Los vuelos ilegales sobre el centro penitenciario se multiplican y las organizaciones criminales llegan a pagar miles de euros por introducir teléfonos o droga en las celdas.
La tecnología también ha cambiado la forma de introducir contrabando en las cárceles españolas. Los tradicionales métodos utilizados durante décadas están siendo sustituidos por drones capaces de transportar droga, teléfonos móviles y otros objetos prohibidos hasta las ventanas de las celdas, una práctica que ya preocupa seriamente en el centro penitenciario de Picassent.
El último incidente se produjo el pasado 13 de junio, cuando los funcionarios localizaron un dron enganchado en uno de los focos de iluminación del módulo 6. Suspendida de la aeronave había una bolsa con dos teléfonos móviles, tarjetas SIM y cargadores que iban dirigidos a varios internos. La Guardia Civil abrió una investigación para localizar tanto al piloto como a los destinatarios del envío.
Entregas de precisión durante la noche
Los funcionarios penitenciarios advierten de que la evolución de esta técnica resulta cada vez más preocupante. Si hace apenas unos años los drones soltaban la mercancía en patios o zonas comunes, ahora realizan vuelos nocturnos de gran precisión.
Los pilotos cubren con cinta negra las luces de posición para dificultar su localización y dejan suspendidas las bolsas mediante cuerdas justo a la altura de las ventanas de las celdas. Después, los propios reclusos utilizan utensilios improvisados para recuperar la carga sin abandonar sus habitaciones.
Un negocio que mueve miles de euros
Detrás de cada vuelo existe un lucrativo negocio. Según distintas investigaciones, un piloto especializado puede llegar a cobrar hasta 6.000 euros por completar con éxito una entrega.
Los teléfonos inteligentes son el producto más cotizado dentro de prisión. Un terminal de alta gama puede alcanzar un valor similar en el mercado negro penitenciario, ya que permite a determinados internos mantener contacto con el exterior o incluso seguir coordinando actividades delictivas desde el interior del centro.
Además de móviles, en diferentes cárceles españolas también se han interceptado envíos de cocaína, hachís, marihuana, medicamentos, dinero en efectivo e incluso bebidas alcohólicas.
Una amenaza creciente en las cárceles españolas
Aunque en Picassent los casos detectados oficialmente son todavía reducidos, los sindicatos penitenciarios consideran que probablemente se hayan producido más entregas que lograron esquivar la vigilancia.
Otros centros, como la prisión de Alhaurín de la Torre (Málaga), acumulan decenas de incidentes relacionados con drones, hasta el punto de convertirse en una de las cárceles con mayor actividad de este tipo en España. La presión de los funcionarios ha llevado a Instituciones Penitenciarias a comenzar la instalación de sistemas antidrones en algunos centros.
Reclaman más medios para frenar los vuelos ilegales
Los representantes de los trabajadores penitenciarios reclaman medidas urgentes para impedir que los drones sigan burlando la seguridad de las prisiones.
Entre las propuestas plantean la instalación de mallas protectoras en las zonas donde se encuentran las ventanas de las celdas, la incorporación de sistemas antidrones capaces de detectar y neutralizar las aeronaves y el refuerzo de los inhibidores de frecuencia para dificultar el control remoto de estos dispositivos.
Mientras tanto, los vuelos clandestinos continúan convirtiéndose en uno de los principales desafíos para la seguridad penitenciaria, aprovechando la precisión y el bajo coste de una tecnología que ha abierto una nueva vía de entrada de contrabando en las cárceles españolas.















