Por Redacción Judicial Torrevieja, 14 de mayo de 2026
El calvario de «Maikel», un perro que perdió la vida tras días de exposición extrema al sol en una azotea de Torrevieja, ha encontrado finalmente un cierre en los tribunales. Este jueves, la Sección de lo Penal del Tribunal de Instancia de Orihuela ha dictado una sentencia de conformidad que condena a la propietaria del animal por un delito continuado de maltrato animal con resultado de muerte. El fallo llega tras un intenso proceso impulsado por el Partido Animalista (PACMA) y la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA).
Los hechos, que se remontan a agosto de 2022, conmocionaron a la opinión pública nacional tras la difusión de unas imágenes desgarradoras en prensa y redes sociales. En ellas se observaba la agonía del can, atado permanentemente en un solárium sin refugio ni hidratación adecuada durante una de las olas de calor más intensas del verano alicantino. Según el relato de las acusaciones, la negligencia no fue un episodio aislado, sino una conducta prolongada que derivó en un golpe de calor fatal, provocando hemorragias orgánicas masivas y el fallecimiento del animal.
La audiencia preliminar, señalada originalmente para las 11:30 horas de este 14 de mayo, se resolvió con celeridad tras el acuerdo alcanzado entre las partes. La acusada reconoció los hechos descritos en el escrito de acusación presentado por las entidades animalistas, aceptando una pena de doce meses de prisión. No obstante, al no contar con antecedentes penales y ser la condena inferior a los dos años, la ejecución de la privación de libertad quedará suspendida bajo la condición de no reincidir en ningún delito durante el periodo legalmente establecido.
Más allá de la pena de cárcel, la sentencia impone una inhabilitación especial de cuatro años para el ejercicio de cualquier profesión, oficio o comercio que tenga relación con animales. De igual forma, la condenada no podrá convivir ni poseer animales en su domicilio durante este periodo, una medida que PACMA y FAADA consideran vital para garantizar la seguridad de otros seres vivos y evitar que se repita una tragedia similar.
Polémica y actuación institucional
El caso de Maikel no solo destacó por la crueldad de su muerte, sino también por la fuerte polémica política y social que generó en la localidad. Durante meses, se cuestionó públicamente la diligencia de la Policía Local y la gestión de la entonces concejala de Protección Animal, Concha Sala. Las críticas se centraron en la aparente falta de intervención a tiempo para rescatar al animal, a pesar de que los indicios de sufrimiento eran visibles y habían sido reportados por vecinos.
Desde las organizaciones denunciantes, el sentimiento tras la vista judicial es agridulce. Aunque celebran que exista una condena en firme que reconozca el maltrato, subrayan que las penas contempladas en el Código Penal para estos casos siguen siendo «insuficientes» ante la gravedad de la pérdida de una vida en condiciones de tortura. «Este tipo de resoluciones son fundamentales para seguir avanzando en la persecución penal del maltrato animal y para sentar precedentes, pero el sistema judicial aún debe evolucionar para proteger con mayor contundencia a quienes no tienen voz», afirmaron portavoces de PACMA a la salida del juzgado.
Un precedente necesario
FAADA, por su parte, hizo hincapié en la importancia de la colaboración ciudadana y la perseverancia judicial. «El caso de Maikel salió a la luz gracias a la valentía de quienes grabaron y denunciaron la situación. La pasividad ante el maltrato es una forma de complicidad», señalaron. La fundación recordó que situaciones similares ocurren a diario en terrazas y balcones, donde animales son olvidados a merced de las inclemencias meteorológicas.
La muerte de Maikel se ha convertido en un símbolo de la lucha contra el maltrato animal en la Comunidad Valenciana. Con esta sentencia, se cierra un capítulo judicial que ha durado casi cuatro años, dejando una advertencia clara: la negligencia extrema en el cuidado de los animales tiene consecuencias penales. La imagen de las últimas horas de vida del perro, que sirvió como prueba fundamental en el proceso, queda como un recordatorio sombrío de la urgencia de aplicar con rigor las leyes de bienestar animal para prevenir que el abandono y la crueldad queden impunes.
Con la firma de la conformidad por todas las partes, la sentencia adquiere firmeza inmediata, poniendo punto final a uno de los casos de maltrato animal más mediáticos de los últimos años en la Vega Baja.
















