Hay científicos que buscan vida en Marte. Otros intentan curar enfermedades. Y luego está José Félix Tezanos, que según sus críticos ha conseguido algo mucho más complicado: encontrar votantes donde nadie más los ve.
El último CIS de mayo de 2026 ha vuelto a sorprender al país otorgando al PSOE una ventaja de más de 11 puntos sobre el PP. Una cifra tan espectacular que algunos ciudadanos comprobaron si estaban leyendo un sondeo electoral o la clasificación de una liga infantil entre el Real Madrid y el equipo del barrio.
Lo más curioso es que el resultado llega en un momento especialmente delicado para el Gobierno. Las investigaciones relacionadas con Leire Díez, las informaciones sobre Zapatero y diversas polémicas políticas han monopolizado titulares durante semanas. Pero el CIS parece vivir en una realidad paralela donde nada de eso existe.
Los críticos sostienen que el organismo dirigido por Tezanos funciona como esos profesores optimistas que corrigen un examen y deciden que un 4,2 merece convertirse en un 8 porque «el alumno se esforzó mucho».
La teoría del PP es sencilla: cuando el CIS publica una encuesta, el PSOE aparece más fuerte que un superhéroe de Marvel después de tomarse cinco cafés. Mientras tanto, el PP parece sufrir una misteriosa pérdida de votantes durante el trayecto entre la urna y la hoja de cálculo.
La situación ha llegado a tal punto que el Partido Popular ha denunciado a Tezanos al considerar que las estimaciones podrían estar favoreciendo artificialmente al PSOE. Sin embargo, el presidente del CIS mantiene que sus estudios siguen criterios científicos.
Y ahí es donde aparece la gran paradoja.
El mismo sondeo que concede una enorme ventaja electoral al PSOE señala que una amplia mayoría de españoles declara tener poca o ninguna confianza en Pedro Sánchez. Es decir, según la encuesta, millones de ciudadanos desconfían del presidente… pero después correrían ilusionados a votarle masivamente.
Un fenómeno sociológico tan extraordinario que probablemente merecería un estudio aparte.
Quizá en el futuro los investigadores hablen de ello como «El Efecto Tezanos»: cuando los datos parecen decir una cosa, pero la cocina estadística consigue preparar otra completamente distinta.
Mientras tanto, cada nuevo barómetro del CIS se ha convertido en un acontecimiento nacional. Ya no se analiza como una encuesta. Se espera como quien espera el sorteo de Navidad, preguntándose cuál será la cifra mágica de esta vez.
Porque si algo ha conseguido José Félix Tezanos es unir a media España en una misma pregunta:
—¿De verdad sale eso en la encuesta?
Y justo después, otra aún más importante:
—¿Dónde encuentran a esos encuestados?
















