Los vecinos de este municipio del Camp de Túria acumulan semanas de tensión después de tres episodios excepcionales: la fuga de reses durante las fiestas, la evacuación por un incendio forestal y unas lluvias que volvieron a poner a prueba el alcantarillado.
En Gátova empieza a resultar difícil mirar una alerta en el móvil sin preguntarse qué puede ocurrir esta vez.
En apenas unas semanas, este pequeño municipio del Camp de Túria ha tenido que enfrentarse a tres situaciones completamente diferentes y extraordinarias: un grupo de vacas y un toro escapados durante los festejos, un incendio forestal que obligó a evacuar a la población y, ahora, unas lluvias de enorme intensidad.
Tres episodios sin relación entre sí, pero con una consecuencia común: la sensación entre algunos vecinos de llevar demasiado tiempo viviendo en alerta.
Primero, vacas y un toro sueltos
La peculiar sucesión de acontecimientos comenzó en julio, durante las celebraciones taurinas.
Un grupo de vacas y un toro escaparon durante un festejo y permanecieron sueltos por el entorno del municipio, obligando a advertir a los vecinos y a desarrollar un operativo para localizar a los animales.
Parecía una situación difícil de repetir.
Pero solo era el primero de los sobresaltos.
Un mes después llegó el fuego
A finales de agosto, la amenaza fue mucho más seria.
Un incendio forestal avanzó hasta aproximarse al municipio y las autoridades ordenaron la evacuación de sus habitantes.
Los vecinos tuvieron que abandonar temporalmente sus viviendas ante la evolución de las llamas.
Después pudieron regresar.
Pero apenas habían transcurrido unas semanas cuando el cielo volvió a colocar al municipio en situación de alerta.
“Cien litros en un momento”
Las últimas lluvias han sido el tercer episodio.
La intensidad de las precipitaciones volvió a despertar la preocupación entre los habitantes de Gátova.
Una vecina, Ana, resume lo ocurrido señalando que era imposible salir a la calle con la cantidad de agua que estaba cayendo: “Cien litros en un momento”.
La ubicación montañosa de Gátova reduce determinados riesgos de inundación, pero plantea otro problema cuando las precipitaciones son extraordinariamente intensas.
El alcalde, Jesús Salmerón, explica que la principal preocupación no era que todo el municipio pudiera inundarse, sino que el alcantarillado fuera incapaz de absorber tanta cantidad de agua en tan poco tiempo.
Y eso fue precisamente lo que ocurrió en algunos puntos.
Vecinos relatan cómo el alcantarillado dejó de tragar mientras el agua desbordaba y recorría las calles.
Tres emergencias, una misma sensación
El problema ya no es únicamente material.
Después de encadenar tres episodios excepcionales, cualquier nueva alerta puede hacer revivir las experiencias anteriores.
“Estamos angustiados totalmente, solo nos pasan desgracias”, resume Santiago, uno de los vecinos.
El psicólogo clínico Enric Valls explica que este tipo de sucesión de acontecimientos puede generar sufrimiento precisamente porque rompe con la necesidad humana de sentir que existe cierto control sobre lo que sucede.
Incendios, lluvias torrenciales o accidentes inesperados recuerdan justamente lo contrario: hay situaciones que no dependen de nosotros.
De la angustia a la resignación
No todos afrontan de la misma manera esta sucesión de sobresaltos.
Hay preocupación, pero también una cierta capacidad para adaptarse.
José Luis, otro vecino, lo resume apelando a la “paciencia y resignación” y asegurando que los habitantes de Gátova ya están acostumbrados a enfrentarse a situaciones complicadas.
Los especialistas aconsejan no ignorar las emociones que aparecen después de este tipo de experiencias. Miedo, rabia o frustración pueden ser reacciones normales cuando las emergencias se suceden en poco tiempo.
Gátova intenta ahora recuperar esa normalidad.
Las vacas y el toro ya no recorren el término municipal.
El incendio quedó atrás.
La lluvia ha pasado.
Pero después de semejante verano y comienzo de otoño, entre sus vecinos queda inevitablemente una pregunta:
¿y ahora qué?















