El fuego, presuntamente intencionado como represalia tras la expulsión policial de la mañana, generó momentos de pánico en la calle Picayo. La densa humareda obligó a confinar y evacuar dos edificios enteros, dejando tres intoxicados por inhalación de gases.
El barrio valenciano de Benicalap ha vivido una jornada de extrema tensión y peligro que ha estado a punto de acabar en tragedia. Un virulento incendio ha destruido por completo la tarde de este jueves varios locales comerciales situados en la planta baja de la calle Picayo, apenas unas horas después de que la Policía Nacional ejecutara el desalojo forzoso del asentamiento okupa que se había consolidado de forma ilegal en su interior. La rápida propagación de las llamas, alimentadas por la gran cantidad de residuos acumulados, y una densa humareda negra obligaron a los servicios de emergencias a evacuar de urgencia a cerca de 80 vecinos de dos edificios colindantes. Tres personas precisaron atención médica inmediata tras sufrir intoxicaciones por la inhalación de los gases tóxicos.
Los hechos en Benicalap
Los hechos comenzaron a desarrollarse a primera hora de la mañana, cuando un amplio dispositivo de la Policía Nacional se personó en los números 23 y 25 de la calle Picayo para dar cumplimiento a una orden de lanzamiento y recuperar los locales comerciales deshabitados. Desde hacía meses, estos bajos habían sido convertidos de forma ilegal en un asentamiento precario donde pernoctaban decenas de personas en riesgo de exclusión e indigencia. El desalojo matutino, según confirmaron fuentes oficiales, se desarrolló de manera pacífica y sin incidentes graves notables, concluyendo con el sellado provisional de los accesos y la dispersión de sus ocupantes. Sin embargo, la aparente tranquilidad del mediodía se quebró abruptamente a media tarde.
Eran poco más de las cuatro de la tarde cuando los residentes del bloque y los comerciantes de las inmediaciones escucharon un estruendo de gran magnitud proveniente de la planta baja. Aseguran que sonó como una especie de explosión sorda, y de inmediato empezaron a oler a quemado y a ver cómo salían llamaradas directamente hacia la acera.
En apenas unos minutos, las llamas rompieron por las ventanas y portones de los locales, al tiempo que una densa columna de humo negro comenzaba a alzarse de forma vertical, ascendiendo velozmente por la fachada del edificio e invadiendo los tiros de escalera y los patios interiores.
La llamada de alerta a los servicios de emergencia desencadenó un despliegue crítico e inmediato de las fuerzas de seguridad y salvamento de la capital del Turia. Hasta el lugar de los hechos se movilizaron con urgencia una decena de patrullas de la Policía Nacional, la Policía Local y la Policía Autonómica, cuya prioridad absoluta inicial fue la protección de las vidas humanas. Los agentes procedieron a acordonar la zona de inmediato y a coordinar una evacuación exprés que afectó a cerca de 80 ciudadanos. Muchos vecinos, presas del pánico al ver la proximidad del fuego y notar que sus viviendas se llenaban de humo, bajaron a toda prisa a la calle por sus propios medios; otros, siguiendo las directrices iniciales de seguridad, permanecieron confinados en las terrazas superiores esperando las indicaciones de los especialistas.
Para la extinción del fuego fue necesaria la intervención masiva de las dotaciones de bomberos de Valencia procedentes de los parques de Campanar, Oeste y Sur. Los profesionales de la extinción se toparon con un escenario extremadamente complejo a su llegada. El interior de los locales comerciales funcionaba prácticamente como un horno: estaban abarrotados hasta el techo de colchones, ropa, maderas, enseres domésticos precarios y toneladas de basura orgánica e inorgánica. Esta altísima carga térmica sirvió de combustible perfecto para que el incendio alcanzara temperaturas extremas en cuestión de instantes, lo que dificultó notablemente las primeras tareas de ataque directo contra el foco del fuego.
A pesar de la dificultad del escenario y de la estrechez de la vía urbana, la rápida y coordinada intervención de los bomberos logró contener el avance horizontal y vertical del incendio en pocos minutos, evitando así que las llamas consiguieran propagarse hacia las estructuras habitables del primer piso. Fuentes del Ayuntamiento de Valencia confirmaron de manera oficial que el fuego no llegó a afectar de forma directa el interior de las viviendas superiores, aunque estas sí sufrieron importantes daños derivados de la acumulación de hollín y la inundación de gases. Tras extinguir las llamas principales, los bomberos prolongaron sus labores durante varias horas para asegurar la total refrigeración de los locales calcinados y proceder a las tareas de ventilación forzada de las viviendas.
En el plano de los daños personales, la Jefatura Superior de Policía informó que los servicios sanitarios asistieron en el lugar a tres vecinos del inmueble aquejados de intoxicación leve y moderada por inhalación de humo. Los afectados sufrieron problemas respiratorios al intentar descender por las escaleras comunitarias cuando el humo bloqueaba las salidas. Dos ambulancias de soporte vital permanecieron desplegadas de manera preventiva en la zona, proporcionando oxígeno e hidratación a los afectados, quienes afortunadamente pudieron ser estabilizados in situ por el personal médico sin que fuera necesario su traslado urgente hacia centros hospitalarios.
Investigación policial
Mientras los bomberos daban por controlado el siniestro, la Policía Nacional abría una investigación exhaustiva para esclarecer las causas exactas del incendio, situando el origen intencionado como la hipótesis principal del suceso. Los testimonios recogidos en el barrio refuerzan con contundencia la sospecha de un sabotaje criminal. Gran parte del vecindario sostiene que, tras completarse el desalojo por la mañana, varias de las personas expulsadas regresaron por la tarde con garrafas de líquido inflamable para prender fuego al recinto en un claro acto de venganza y represalia hacia el bloque. La Brigada Provincial de Policía Científica ya espera a que la estructura se enfríe por completo para acceder al interior de los locales y buscar restos de acelerantes o focos primarios que corroboren técnicamente esta hipótesis.
Este grave altercado ha vuelto a reavivar el profundo malestar colectivo y la preocupación vecinal existentes en el barrio de Benicalap con respecto a la proliferación de locales comerciales inactivos que acaban siendo vandalizados o convertidos en infraviviendas insalubres. La comunidad de vecinos del edificio afectado recordó que se habían interpuesto ya numerosas denuncias administrativas por los constantes ruidos, la acumulación de suciedad y los problemas de seguridad vial derivados de esta okupación conflictiva. A última hora del día, la zona permanece custodiada por patrullas policiales mientras el vecindario trata de asimilar el susto con la esperanza de que las investigaciones logren identificar y detener a los presuntos autores materiales de este ataque que rozó la tragedia.
















