VALÉNCIA / CULTURA
La exposición «250 años. Españoles en el nacimiento de una nación», organizada por el Ministerio de Defensa, rescata del anonimato las crónicas de soldados, exploradores y mujeres que forjaron la frontera norteamericana en el siglo XVIII.
21 de mayo de 2026
¿Qué relación existe entre la fundación de ciudades como San Francisco o Los Ángeles, la mítica raza de caballos Mustang y la Guerra de Independencia de los Estados Unidos? La respuesta se encuentra en Valéncia. Con motivo del 250º aniversario del nacimiento de la nación norteamericana, la delegación del Ministerio de Defensa y el Museo Histórico Militar de la ciudad acogen la muestra itinerante «250 años. Españoles en el nacimiento de una nación».
A través de un exhaustivo recorrido documental y gráfico, la exhibición saca a la luz las crónicas de un puñado de hombres y mujeres que, bajo pabellón español, cambiaron el devenir geopolítico de América del Norte. Los paneles de la muestra desvelan pasajes históricos ocultos bajo el polvo del tiempo:
1. La geopolítica del Pacífico: De California a Alaska
El recorrido histórico arranca en un momento de ruptura litúrgica y territorial. En 1767, el rey Carlos III decreta la expulsión de la orden de los Jesuitas debido a su fidelidad directa al Papa antes que a la Corona. Para reorganizar el vasto territorio de Nueva España (el actual México), el monarca envía a José de Gálvez como «Visitador» con plenos poderes.
Ante la amenaza inminente de que rusos e ingleses se asentaran en la costa del Pacífico, Gálvez organiza en 1769 una expedición combinada por tierra y mar liderada por el capitán Gaspar de Portolá y el fraile franciscano Fray Junípero Serra. El objetivo: explorar y evangelizar la Alta California. Esta campaña supuso la fundación de más de 20 misiones que se convertirían en el germen de los estados actuales de California, Oregón y Washington, dejando su huella en topónimos tan ilustres como San Diego, Los Ángeles, San Francisco o Monterrey.
Gobernadores de leyenda: Entre las figuras destacadas de la muestra resuena el nombre de Gaspar de Portolá (nacido en Os de Balaguer, Lérida, en 1716). Tras curtirse en la frontera combatiendo las incursiones apaches, se convirtió en el primer Gobernador de las Californias (1767-1770), liderando personalmente la histórica expedición terrestre junto al teniente Pedro Fages y la Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña.
2. Alianzas indígenas y el nacimiento de las «Compañías de Indios»
Uno de los aspectos más sorprendentes de la exposición es el pragmatismo militar español en la frontera norte. Los mandos militares no tardaron en comprender que los indígenas aliados eran indispensables para contener las ofensivas de las tribus más beligerantes, como los apaches y los comanches.
A raíz del «Reglamento e Instrucción de los Presidios de Nueva España» en 1772, se estructuraron formalmente las «Compañías de indios». Estas unidades combinaban mandos veteranos de origen español o mestizo (un teniente, un alférez y dos sargentos) con tropa nativa local, principalmente de las tribus Pimas y Ópatas, bajo el mando directo de un capitán indígena. Los historiadores militares de la muestra apuntan a que estas unidades pioneras fueron el antecedente directo de los Regulares fundados en el norte de África un siglo después.
Figuras como Bernardo de Gálvez (sobrino del Visitador José de Gálvez) comenzaron su andadura militar en 1769 combatiendo en esta frontera norte. Fue allí, luchando codo con codo con Pimas y Ópatas, donde aprendió el valor táctico de las tropas indígenas, una experiencia que resultaría crucial años más tarde en sus victoriosas campañas de la Luisiana contra los casacas rojas británicos.
Simultáneamente, militares como el irlandés al servicio de España, Hugo O’Connor (gobernador interino de Texas), expandían las fronteras hacia el este desde San Antonio de Béjar, apoyándose en los míticos «soldados de cuera» y el sistema de Presidios.
3. El frente del Misisipi: Héroes en la sombra
La exposición no olvida el frente interior durante los años de la Revolución Americana. Nombres como el de Fernando de Leyba toman un protagonismo de novela. Nacido en Ceuta en 1734, Leyba pasó a la historia por su agónica defensa de la ciudad de San Luis en Misuri en 1780.
A pesar de encontrarse gravemente enfermo de malaria, Leyba repelió con éxito el ataque de un contingente de tropas británicas e indios del oeste, manteniendo el control del cauce alto del río Misisipi y cortando el contrabando inglés. Falleció apenas cinco semanas después de su victoria.
La audacia española en la región continuó en febrero de 1781, cuando el capitán Eugenio Pourré, al mando de una fuerza mixta de españoles e indígenas, atravesó un territorio salvaje e inhóspito bajo temperaturas gélidas para conquistar el fuerte británico de St. Joseph (San José, en el actual Michigan).
4. La revolución del caballo y el ganado: El origen del Mustang
Más allá de las batallas, la huella española fue biológica y cultural. La introducción de especies animales desconocidas transformó por completo la vida de las tribus americanas.
El caballo español dio origen al famoso Mesteño o Mustang (término que deriva de La Mesta, la institución medieval ganadera española). Este animal revolucionó el transporte, la caza y la guerra de tribus como los Navajos —quienes además se convirtieron en maestros del tejido de la lana de oveja española— y los Apaches. Junto a los equinos, la llegada de vacas (origen de la famosa raza Longhorn o cuernos largos) y cerdos cambió para siempre la ecología del continente.
5. El papel crucial de las mujeres en la frontera
La muestra dedica un espacio de rigurosa justicia histórica al papel de las mujeres españolas, cuya presencia en América estuvo fuertemente regulada desde el inicio mediante las «Cartas de Llamada» gestionadas en los puertos de Sevilla o Cádiz.
Dado que la falta de soldados en los Presidios fronterizos fue endémica, la seguridad física de los fuertes recaía frecuentemente en ellas. En numerosas ocasiones, ante las salidas de las patrullas militares (las llamadas «Mariscadas» para perseguir incursiones indígenas), las mujeres tuvieron que empuñar las armas y defender las fortificaciones, garantizando la continuidad de la colonización en condiciones de extremo aislamiento.
Este esfuerzo conjunto e invisible se cobró también un alto precio humano; las mujeres eran objeto de frecuentes raptos por parte de las rancherías apaches, que buscaban tanto esclavas domésticas como aportar diversidad genética a sus comunidades. Documentos de 1778 rescatan historias como las del cabo José de Mares y el Teniente Cubero, quienes tuvieron que negociar el rescate de mujeres secuestradas en San Antonio de Béjar a cambio de caballos.
Un legado que Valéncia saca a la luz
La exposición, que ha registrado una gran afluencia de público, logra su cometido: recordar que el nacimiento de los Estados Unidos no se circunscribe únicamente a las trece colonias británicas del Atlántico, sino que se fraguó también en las misiones de California, en los presidios de Texas y en el caudal del Misisipi gracias al empuje de la Corona española.
Para aquellos que quieran sumergirse en este capítulo de la historia hispana, la muestra permanece abierta en la capital del Turia como un puente de memoria entre ambos lados del océano.






















