Valencia no solo celebra una fiesta; este año, la ciudad celebra su memoria. Al cumplirse el 700 aniversario de la instauración del Corpus Christi en 1326, las calles del centro histórico no solo huelen a la tradicional murta, sino a una historia que ha sabido mantenerse intacta frente al paso de la modernidad. La «Festa Grossa» alcanza su séptimo centenario convertida en un museo vivo que recorre el puente entre lo divino y lo profundamente humano.
700 años de la Festa Grossa
Contexto Histórico: De 1326 a 2026
Aunque la bula del Papa Urbano IV instauró la fiesta a nivel global en 1264, en Valencia fue el obispo Ramón Gastón quien impulsó su celebración en 1326. Lo que comenzó como una solemne procesión claustral se transformó rápidamente en un fenómeno de masas que fusionó el fervor religioso con el teatro popular y la identidad civil valenciana.
A lo largo de estos 700 años, la fiesta ha sobrevivido a guerras, prohibiciones y cambios políticos, consolidándose como la «Festa Grossa» por excelencia, incluso por encima de las Fallas en términos de antigüedad y carga simbólica.
El Despertar de los Gigantes
La jornada del aniversario ha comenzado, como marca la tradición, con el repique de las campanas del Micalet. Sin embargo, este 2026 tiene un matiz distinto. Las Rocas, esos monumentales carros triunfales que son el orgullo de la ciudad, lucen tras una restauración integral que ha devuelto el brillo al pan de oro y a las policromías originales. Ver la Roca Diablera o la Roca de la Valencia atravesar la Puerta de los Serranos es, hoy más que nunca, un viaje al siglo XIV.
El concejal de Fiestas señalaba esta mañana que el Corpus es «el ADN de Valencia». Y no le falta razón. Mientras otras festividades se han globalizado hasta perder su esencia, el Corpus valenciano sigue exigiendo el silencio respetuoso ante el baile de La Moma. Este personaje, vestido de blanco inmaculado y con el rostro oculto tras un antifaz, ha vuelto a derrotar a los siete Pecados Capitales en la Plaza de la Virgen, recordándonos que, tras 700 años, la lucha entre la virtud y el vicio sigue siendo un relato universal.
La Cabalgata del Convite: Agua y Tradición
Pasado el mediodía, el tono solemne ha dado paso a la algarabía de la Cabalgata del Convite. El Capellà de les Roques ha cumplido con su misión de invitar a todo el pueblo a la procesión de la tarde. Pero, como es habitual, el protagonismo se lo ha robado la «Poalà». En la calle de Cavallers, los vecinos han vertido litros de agua desde sus balcones sobre los miembros de la comitiva, una tradición que, lejos de ser un simple juego, simboliza la purificación y la alegría desbordante de una ciudad en fiestas.
Una Procesión para la Historia
El punto culminante de este centenario ha llegado con la Solemne Procesión Escénica. No es solo un desfile religioso; es una representación teatral de la Biblia en plena calle. Más de medio millar de figurantes han dado vida a los profetas, los patriarcas y los apóstoles. Los «Cirialots», con sus pesados cirios y barbas blancas, han custodiado el paso de la Custodia, considerada la más grande del mundo y una obra maestra de la orfebrería.
Este año, la participación de asociaciones culturales de toda la Comunidad Valenciana ha subrayado el carácter vertebrador de la fiesta. La música del tabal i la dolçaina ha servido de banda sonora a un evento que ha atraído a miles de turistas, pero que sigue perteneciendo, en cuerpo y alma, a los valencianos.
Un Legado que se Proyecta al Futuro
Siete siglos después de que el obispo Ramón Gastón sacara la primera procesión a las calles, el Corpus de Valencia demuestra una salud de hierro. La declaración como Bien de Interés Cultural y los esfuerzos por mantener las danzas y el bestiario (como la mítica Cuca Fera o el Drac) aseguran que la fiesta no es un fósil, sino un organismo vivo.
Al caer el sol, Valencia no solo cierra un aniversario; abre la puerta al octavo siglo de una festividad que es, ante todo, un ejercicio de orgullo colectivo. El Corpus 2026 termina, pero la «Festa Grossa» ya camina hacia su próximo hito, recordándonos que algunas cosas, por fortuna, son eternas.
Pedro Molero: El guardián del imaginario visual del Corpus Christi de Valencia
El fotógrafo y artista referente indiscutible de la «Festa Grossa» elabora el cartel de este año
Si existe un nombre capaz de detener el tiempo entre el aroma a incienso y los pétalos que cubren las calles de Valencia, ese es Pedro Molero Jiménez. El veterano fotógrafo de Requena, afincado emocionalmente en el corazón de la festividad del Corpus, ha vuelto a ser el protagonista de la antesala de la celebración con la presentación de su obra anual en el Salón de Cristal del Ayuntamiento de Valencia.
El arte de «pintar» con la cámara
La técnica de Molero ha trascendido la mera fotografía documental. A través de un minucioso proceso de tratamiento digital, el artista otorga a sus obras una pátina pictórica que recuerda a los grabados antiguos, pero con la nitidez del siglo XXI. Sus carteles y láminas no solo muestran a los personajes; los consagran.
«Mi objetivo siempre ha sido que el espectador pueda ver lo que el ojo humano pierde en la procesión: el detalle del bordado de una túnica o la simbología de un atributo bíblico», comenta el autor, cuya obra ha sido clave para la pedagogía de la fiesta.
Hitos de una trayectoria incombustible
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Calendario «De Corpus a Corpus» (2025-2026): Presentado recientemente junto a la asociación Amics del Corpus, este volumen se ha convertido en un objeto de coleccionista que marca el ritmo litúrgico y festivo de la ciudad.
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La Enciclopedia de los Personajes Bíblicos: Su exposición en la Sala dels Cavallets del Museu del Corpus-Casa de les Roques ha logrado un hito histórico: catalogar visualmente a los más de 300 figurantes que componen el desfile, desde los Gigantes hasta los marianos.
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Los Cuadernillos del Corpus: Una serie de publicaciones que actúan como memoria viva, rescatando la historia de las Rocas y las danzas tradicionales mediante un lenguaje visual contemporáneo.
Un legado para la eternidad
Reconocido como Corpusiano de Honor, Molero no se detiene. Su labor actual se centra en asegurar que el patrimonio inmaterial de Valencia no solo se conserve en libros de texto, sino que sea accesible y estéticamente impactante para las nuevas generaciones.
Como apunta Francisco Esteve, presidente de los Amics del Corpus: «Pedro no solo hace fotos; Pedro le da alma a la tradición». Con la vista puesta en el próximo mes de junio, la ciudad ya aguarda la nueva cartelería de un hombre que, cámara en mano, ha conseguido que el Corpus de Valencia sea eterno.

















