La riada del 29 de octubre de 2024 dejó inutilizados 7.530 ascensores, principalmente en l’Horta Sud. Aunque la mayoría han sido reparados, cerca de 245 continúan fuera de servicio. Las comunidades denuncian retrasos pese a haber adelantado dinero, mientras las empresas alegan falta de trabajadores especializados y piezas fabricadas a medida.
Valencia, 26 de octubre de 2026. Dos años después de la devastadora DANA del 29 de octubre de 2024, la reconstrucción continúa siendo una realidad incompleta para cientos de familias valencianas. Mientras las administraciones presentan balances de recuperación de infraestructuras y servicios, alrededor de 245 ascensores permanecen inutilizados en edificios afectados por las inundaciones.
La cifra pone de manifiesto uno de los problemas menos visibles de la reconstrucción: la pérdida de accesibilidad en comunidades de propietarios donde personas mayores, vecinos con movilidad reducida y familias enteras llevan dos años dependiendo exclusivamente de las escaleras para entrar y salir de sus viviendas.
El problema no es únicamente una cuestión de comodidad. Para algunos residentes, subir varios pisos supone un esfuerzo físico considerable y un recordatorio cotidiano de lo ocurrido durante la riada.
En Catarroja, uno de los municipios más afectados por la catástrofe, hay comunidades que todavía desconocen cuándo podrán recuperar sus ascensores, incluso después de haber abonado parte de las reparaciones.
De 7.530 ascensores averiados a 245 pendientes de reparación
El 29 de octubre de 2024, las inundaciones dejaron fuera de servicio 7.530 ascensores, la mayoría situados en edificios de l’Horta Sud.
El agua y el barro afectaron a numerosas instalaciones de elevación, especialmente a sus componentes situados en las zonas inferiores de los edificios.
Dos años después, la mayor parte de los equipos ha recuperado su funcionamiento.
Sin embargo, el balance difundido por À Punt señala que alrededor de 245 ascensores continúan pendientes de reparación.
Si se comparan ambas cifras, aproximadamente el 96,7 % de los ascensores afectados habría recuperado el servicio, mientras que un 3,3 % seguiría inutilizado.
La proporción pendiente puede parecer reducida respecto al total inicial, pero representa una dificultad importante para las comunidades que continúan afectadas.
Catarroja: más de setenta escalones para llegar a casa
Uno de los testimonios que refleja esta situación es el de Vicent Navarro, vecino de Catarroja.
Su edificio lleva dos años sin ascensor y todavía no dispone de una fecha concreta para recuperar el servicio.
Navarro vive en una cuarta planta y debe subir diariamente más de setenta escalones para llegar a su vivienda.
El esfuerzo le obliga a detenerse entre plantas para recuperar el aliento.
La situación también tiene una dimensión emocional, porque cada subida le recuerda las consecuencias de la inundación.
Su caso muestra cómo una avería prolongada puede transformar actividades tan habituales como salir a comprar, acudir al médico o regresar a casa.
Reparaciones pagadas, pero sin fecha de ejecución
Una de las principales quejas de las comunidades afectadas es la falta de plazos concretos.
Algunos propietarios aseguran que han adelantado dinero para reparar los ascensores sin que los trabajos hayan concluido.
La situación genera frustración porque los vecinos consideran que han cumplido con sus obligaciones económicas, pero continúan sin recibir el servicio contratado.
La información difundida no concreta los importes abonados, las condiciones de los contratos ni los compromisos adquiridos por cada empresa.
Por tanto, no es posible determinar si existen incumplimientos contractuales en casos concretos sin examinar esa documentación.
Sin embargo, la ausencia de una fecha de reparación constituye una de las principales preocupaciones de los afectados.
Las empresas reconocen que la magnitud de la DANA las desbordó
El sector de los ascensores ofrece una explicación relacionada con la dimensión extraordinaria de la catástrofe.
Emilio Carbonell, presidente de Asencoval, señala que las empresas tuvieron que afrontar de manera simultánea miles de instalaciones averiadas.
La demanda de reparaciones superó la capacidad habitual de respuesta.
Según explica, los principales problemas han sido la falta de mano de obra especializada y la dificultad para disponer de determinados materiales.
A esta situación se suma la diversidad de modelos y características técnicas de los ascensores afectados.
Piezas fabricadas a medida y dificultades de suministro
No todos los ascensores utilizan los mismos componentes.
Las instalaciones pueden presentar diferencias relacionadas con su antigüedad, fabricante, tecnología y características constructivas.
Por ello, determinadas reparaciones requieren piezas específicas que no siempre están disponibles de inmediato.
