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El periodista e historiador Baltasar Bueno ofreció una ponencia organizada por Archival en la Real Maestranza de Valéncia, sede de la Hermandad Monárquica de España en Valéncia, ante un numeroso público que abarrotó la Sala Noble.
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El periodista Vicente Quintana leyó el texto de la conferencia porque Baltasar Bueno estaba afónico aunque cada poco ampliaba las notas de la conferencia con muchas anécdotas.
La historia oficial atribuye la conquista de la taifa musulmana de Valéncia en 1238 al afán expansionista y militar del rey Jaime I el Conquistador. Sin embargo, los hechos que desencadenaron dicha campaña militar responden a un origen de estricto carácter canónico. La intervención militar fue, en realidad, una penitencia obligada por la Santa Sede para levantar al monarca una pena de excomunión por un delito grave cometido contra la Iglesia.
Esta revelación articuló la conferencia pronunciada por Baltasar Bueno, organizada por la asociación Archival. El acto tuvo lugar en la canteada sede de la Hermandad Monárquica de España en Valéncia, ubicada en la Real Maestranza de Valéncia, donde un numeroso público abarrotó la Sala Noble para escuchar los pormenores históricos de este acontecimiento.
Un conflicto episcopal y una penitencia papal
El origen de la excomunión se remonta a 1235, cuando el papa Gregorio IX dictó la máxima sanción canónica contra Jaime I. El monarca había ordenado la detención y el encarcelamiento en Huesca de Bernardo de Monteagudo, obispo electo de Zaragoza. Al no ser un candidato de su agrado, el rey impidió su consagración con la intención de colocar en la sede episcopal a un allegado personal.
Afectado por una grave enfermedad, el soberano solicitó confesión, pero fue advertido de que la absolución de una pena de excomunión exigía un procedimiento especial reservado a la Santa Sede. En 1237, el Pontífice encomendó a San Raimundo de Peñafort la absolución del monarca, imponiéndole como penitencia indispensable la conquista de la taifa de Valéncia bajo la figura jurídica y eclesiástica de Cruzada.
| Hito Histórico | Detalles de la Cruzada y la Capitulaciones |
| Bula e Indulgencias |
Roma otorgó indulgencias plenarias, logrando la implicación masiva de nobles y de las tropas de ocho obispados (Zaragoza, Huesca, Albarracín, Tarragona, Barcelona, Gerona, Lérida y Tortosa). |
| Estrategia Bélica |
Sobresalió el apoyo bélico del arzobispo de Nantes, Pedro Aymillo, quien planificaba tácticas de guerra directamente con el rey. |
| Pacto de Capitulaciones |
Firmado en el solar del actual Convento de los Ángeles de Russafa, tras infructuosos intentos del rey musulmán Zayyán por recibir refuerzos de la Armada de Túnez. |
| Condiciones de Salida |
Mediadas por la reina consorte, se garantizó a los musulmanes un plazo de cinco días para abandonar la ciudad de forma segura hacia Cullera. |
La toma de la ciudad de Valencia y el destino del Reino
El 26 de septiembre de 1238 se ordenó izar el Senyal Real en la torre del Temple para señalar la rendición. Aunque la entrada oficial y solemne se fija el 9 de octubre, las crónicas documentan que Jaime I penetró de inmediato en la urbe para repartir el botín entre los nobles y prelados participantes. Mientras las fuentes aragonesas destacaban la benevolencia del pacto, la historiografía islámica apodó a Jaime I «El Tirano», reflejando el despojo patrimonial y la expulsión forzada.
El conflicto con la Iglesia no terminaría ahí: en 1246, el papa Inocencio IV volvió a excomulgar al monarca tras ordenar cortarle la lengua al obispo de Girona, Berenguer de Castellbisbal, al acusarle de violar el secreto de confesión.
Antes de morir en Alzira, y ante las continuas rebeliones mudéjares en las comarcas montañosas, Jaime I instó a su hijo, el infante don Pedro, a expulsar a la población musulmana del Reino de Valéncia, recordando la promesa formulada en el altar de Santa María de Valéncia y respaldada por la Bula papal.
En la conferencia Baltasar Bueno nos dejó muchas pistas insólitas de la huella de los valencianos en el exterior y que dan pistas sobre la historia local, contada por otras fuentes.
El Martirio de dos santos por Abu Zayd
El episodio histórico corresponde al martirio de los beatos Juan de Perusa (sacerdote) y Pedro de Sassoferrato (hermano laico), dos frailes franciscanos enviados en las primeras misiones hispánicas de la orden a comienzos del siglo XIII.
