, documentació i respecte. Perque al final, per damunt de sigles, acadèmies i disputes normatives, hi ha una realitat que no deuríem perdre de vista: la llengua valenciana no és propietat exclusiva de cap institució. És patrimoni dels valencians que l’han parlada, escrita i transmesa durant generacions. I si verdaderament nos preocupa el seu futur, la pregunta no pot ser únicament qui té l’última paraula. La pregunta decisiva és molt més important: ¿QUIN VALENCIÀ VOLEM DEIXAR A LES GENERACIONS QUE VINDRAN? «Unitària» ¿vol dir catalana?

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La resposta de la RACV és contundent: considera que darrere d’eixa formulació existix una concepció de l’idioma que, baix l’aparència de reconéixer la diversitat valenciana, acaba subordinant-la a un model llingüístic essencialment català. No estem davant d’una discussió sobre una simple paraula. Estem davant de dos maneres profundament diferents d’entendre la codificació, la personalitat i el futur del valencià. Una frase que concentra tot el debat Dir que el valencià és una llengua «unitària i diversa» pot semblar, a primera vista, una fòrmula conciliadora. Permet parlar d’unitat i, al mateix temps, reconéixer particularitats territorials. Pero precisament ahí és a on la RACV situa la seua discrepància. La pregunta és inevitable: ¿unitària respecte a qué? Per a l’AVL, la resposta està determinada pel seu propi marc normatiu i institucional. L’Acadèmia sosté des de fa anys una concepció unitària compartida en el català, encara que reivindique la denominació «valencià» i determinades formes pròpies valencianes. La RACV partix d’un plantejament radicalment diferent. Considera que el valencià deu ser codificat des de la seua pròpia tradició, fonètica, lèxic, morfologia i sintaxis, sense convertir la convergència en el català normatiu en l’eix vertebrador del model. Per això la frase que tanca el comunicat és delliberadament directa: «UNITÀRIA» ¿VOL DIR CATALANA? No és una afirmació neutral ni una conclusió acceptada per tota la filologia. És la síntesis de la postura de la RACV davant del model de l’AVL. I precisament per això mereix ser explicada i debatuda, no reduïda a un intercanvi d’etiquetes. DOS MODELS QUE NO DEUEN CONFONDRE’S Una de les aportacions més importants del comunicat és que la RACV no presenta el conflicte simplement com una elecció entre un valencià «unitari» i un atre «diferenciat». Segons la seua argumentació, plantejar-ho aixina ya condiciona la resposta, perque convertix el català normatiu en el marc de referència i deixa al valencià reduït a una colecció de particularitats internes. La RACV defén una atra perspectiva: existix una tradició valenciana susceptible de ser codificada des de criteris valencians, de la mateixa manera que existix una codificació catalana desenrollada a partir de la seua pròpia tradició normativa. Ahí està el verdader fondo de la controvèrsia. No es discutix únicament si diem este o aquest, si preferim determinades formes verbals o si un diccionari accepta una paraula concreta. Lo que es discutix és quin model ocupa el centre i quin queda relegat a la perifèria. I eixa diferència és fonamental. EL VALENCIÀ NO POT REDUIR-SE A UNA SUMA DE «PARTICULARITATS» Quan una determinada concepció normativa presenta les formes genuïnament valencianes com a «variants», «particularitats» o formes territorials dins d’un conjunt superior, és comprensible que una part del valencianisme cultural es pregunte qué queda, finalment, de l’autonomia del model valencià. Perque una llengua no és únicament el nom que apareix en la portada d’un diccionari. Una llengua és també la manera de pronunciar, les paraules heretades, les construccions populars, les formes verbals, la tradició escrita, la lliteratura i la memòria colectiva dels seus parlants. Si totes eixes característiques són sistemàticament valorades en funció de la seua proximitat o distància respecte d’un atre estàndart, el debat deixa de ser purament ortogràfic. Passa a ser un debat sobre dependència normativa. 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Una normativa deu servir a la llengua; la llengua no pot convertir-se simplement en servidora de la normativa. I este és segurament un dels punts a on el debat deixa els despaig acadèmics i entra directament en la societat. ¿Per qué alguns valencians senten que el model que estudiaren en casa i el que troben en determinats àmbits oficials s’allunten? ¿Per qué determinades formes valencianes necessiten permanentment justificar la seua existència? ¿Per qué la convergència en el català estàndart és considerada normalisació, mentres que la recuperació de formes valencianes és presentada en ocasions com a secessionisme? Són preguntes llegítimes. I descalificar-les no les farà desaparéixer. UNA COSA ÉS LA FILOLOGIA I UNA ATRA, LA POLÍTICA LLINGÜÍSTICA També convé introduir una precisió imprescindible si volem que l’artícul tinga rigor. La classificació acadèmica majoritària contemporànea considera el valencià i el català varietats d’un mateix sistema llingüístic. 