Burgos ha vivido uno de esos días que se quedan grabados en la retina y en el corazón. La tradicional Ofrenda Floral a Santa María la Mayor ha vuelto a demostrar por qué es el acto más multitudinario, alegre y representativo de las fiestas de San Pedro y San Pablo

Miles de burgaleses y burgalesas han salido a la calle, ataviados con sus mejores sonrisas y trajes típicos, para tejer un espectacular tapiz de devoción y color en honor a la Patrona.
El ambiente era una auténtica fiesta: el murmullo de la gente, el aroma a flores frescas y ese sentimiento popular tan único que se respira cuando toda una ciudad se une por una misma tradición.
Un hermanamiento con aroma a pólvora y azahar

Si la jornada ya era especial de por sí, este año ha tenido un brillo extra gracias a unos invitados de auténtico lujo. Demostrando que las tradiciones no entienden de distancias, la Fallera Mayor de Valencia, Carmen Prades, y su Corte de Honor no han querido perderse esta gran cita.

Acompañadas por la comitiva de la Junta Central Fallera —con la vicepresidenta de Protocolo, Beatriz Ramos, a la cabeza—, las representantes valencianas han desfilado contagiando su alegría y reforzando ese entrañable lazo de hermandad que une a Burgos y Valencia. ¡Una fusión perfecta de la meseta y el Mediterráneo!


«Es un orgullo compartir esta jornada donde la cultura, el respeto y el amor por nuestras fiestas populares son los verdaderos protagonistas«, se escuchaba entre los asistentes emocionados al ver desfilar a las falleras.
Emoción a flor de piel con las Reinas de la fiesta
Como no podía ser de otra manera, el momento cumbre y más emotivo de la jornada lo han protagonizado las máximas embajadoras de la alegría burgalesa. Las Reinas de Burgos, Beatriz Plaza y Valeria Lezcano, visiblemente emocionadas, han encabezado el homenaje floral.


Acompañadas por sus Damas de Honor y por una marea de representantes de distintas entidades y colectivos de la ciudad, han depositado sus ramos en un acto que ya es historia viva de estas fiestas.
Las claves de una jornada inolvidable:
Devoción floral: Miles de ramos que transforman el entorno de la catedral en un jardín vertical lleno de vida.
Lazos de oro: La conexión Burgos-Valencia vuelve a brillar con luz propia gracias a la visita de la Fallera Mayor.
Orgullo local: Las Reinas y sus cortes de honor capitanean un día donde el sentimiento burgalés se contagia en cada esquina.
La música sigue sonando, los trajes regionales llenan las calles de movimiento y las fiestas de San Pedro y San Pablo demuestran, un año más, que Burgos sabe cómo celebrar sus tradiciones por todo lo alto.
















