28 de marzo de 2026
VALÉNCIA / ALICANTE – Las calles de Valéncia y Alicante se han convertido este fin de semana en el epicentro de una movilización global que busca visibilizar una realidad a menudo ignorada: la situación de los animales acuáticos. Bajo el marco del Día Mundial por el Fin de la Pesca, el colectivo internacional Animal Save ha desplegado una serie de actos reivindicativos para denunciar lo que consideran la industria más destructiva de la historia.
Desde su inicio en 2017, esta jornada internacional —celebrada a finales de marzo— persigue la abolición de la pesca y las granjas acuícolas, fundamentando su lucha en la denuncia del especismo y la defensa de los derechos de los seres sintientes que habitan ríos y océanos.
Un impacto ético y acústico
La bióloga valenciana Rosa Mas, representante de Valéncia Animal Save, ha puesto el foco en la complejidad cognitiva de estos animales, un aspecto que la ciencia apenas comienza a desentrañar. Según Mas, la industria pesquera no solo es inaceptable por su impacto ambiental, sino por la ruptura de estructuras sociales profundas.
«Para los peces, la comunicación sonora es tan vital como el canto para las aves. Redes y anzuelos dejan tras de sí un silencio mortal», declara la bióloga.
Mas advierte que las vocalizaciones son determinantes para la supervivencia, la reproducción y la defensa del territorio. En este sentido, la experta señala que el «supremacismo humano» ha reducido a estos individuos a meros recursos económicos, ignorando su capacidad de sentir y comunicarse.
Las cifras del colapso: Un conteo en billones
A diferencia de la ganadería terrestre, donde el recuento de víctimas se hace por unidades, la industria pesquera suele contabilizar sus capturas en toneladas, lo que invisibiliza la magnitud de la mortandad. No obstante, las estimaciones globales anuales arrojan datos escalofriantes:
Un reciente estudio de Metabody y Rebeldes Indignadas refuerza estas tesis, calificando a la pesca y la acuicultura como las principales fuentes de destrucción de los océanos, situándolas por encima de la ganadería tradicional en términos de impacto ecológico devastador.
Hacia una transición alimentaria
El coordinador de Dénia Animal Save, Álvaro Tarancón, ha apelado a la empatía ciudadana durante las jornadas informativas. «Detrás de cada red, hay una historia de vida arrancada del agua», explica, instando a la sociedad a dejar de ver a los peces como meros «platos» para reconocer su derecho a existir en libertad.
Las organizaciones convocantes subrayan la urgencia de transicionar hacia dietas 100% vegetales. Según los activistas, la tecnología alimentaria actual permite replicar sabores y texturas marinas mediante productos de proximidad, eliminando la necesidad de la explotación animal. Además, exigen el fin de los espectáculos en acuarios y la implementación de una pedagogía antiespecista desde la infancia para garantizar un futuro más compasivo.
















