El bono multiviaje sube un 67% al extinguirse la subvención autonómica. El Consell argumenta que la línea ya no conecta municipios tras el crecimiento urbano y exige al Ayuntamiento que asuma la gestión de un servicio estrictamente interno.
CULLERA. — Los usuarios habituales del autobús urbano de Cullera se han despertado este mes de julio con un severo revés en sus economías domésticas. La retirada definitiva de las subvenciones que la Generalitat Valenciana venía aplicando a los títulos de transporte ha provocado una escalada inmediata de precios, con un incremento del 67% en el coste del bono multiviaje. Detrás de esta decisión técnica y tarifaria subyace un profundo conflicto de competencias entre el gobierno autonómico y el consistorio local, fundamentado en la metamorfosis geográfica e histórica que ha experimentado el municipio en las últimas décadas.
Hasta la fecha, el servicio funcionaba bajo el paraguas de una antigua concesión de la Generalitat Valenciana. El diseño original de esta línea respondía a una necesidad histórica innegable: conectar la estación de ferrocarril de Renfe con el centro histórico del pueblo y el frente marítimo de las playas. En sus orígenes, la infraestructura ferroviaria se encontraba segregada y considerablemente alejada del núcleo urbano consolidado, lo que justificaba que la administración autonómica tutelara y financiara un trayecto de conexión intermodal para garantizar la movilidad exterior de la población y de los miles de turistas que visitan la costa.
Sin embargo, el crecimiento urbanístico sostenido de Cullera ha transformado por completo esa realidad física. En la actualidad, la trama urbana se ha expandido hasta el punto de «absorber» la estación de Renfe, que hoy se encuentra plenamente integrada y adosada al casco urbano. De este modo, lo que originalmente nació como una lanzadera de conexión exterior e interprovincial se ha convertido de facto, por pura inercia del desarrollo local, en un servicio de autobús estrictamente urbano y de consumo interno para los desplazamientos cotidianos de los vecinos de la localidad.
La línea conecta la estación de Renfe y el Centro Comercial con Cullera, la playa de Cullera (San Antonio), el Racó y parte del Faro de Cullera.
El argumento autonómico: un servicio sin carácter comarcal
Fuentes del Consell de la Generalitat han justificado la retirada de la cofinanciación al amparo de la legislación de transportes vigente. Desde el ejecutivo autonómico se ha instado formalmente al Ajuntament de Cullera a asumir la plena titularidad y gestión económica del servicio urbano. El argumento principal de la administración regional es contundente: el autobús actual atiende de forma exclusiva y pormenorizada a los residentes del propio término municipal y no cumple ninguna función de vertebración comarcal.
A diferencia de otras líneas de carácter interurbano, el vehículo de Cullera no conecta el municipio con localidades colindantes de la comarca de la Ribera Baixa como Favara, ni tampoco enlaza con los núcleos costeros inmediatamente septentrionales como el Mareny Blau o Sueca. Al limitarse su itinerario a los barrios, el centro y la costa cullerense, la Generalitat sostiene que carece de competencias legales para seguir sufragando de forma indefinida un transporte público urbano que, según la Ley de Bases de Régimen Local, es una competencia obligatoria y directa de los ayuntamientos de más de 50.000 habitantes o, en este caso, un servicio estrictamente municipal por su ámbito territorial.
El impacto en el bolsillo: El billete sencillo pasa de 1,45€ a 1,50 euros para viajeros esporádicos, pero el bono de 10 viajes se encarece drásticamente de los 6 a los 10 euros tras la supresión de las ayudas, elevando el coste de la rutina diaria.
Un sobrecoste anual de 250 euros por usuario
Las consecuencias materiales de este limbo competencial ya son una realidad en las taquillas y máquinas expendedoras. El abono multiviaje de diez trayectos, que hasta el pasado mes costaba 6 euros gracias al subsidio de la Generalitat —dejando cada viaje en 0,60 euros—, ha pasado a costar un total de 10 euros netos, lo que fija el coste unitario por trayecto en 1 euro. El billete sencillo, por su parte, se mantiene en la tarifa plana de 1,50 euros establecida por la empresa concesionaria.
Para un trabajador, estudiante o usuario recurrente que dependa de este autobús para acudir diariamente a su puesto de trabajo o para enlazar con la red de Cercanías de Valencia, las matemáticas resultan devastadoras. Los técnicos estiman que este encarecimiento de las tarifas se traducirá en un sobrecoste medio de 250 euros al año por ciudadano, una cifra sensiblemente lesiva para las rentas medias y bajas del municipio que no disponen de alternativas de movilidad privada o que optan de manera concienciada por el transporte colectivo.
La reacción municipal: municipalización y rediseño del servicio
Por su parte, el Ajuntament de Cullera ha reaccionado con dureza ante lo que consideran un abandono unilateral y una «asfixia financiera» provocada por la Generalitat. Desde el consistorio se denuncia que el fin de las bonificaciones castiga directamente a los ciudadanos de a pie como moneda de cambio de una disputa administrativa y política. No obstante, ante la firme postura del Consell de no dar marcha atrás en la retirada de las ayudas, el gobierno local ya ha comenzado a mover ficha para evitar que el perjuicio se cronifique en el tiempo.
Las cifras del año pasado hablan de en torno a 640 viajeros de la línea, lo que equivale a poco más de 1.700 viajeros al día de este municipio turístico
El ayuntamiento ha anunciado que se encuentra estudiando de manera prioritaria la asunción definitiva del transporte público como un servicio de gestión estrictamente municipal. El objetivo final del consistorio es diseñar y licitar un nuevo pliego de condiciones para un contrato de autobús urbano adaptado a las necesidades reales del siglo XXI. Esta asunción competencial obligará al municipio a dotar presupuestariamente el servicio, pero a su vez le otorgará la autonomía necesaria para remodelar por completo las frecuencias de paso, revisar y ampliar las líneas para dar cobertura a nuevas zonas en desarrollo, y restablecer desde las arcas locales un sistema propio de bonificaciones sociales que devuelva la estabilidad a los precios de los abonos de los cullerenses.
Cabe recordar que el servicio deja fuero a las zonas más turísticas del faro de Cullera, el Dosel por el norte y a Marenyet y toda la zona de costa sur por debajo de la desembocadura del Xuquer. Así los hoteles más concurridos y los principales restaurantes más conocidos quedan muy lejos de las líneas de transporte público y únicamnete se puede acceder a ellos con transporte privado.
Cabe añadir el gran problema de aparcamiento en Cullera, especialmente entre junio y septiembre donde es casi imposible encontrar (ni pagando) un hueco para dejar el vehículo en la localidad.
















