VALÉNCIA. – La Junta Central Fallera (JCF) ha anunciado la adjudicación del contrato para la redacción del proyecto de reforma y adecuación de su actual sede en la Avenida de la Plata. Una actuación puntual destinada a modernizar las instalaciones, mejorar la accesibilidad y crear espacios específicos de ensayo acústico para la Colla de Tabal i Dolçaina y la Escola de Cant d’Estil. Sin embargo, tras el envoltorio del anuncio oficial se esconde una decisión política de calado: el concejal de Fallas, Santiago Ballester, da carpetazo definitivo al más que necesario proyecto de mudanza del organismo festivo, condenando al Museo Fallero a unas estrecheces ya insostenibles donde no cabe ni un ninot más.
La reforma de las actuales dependencias, que se ubican precisamente sobre la ampliación natural del museo, paraliza de forma indefinida cualquier posibilidad de crecimiento de la pinacoteca fallera. Con esta decisión, el actual equipo de gobierno centraliza el futuro de la JCF en el mismo edificio que comparte con el museo, obviando una reivindicación histórica del colectivo festivo que exigía la separación de ambos espacios para permitir la supervivencia de la muestra cultural.
Un proyecto histórico guardado en el cajón
La masificación y el colapso del Museo Fallero no es un problema nuevo, pero la solución técnica parecía encaminada hace más de seis años. Durante la etapa del concejal Pere Fuset, el consistorio llegó a planificar formalmente el traslado de la sede de la Junta Central Fallera a un edificio de nueva planta. El emplazamiento elegido se situaba en el entorno de la calle Serrería, en una parcela estratégica entre los barrios del Cabanyal y Beteró.
Aquel proyecto de mudanza buscaba un doble objetivo: dotar a la JCF de unas oficinas modernas, accesibles y exentas de problemas de convivencia vecinal o logística, y liberar de forma íntegra el edificio de la Avenida de la Plata para que el Museo Fallero pudiera acometer su urgente expansión arquitectónica.
Parche en la Avenida de la Plata
Con la adjudicación firmada este miércoles, el departamento que dirige Santiago Ballester entierra definitivamente la vía de Serrería. El plan actual se limita a una serie de mejoras técnicas en el inmueble actual. El proyecto licitado contempla la rehabilitación de las zonas de acceso, la reforma de la escalera principal —actualmente muy deteriorada por el paso del tiempo— y el estudio para sustituir el viejo montacargas del edificio, que acumula reiteradas incidencias técnicas.
Asimismo, los trabajos pretenden habilitar salas insonorizadas para las agrupaciones musicales vinculadas a la fiesta. Si bien estas reformas optimizarán las condiciones de trabajo y ensayo de los colectivos internos, el coste político y patrimonial será el bloqueo absoluto del espacio físico disponible para salvaguardar los ninots indultats de las futuras generaciones de las Fallas, consolidando el actual estado de saturación del museo.
Los estrepitosos fracasos del Museo Fallero en la era Ballester
El Museo del Ninot no pasa por sus mejores momentos, ya que las estrecheces y los parches ya no solventan un problema: no caben más ninots y éstos están apelotonados.
La historia reciente es de fracasos para este mueso, que incluso Catalá llegó a proyectar en el actual edificio del palacio de las Comunicaciones, (correos) y llegó a presentar el proyecto, pero luego la Generalitat valenciana lo sustituyó por una casa para la obra de Sorolla, que tampoco se ha llevado a cabo por los problemas con la adjudicación de las obras para tornar Correos en un Museo para Sorolla.
Los fracasos son evidentes y estrepitosos, y con este anuncio Ballester condena al Museo Fallero y evita abrir un tema urgente y necesario, busca la comodidad propia de no hacer nada más que parchear los problemas, una nueva oportunidad perdida, porque edificios los hay de sobra para albergar la sede de JCF o el Museo Fallero ser trasladado, desde los Docs del Puerto, edificios como los Tinglados del Puerto, el edificio de hacienda en pleno centro de Valencia o múltiples edificios sin uso propiedad del Ajuntament de Valencia, lo que es necesario es voluntad política para resolver los problemas, y Santiago Ballester con su actitud ya ha demostrado no tenerla…















