VALENCIA.— Lo que en su día fue vendido a bombo y platillo como un hito de la vanguardia ecológica de la ciudad, hoy no es más que un monumento a la dejadez y un peligro latente para la seguridad ciudadana. El denominado “bosquecillo sostenible”, ubicado de forma estratégica junto a la Puerta del Parque de Benicalap y situado entre los históricos entornos de la Alquería del Moros y de La Torre, se ha transformado en un auténtico polvorín vegetal. Con apenas un lustro de vida, este espacio público, lejos de ser un pulmón verde, evidencia la gestión más nefasta en materia de parques y jardines que ha sufrido Valencia en la última década. El Ayuntamiento de Valencia no solo ha abandonado la vegetación; ha arrastrado consigo el patrimonio histórico y la tranquilidad de los vecinos de la zona.
Hablar de abandono es, en este caso, ser extremadamente generoso. Lo que se percibe sobre el terreno es una total e intolerable dejadez institucional. Las malas hierbas han crecido de manera desproporcionada, adueñándose de cada rincón de un proyecto que nació con pretensiones sostenibles y ha muerto por inanición administrativa. Con la llegada inclemente del calor estival, toda esa masa vegetal descontrolada se encuentra hoy completamente seca. Si a esto le sumamos la suciedad acumulada que los servicios municipales parecen ignorar de forma sistemática, el resultado es el candidato perfecto para convertirse en una tea colosal ante la menor chispa. Un espacio degradado, asilvestrado y convertido en una bomba de relojería cuyo incendio no solo calcinaría el propio entorno, sino que se propagaría sin control hacia las viviendas colindantes y hacia las alquerías históricas que flanquean el recinto.
Patrimonio en peligro: BRL y BIC desprotegidos y carreteras improvisadas
El peligro adquiere tintes de escándalo histórico cuando se analiza el entorno de la alquería dels Moros y la Casa del Senyor, así como de la alquería de la Torre (BRL). Estos baluartes del patrimonio valenciano, declarados Bien de Interés Cultural (BIC), sufren una agresión diaria consentida por el propio consistorio. Los bolardos que originalmente se instalaron en el camino adyacente para impedir de forma estricta el paso de vehículos pesados y turismos simplemente han desaparecido. Ante la pasividad del Ayuntamiento, la zona se ha convertido en una vía libre por la que circulan impunemente vehículos motorizados a escasos centímetros de los muros históricos de los BIC, acelerando su degradación estructural y poniendo en riesgo su integridad.
A este dantesco escenario se suma el estado de los terrenos particulares adyacentes, que albergan un histórico horno de cal de incalculable valor etnológico, abandonado a su suerte entre el polvo, la maleza y la basura. La estampa general del entorno de Benicalap no es la de una capital moderna que presume de galardones verdes, sino la de una periferia olvidada, pasto de la decadencia y la ruina.
El agujero negro del Casino Americano y el legado de la inacción
La degradación de la zona no solo es paisajística y ecológica; es también social y de seguridad pública. Las alquerías de la zona se encuentran sumidas en una desprotección absoluta. El caso más sangrante es el del denominado Casino del Americano. Recientemente, la Policía Autonómica se vio obligada a intervenir para desalojar a los ocupas que se habían instalado en su interior y en otras edificaciones históricas de los alrededores. Los agentes comprobaron cómo se habían realizado butrones en las paredes para colarse y habitar de manera ilegal estos inmuebles municipales.
Conviene recordar que el Casino del Americano está bajo la tutela directa de la Concejalía de Parques y Jardines. En su interior se produjo un grave incendio hace ya años, precisamente cuando la concejalía estaba en manos del concejal Juanma Badenas —ahora responsable de Patrimonio Municipal—. A día de hoy, los ciudadanos valencianos siguen esperando unas explicaciones claras y transparentes sobre lo sucedido en aquel siniestro, así como la presentación de un proyecto serio y real para la recuperación de dicha alquería por parte del Servicio de Parques y Jardines. El silencio administrativo en torno a este patrimonio es ensordecedor.
Una gestión nefasta que trasciende siglas políticas
La realidad incontestable es que el Servicio de Parques y Jardines mantiene la jardinería de la zona en un estado de desamparo absoluto. Y no, en este caso no es válida la recurrente excusa de la falta de presupuesto. Es un problema de incapacidad técnica y desidia política. No es casualidad que el abandono de la jardinería siga liderando las quejas municipales de la ciudadanía en Valencia. Estamos ante una parálisis que trasciende los nombres propios pero que señala directamente a los responsables políticos.
Los dos años del concejal Juanma Badenas al frente de la Concejalía de Parques y Jardines pasaron prácticamente en blanco, caracterizados por la inacción y las promesas vacías. Tras el relevo, y habiendo transcurrido ya un año completo bajo la gestión de la nueva concejal, Mónica Gil, la situación no ha mejorado un solo ápice: persisten exactamente los mismos problemas, la misma desidia y el mismo peligro de incendio e inseguridad.
Resulta del todo inadmisible que las formaciones políticas del Partido Popular y Vox, que tanto clamaban al cielo y tanto se quejaban de la degradación y el abandono de la jardinería cuando estaban en la oposición, lleven ya tres años gobernando y se encuentren exactamente en el mismo punto de parálisis y falta total de servicio. No es de recibo utilizar el estado de la ciudad como arma arrojadiza electoral para luego replicar los mismos vicios y las mismas negligencias desde el gobierno. La gestión de esta concejalía ha demostrado ser nefasta para los ciudadanos valencianos, quienes pagan sus impuestos puntualmente a cambio de un entorno urbano que degrada su patrimonio, desatiende sus barrios y pone en serio peligro sus vidas bajo la sombra del fuego.






























