Un mes después de la grave crisis vivida en Ceuta el pasado 30 de julio y tras el parón estival de la actividad política, el Gobierno central retoma el curso político mostrando una evidente fractura interna respecto a la gestión y la previsión de los acontecimientos.
Por un lado, la Ministra de Defensa, Margarita Robles, ha mostrado una postura autocrítica y ha querido pedir expresamente «disculpas» a todos los ciudadanos ceutíes por la sensación de encontrarse «abandonados» durante aquellas horas críticas. En sus declaraciones, Robles ha apuntado hacia la responsabilidad del Ministerio del Interior en lo referente a la previsión y comunicación del 30-J. La titular de Defensa ha subrayado que la inteligencia estatal cumplió con sus protocolos y que «el CNI compartió la información con las fuerzas de seguridad» con suficiente antelación para haber anticipado el escenario.
Por otro lado, la versión ofrecida desde la sede del Ministerio del Interior difiere de manera categórica. En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, el Ministro del Interior ha asegurado con rotundidad que su departamento no dispuso de ningún tipo de aviso o alerta previa sobre lo que podía ocurrir en la ciudad autónoma. Según la versión del Ministerio, no existió ningún informe de inteligencia que advirtiera de la magnitud o inminencia de los hechos antes de que se desencadenaran.
Esta discrepancia entre dos departamentos clave del Ejecutivo evidencia un evidente choque de versiones en el seno de la Moncloa justo a la vuelta del descanso del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.