Los hechos y el ambiente en Balansiya (1228)
En torno al año 1228, los frailes viajaron desde Teruel —donde residían— hacia Balansiya (Valencia), que se encontraba bajo el mandato del último gobernador almohade de la ciudad, Abū Zayd (conocido en la historiografía cristiana como el Rey Zeit o Moro Zeit).
Los franciscanos comenzaron a predicar públicamente la doctrina cristiana y el Evangelio en las plazas de la ciudad musulmana. Abu Zayd obligado por la corte árabe a pesar de la libertad de culto en Balansiya donde habían 65.000 cristianos, se vió obligado a detenerlos al predicar por las calles, ya que provocaron revuelo social y las autoridades almohadas los arrestaron por desacato e intolerancia religiosa.
La advertencia y el cadalso
Al ser llevados ante la presencia del gobernador Abū Zayd, se les dio la oportunidad de retractarse. Ante su negativa a renunciar a su fe, el monarca ordenó que fueran degollados o decapitados.
Según la tradición de las crónicas franciscanas y la hagiografía medieval:
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La profecía sobre el reino: Antes de sufrir la decapitación, los religiosos advirtieron al monarca que la soberanía islámica sobre Balansiya estaba a punto de extinguirse y que él perdería muy pronto el trono.
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La conversión: Profetizaron que el propio Abū Zayd terminaría abrazando el cristianismo y renegando del islam.
El cumplimiento de la profecía
Los sucesos políticos posteriores discurrieron en una dirección compatible con la profecía:
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Pérdida de Balansiya (1229): Pocos meses después de la ejecución de los frailes, una revuelta popular islámica liderada por Zayyān ibn Mardanīš destronó a Abū Zayd en Valencia, obligándolo a huir hacia el norte y buscar refugio en tierras aragonesas.
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Alianza con Jaime I y bautismo: Para recuperar influencia y tierras, Abū Zayd se alió con el rey Jaime I el Conquistador mediante el Tratado de Cazorla/Tarragona. Con el tiempo, Abū Zayd abjuró formalmente de la fe islámica y se convirtió al cristianismo, adoptando el nombre de Vicente Bellvís.
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Legado posterior: Tras su conversión, el antiguo rey musulmán actuó como vasallo cristiano y donó numerosos bienes a la Iglesia, llegando a fundar templos y monasterios en sus nuevos dominios (como en la comarca del Alto Palancia).
Los dos clérigos decapitados en Valencia fueron beatificados por la Iglesia Católica en 1705 y son venerados como patrones y mártires en la ciudad de Teruel.
La otra historia de curiosidades de la Valencia de Abu Zayd y de Jaume I
Las crónicas árabes de la capitulación revelan cómo el «paraíso terrenal» de Balansiya transformó el norte de África tras el sitio de Jaume I y la diplomacia con el rey Abu Zayd.
La historia oficial escrita por los vencedores suele reducir la capitulación de Valéncia en 1238 a un simple episodio militar de conquista. Sin embargo, los manuscritos y testimonios de los cronistas árabes exiliados ofrecen una perspectiva radicalmente distinta y reveladora. Lejos del mito que dibuja una población bárbara o primitiva, los textos andalusíes retratan la pérdida de Balansiya como una tragedia apocalíptica: la caída de la «Ciudad de la Pólvora», la joya del Levante y el paraíso terrenal en la Tierra.
En sus elegías, pensadores e historiadores como Ibn al-Abbar rememoraban con nostalgia la magnificencia de una urbe refinada: «Valéncia era un milagro en la tierra donde las aguas corrían entre jardines por sus acequias». Sus palabras evocan pasajes del Corán sobre el Jardín del Edén, describiendo un territorio dotado de una red hidráulica sin parangón y una arquitectura urbana floreciente.
Un crisol multiculturar de 187.000 almas
Bajo el dominio del último rey almohade de la taifa de Valéncia y Murcia, Abu Zayd, la capital no era un bastión monolítico, sino un próspero crisol cultural. Las crónicas locales de la época registran una población metropolitana que alcanzaba hasta 187.000 habitantes. De este censo, unos 120.000 eran musulmanes, 65.000 cristianos y cerca de 2.000 judíos.
Esta convivencia pacífica permitía a cada comunidad conservar su fe, sus instituciones y su propio idioma. Templos como la iglesia de La Roqueta y otros santuarios cristianos permanecían abiertos y activos bajo dominio musulmán, permitiéndose incluso la celebración pública de la Semana Santa. En las calles resonaba un habla plural: un dialecto mozárabe valenciano, derivado del latín pero profundamente influido por el árabe.
