Estimado señor José María:
No tengo el gusto de conocerle pero he podido corroborar, al realizar la presentación de mi libro “Siete Veces Fusilado. Memoria histórica del doctor Albiñana” en Enguera, que usted existe.
Durante más de dos años ha sido como si viviera con su abuelo, el doctor José Maria Albiñana, y a través de sus múltiples escritos, libros y artículos, he investigado lo más a fondo que he podido su trayectoria. Naturalmente las cuestiones familiares no aparecen en estos documentos y aunque sí que constaba el matrimonio de su abuelo con una bellísima señorita de Xàtiva, no se ampliaba mucho más este asunto.
Me han interesado siempre los temas desconocidos, y sin duda su abuelo es uno de los valencianos más vilipendiados del siglo XX. Apenas se ha hablado de él, y lo poco que se ha hablado ha sido desde la ignorancia, para denigrarlo y borrarlo de la historia. La calle que tenía en Valencia se la arrebató un alcalde socialista que actualmente es homenajeado por el partido que tanta oposición le hizo, mientras que la auténtica gran alcaldesa Rita Barberá es olvidada por quienes más deberían enaltecerla.
El doctor Albiñana fue y es un intelectual brillante, porque el intelecto perdura en sus textos. Fue un erudito inconformista, doctor en todo lo que se podía doctorar un joven de su generación: Derecho, Medicina y Filosofía y Letras. Emigrante cuando se hartó del sistema caciquil español, adalid en contra de la leyenda negra cuando fue agricultor en México y hasta eñ fin un defensor de lo que para él eran verdades trascendentales.
Nunca tuvo miedo de significarse en sus opiniones y llevó estas convicciones a tal extremo que sacrificó hasta su propia vida. No lo mataron de una maner usual, sino quelo torturaron física y mentalmente todo lo que pudieron.
En todo lo que he investigado, a diferencia de otros políticos de la primera mitad del siglo XX, no he encontrado ningún crimen cometido por sus manos un por su intelecto, ningún delito y ningún pecado que le mereciera ninguna condena. Hasta lo que yo he podido averiguar no hay nada execrable en su conducta, y por tanto no hay ninguna vergüenza que legar a sus descendientes. Todo lo contrario: orgullo y gallardía de un estilo que hoy en día escasea. Su legado es un tesoro moral incuestionable.
El doctor Albiñana quiso regenerar la política española con una ideología plenamente española, y dejó por escrito que no admitía el fascismo italiano, que consideraba propio de Italia; ni el nazismo alemán y ni mucho menos el comunismo ruso. Quiso que España volviera a ser una potencia internacional con un recalcar acentuado de su propia idiosincrasia. Nada hay que censurar en esta actitud, que puede ser criticable como todas las otras opiniones, pero que en este caso se presenta como sana, honesta y trasparente. Todas sus propuestas son positivas y constructivas, y subrayadas por un excepcional sentido común.
Don José María Albiñana jamás fue un “enchufado” de las circusntancias. Solo tuvo un cargo público en toda su vida: ser diputado elegido democráticamente en dos ocasiones por la provincia de Burgos. En un parlamento ensuciado por asuntos tan turbios como el estraperlo jamás se le pudo acusar de ninguna corruptela ni nunca creo que se le pasara por la cabeza usar su escaño para nada más que salvar su vida, cosa que al final no logró.
Este doctor prodigioso consiguió que todos los odiaran, tanto la derecha como la izquierda, y es sintomático que incluso después de la guerra civil nadie se atreviera a reeditar sus libros durante todo el franquismo, ni después del franquismo. Esto da idea de su grandeza, la absoluta independencia personal de las que muchos presumen pero que muy pocos poseen.
Por supuesto, jamás pudo ser franquista, porque fue asesinado meses antes de que el General Franco fuera proclamado Jefe del Estado. Por supuesto, no pudo matar a nadie durante la contienda civil porque el fue uno de los primeros muertos. Los años anteriores fueron un suplicio para su mente, y con transgresora ironía denominó a aquel período trágico “la dictadira republicana”.
A muchas personas nos han calumniado y nos han vejado en España por nuestras ideas y posiciones, llegando a la invención de injurias inverosímiles. Puedo comprender como se las hicieron pasar sus adversarios porque a mi también me han acusado de cientos de ofensas que se derrumbaron cuando las llevé ante los tribunales. Contra el doctor Albiñana utilizaron hasta sus desavenencias matrimoniales, una intromisión cruel y vil en su vida más íntima. Porque un hombre que amó tanto a sus semejantes, a imitación del mensaje de Cristo, seguro que sus últimos sentimientos fue seguramente hacia esa familia que dejaba huñerfana.
Le escribo esta carta, aunque no le conozco personalmente, porque me duele mucho que sus descendientes directos se puedan tragar el sapo de que este hombre fue un monstruo. He tenido la dicha de conocer en Enguera a parientes que lo valoran en su justa medida, y a través del teléfono a su valerosa sobrina nieta Concha Mari, que lo homenajea cumplidamente en la Sevilla donde vive.
Me dijeron, don José María nieto de don José María, que los descendientes de su única hija viven por Navarra, y que seguramente están imbuidos por esos temores humanos que ninguna persona honrada debe permitir que esclavicen sus criterios.
Todos han estado en contra del doctor Albiñana siempre, y eso resulta muy sospechoso. Lo han culpado de todo, pero yo no he encontrado ninguna condena concreta. Me gustaría que usted y todos sus familiares leyeran mi trabajo y permitieran a su ilustre abuelo que les hable en sus conciencias a través de mi humilde transcripción literaria.
No se pongan ustedes a la altura de esos políticos locales que, dominados por la ignorancia, han despreciado la presentación del libro y la han boicoteado de todas las maneras posibles, no cediendo un local municipal para quien posiblemente ha sido su hijo más ilustre, y huyendo directamente de asistir al actor por miedo a que les acusen de no se sabe qué. Que desgracias tener gestores tan cortos de mira, tan timoratos ante una lucidez que no entienden ni podrán jamás entender desde la mezquindad.
Yo les dictamino, después de tantas conversaciones imaginarias como he compartido con él, que deben estar muy orgullosos de su antepasado. Y ya ha visto que yo no he entrado en política ni en partidismos absurdos, yo solo quiero recalcar su gran calidad humana. No se trata de que nadie asuma en estos momentos unas ideas que nacieron hace 100 años, porque su vigencia o su obsolescencia siempre será discutible, pero sí que hay que conocer al personaje, y también reconocerlo. Mártir, héroe, loco como un Quijote idealista. Denle un abrazo espiritual porque se lo merece de verdad, igualmente que no se merece todo lo que le pasó. Reencuéntrense ustedes, todos los descendientes y parientes, con ese hombre íntegro y coherente que miró más por su país que por él mismo.
Reciban mis saludos más cordiales.
Fotografía de portada: Mausoleo del doctor Albiñana en el cementerio de Enguera.
Presentación en Enguera de «Siete veces fusilado», la memoria recuperada del Doctor Albiñana
