El presidente de Asencoval explica que algunos componentes deben fabricarse a medida.
Esta circunstancia puede prolongar los plazos cuando coinciden numerosos pedidos extraordinarios.
No obstante, la información disponible no permite determinar qué proporción de los 245 ascensores pendientes está paralizada por falta de piezas y cuántos por otras causas.
Dos años sin ascensor: un problema de accesibilidad
La ausencia prolongada de ascensores afecta especialmente a quienes tienen dificultades para utilizar las escaleras.
Personas mayores, vecinos con discapacidad y residentes con problemas temporales de movilidad pueden encontrar grandes obstáculos para salir de sus viviendas.
En algunos casos, la situación puede limitar actividades cotidianas y reducir la autonomía personal.
La accesibilidad de los edificios constituye una cuestión fundamental para garantizar que todos sus residentes puedan utilizarlos en condiciones adecuadas.
Por ello, la recuperación de los ascensores no debe entenderse únicamente como una reparación mecánica.
También representa la restitución de un servicio esencial para muchas familias.
El impacto psicológico de la reconstrucción pendiente
La DANA dejó consecuencias materiales y emocionales que continúan presentes en la vida de los afectados.
Para algunos vecinos, encontrarse diariamente con instalaciones dañadas supone recordar lo sucedido.
El testimonio de Vicent Navarro refleja esa combinación de cansancio físico y desgaste emocional.
La imposibilidad de recuperar completamente las condiciones anteriores a la catástrofe puede dificultar la sensación de normalidad.
La reparación de un ascensor no elimina los recuerdos de la riada, pero sí permite recuperar una parte importante de la vida cotidiana.
¿Por qué siguen pendientes tantos ascensores?
El sector identifica dos dificultades principales: la falta de profesionales disponibles y los problemas de suministro de componentes específicos.
Sin embargo, la información publicada no ofrece un desglose completo de las causas que afectan a cada instalación.
Tampoco precisa cuántas comunidades tienen contratos firmados, cuántas han adelantado pagos o cuántas reparaciones están actualmente en ejecución.
Estos datos serían necesarios para conocer con mayor precisión el estado de las actuaciones pendientes.
La reconstrucción también se mide dentro de los edificios
La recuperación posterior a una catástrofe suele analizarse a través de carreteras, puentes, centros educativos y otras grandes infraestructuras.
Sin embargo, también existen necesidades de menor visibilidad que afectan directamente a la vida de los ciudadanos.
Los ascensores inutilizados constituyen uno de esos ejemplos.
Su reparación resulta fundamental para que numerosos edificios recuperen unas condiciones adecuadas de accesibilidad.
Dos años después, las comunidades afectadas siguen reclamando que se aceleren los trabajos.
¿Qué soluciones reclaman los propietarios?
Los afectados piden principalmente que las reparaciones se ejecuten con mayor rapidez.
También reclaman información clara sobre los plazos y las dificultades que impiden completar los trabajos.
Para las comunidades que ya han realizado pagos, conocer el calendario de ejecución resulta especialmente importante.
La información difundida no recoge un plan específico de las administraciones para resolver los 245 casos pendientes.
Tampoco detalla nuevas ayudas económicas o medidas extraordinarias destinadas a estas instalaciones.
El 96,7 % recuperado no resuelve el problema del resto
La comparación entre los 7.530 ascensores inicialmente afectados y los 245 que permanecen sin servicio permite dimensionar el avance de las reparaciones.
La mayor parte de las instalaciones ha vuelto a funcionar.
Sin embargo, el porcentaje pendiente representa comunidades donde la reconstrucción continúa incompleta.
Para quienes llevan dos años subiendo varios pisos por las escaleras, la estadística global no reduce las dificultades diarias.
Una deuda pendiente con la accesibilidad de l’Horta Sud
La DANA de 2024 provocó una situación excepcional que obligó al sector de los ascensores a afrontar miles de reparaciones simultáneas.
Las empresas sostienen que la falta de trabajadores y materiales ha dificultado completar los trabajos.
Los vecinos, por su parte, reclaman respuestas después de dos años de espera.
El balance de 245 ascensores todavía inutilizados demuestra que la reconstrucción de l’Horta Sud sigue teniendo tareas pendientes. Para residentes como Vicent Navarro, que debe subir más de setenta escalones para llegar a su vivienda en Catarroja, recuperar el ascensor significa mucho más que reparar una máquina: supone volver a disponer de una parte esencial de su autonomía y de su vida cotidiana.
