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A partir d’ahí, una societat democràtica deu poder discutir quin model de valencià considera més adequat sense que cada discrepància acabe convertida en una guerra d’identitats. LA RACV I LES NORMES D’EL PUIG La postura de la RACV tampoc naix ara. La institució representa una tradició normativa pròpia que té en les Normes d’El Puig una de les seues expressions més conegudes. Eixe model ha segut defés durant décades per sectors del valencianisme cultural com una codificació construïda des de la personalitat diferencial valenciana. Podem compartir-la o discutir-la. Podem comparar els seus criteris en els de l’AVL. Podem estudiar quines formes tenen major tradició documental, quines són més habituals entre els parlants o quines faciliten millor l’aprenentage. Lo que no pareix intelectualment raonable és fingir que este debat no existix. Existix. T'història. T'institucions. T'arguments. I té valencians que llegítimament defenen una opció o una atra. 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Per això, més que discutir eternament sobre una paraula, seria convenient formular preguntes concretes: ¿Quantes formes genuïnament valencianes ocupen realment el centre del model? ¿Quantes són tolerades només com a variants? ¿Quin pes té la tradició lliterària valenciana en la construcció de l’estàndart? ¿Quina relació existix entre la llengua ensenyada i la llengua tradicional de les comarques valenciaparlants? Ahí és a on el debat pot resultar productiu. DEFENDRE EL VALENCIÀ NO ÉS ATACAR A NINGÚ La defensa d’un model valencià propi no necessita construir-se contra els catalans ni contra Catalunya. Catalunya té tot el dret a preservar, normativisar i promocionar la seua llengua i la seua cultura d’acort en les seues institucions. Exactament el mateix principi deuria aplicar-se a Valéncia. Defendre la personalitat valenciana no significa odiar la catalana. Defendre les formes valencianes no obliga a negar afinitats llingüístiques. I reconéixer afinitats tampoc deuria significar exigir la renúncia a la personalitat valenciana. Eixa distinció és essencial per a evitar que una discussió cultural acabe convertint-se en una batalla identitària permanent. El valencianisme cultural té més força quan defén lo propi per lo que és, i no simplement per oposició a un atre poble. EL FUTUR DEL VALENCIÀ ES JUGA TAMBÉ EN EL CARRER Mentres acadèmies, universitats i polítics discutixen sobre unitat, codificació i normativa, existix una qüestió encara més urgent: que el valencià continue parlant-se. Una llengua no sobreviu únicament gràcies als diccionaris. Sobreviu quan els pares la transmeten als fills; quan els chiquets la senten en casa; quan els jóvens la gasten en naturalitat; quan està present en el comerç, en la música, en els mijos de comunicació, en les festes, en la cultura popular i en les noves tecnologies. Seria una enorme paradoxa que els valencians dedicàrem totes les energies a discutir sobre quin valencià i acabàrem sense suficients parlants que el mantingueren viu. Per això, la defensa de la llengua pròpia necessita dos coses simultàneament: preservar la seua personalitat i assegurar la seua transmissió social. Una sense l’atra quedaria incompleta. NI SILENCI NI DOGMES: DEBAT El comunicat de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana té valor, sobretot, perque recorda que una part de la societat valenciana no considera resolta la qüestió del model llingüístic. Podrà discutir-se la seua conclusió. Podrà rebatre’s filològicament. Podran defendre’s les tesis de l’AVL o les de la RACV. Això forma part d’una societat plural. Pero si realment volem protegir el patrimoni cultural valencià, ninguna institució deuria tindre por a les preguntes. ¿Quin valencià volem transmetre? ¿Un estàndart progressivament convergent en el català general o un model que situe les formes valencianes en el centre de la codificació? ¿Com conciliem classificació filològica, denominació estatutària, tradició escrita i realitat oral? ¿I cóm conseguim, sobretot, que els valencians continuen parlant la llengua que hem heretat? Eixes són les qüestions de fondo. La RACV ha donat la seua resposta: el valencià és valencià i el català és català. L’AVL partix d’una concepció diferent, basada en l’unitat llingüística i en la diversitat interna. El desacort és evident. I precisament perque és evident, lo democràtic no és amagar-lo, sino discutir-lo en arguments, documentació i respecte. Perque al final, per damunt de sigles, acadèmies i disputes normatives, hi ha una realitat que no deuríem perdre de vista: la llengua valenciana no és propietat exclusiva de cap institució. És patrimoni dels valencians que l’han parlada, escrita i transmesa durant generacions. I si verdaderament nos preocupa el seu futur, la pregunta no pot ser únicament qui té l’última paraula. La pregunta decisiva és molt més important: ¿QUIN VALENCIÀ VOLEM DEIXAR A LES GENERACIONS QUE VINDRAN? «Unitària» ¿vol dir catalana?

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