El historiador Baltasar Bueno ha destacado cómo Abu Zayd, tras sus alianzas y pactos, puso tropas al servicio de Jaime I. El conquistador aragonés no disponía de un ejército propio profesional al inicio de la campaña, por lo que fue reclutando hombres y cerrando acuerdos a medida que avanzaba por el territorio.
Cabe recordar que el último rey almohade de Valencia, Abu Zayd, que poseía las taifas de Balansiya y Murcia acabó convirtiéndose al cristianismo y tomando el nombre de Vicente Bellvís.
La diplomacia frente a la fuerza: El pacto como estrategia
A diferencia de la narrativa popular que atribuye el cambio de era a sangrientas batallas campales, la estrategia de Jaume I destacó por su labor diplomática. El monarca aragonés prefería el pacto antes que el asedio devastador. Un ejemplo emblemático ocurrió en Paterna, donde no hizo falta un enfrentamiento armado: los ceramistas y alfareros locales negociaron directamente sus capitulaciones con el rey, asegurando el mantenimiento de sus talleres y manufacturas pueblo a pueblo.
El cerco a la capital, no obstante, obligó finalmente al emir Zayyan a capitular. Las condiciones de la rendición estipularon un plazo de diez días para que los musulmanes que no desearan someterse al nuevo régimen cristiano abandonaran libremente la ciudad con sus bienes muebles. Dicho plazo venía a cumplirse la tarde del 8 de octubre de 1238, permitiendo la entrada triunfal de las tropas de Jaume I el 9 de octubre en la bautizada como Cap i Casal.
Aquellos que decidieron permanecer sufrieron un severo cambio de estatus legal y económico. Las propiedades agrícolas y urbanas fueron desposeídas para pasar a manos de los nuevos pobladores cristianos, convirtiendo a los antiguos dueños en inquilinos sujetos a las leyes del Reino de Valéncia recién constituido.
El gran éxodo: La herencia valenciana en Túnez
Miles de familias que rechazaron el sometimiento emprendieron el exilio hacia el norte de África, fijando su principal destino en la actual Túnez. Este éxodo no solo trasladó personas, sino también siglos de innovación, cultura y conocimientos técnicos que transformaron la vida magrebí.
| Ámbito Cultural | Aportación del Exilio Valenciano en Túnez |
| Agricultura e Hidráulica | Introducción del naranjo, el granado y la red de riego mediante acequias y azudes. |
| Vestimenta y Textiles | Uso del zaragüell y tejidos tradicionales valencianos, hoy traje típico tunecino. |
| Gastronomía | Técnicas de secado de pasas, turrones, hojaldres y repostería a base de miel. |
| Música e Instrumentos | Preservación de la instrumentación medieval y formas de la música andalusí. |
| Vida Social | Costumbre de socializar en bares y plazas para conversar y debatir. |
Los exiliados introdujeron en el suelo tunecino los cultivos de cítricos como la naranja y frutas como la granada, aplicando las avanzadas ingenierías de canalización, azudes y norias perfeccionadas durante generaciones en la huerta valenciana.
En el vestir, el tradicional zaragüell y la confección de telas valencianas acompañaron a los refugiados. Hoy en día, estas prendas continúan formando parte del traje típico festivo en diversos pueblos de Túnez. Del mismo modo, la música medieval valenciana y sus instrumentos se integraron en el patrimonio tunecino, donde aún se conserva esta rica herencia sonora.
Incluso los hábitos cotidianos cruzaron el Mediterráneo: la arraigada costumbre social de juntarse en los bares o en las plazas entre amigos y vecinos para conversar, debatir y compartir noticias fue exportada por estos valencianos medievales. En el ámbito gastronómico, la elaboración del turrón, la repostería de hojaldre con miel y el secado artesanal de frutos como las pasas siguen recordando el origen común.
Un reino erigido sobre los cimientos de Balansiya
La lectura de las crónicas árabes demuestra que el nacimiento del Reino de Valéncia por obra de Jaume I no se produjo sobre un vacío cultural, sino sobre la estructura consolidada de la taifa de Balansiya.
Comprender la rendición de la «Ciudad de la Pólvora» a través de las voces de sus exiliados permite superar visiones parciales y reconocer el legado andalusí que aún perdura, tanto en la propia identidad valenciana como a miles de kilómetros de distancia en las costas del norte de África.


















