Un estudio del CIDE alerta de que el calentamiento global está reduciendo la capacidad del mar para refrescar las ciudades costeras como València
Durante décadas, las brisas marinas han sido el gran alivio de las tardes de verano en buena parte del litoral mediterráneo. Ese viento fresco procedente del mar ha permitido soportar mejor las altas temperaturas en ciudades como València, Alicante, Barcelona o Palma. Sin embargo, ese fenómeno natural podría estar perdiendo fuerza.
Una investigación del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), centro mixto del CSIC, la Universitat de València y la Generalitat Valenciana, concluye que las brisas marinas del Mediterráneo occidental son actualmente un 17% más débiles que hace cuatro décadas, una situación que se agrava precisamente durante las olas de calor.
El Mediterráneo se calienta más rápido que el resto del planeta
Los científicos recuerdan que la cuenca mediterránea es uno de los puntos del planeta más afectados por el cambio climático.
Actualmente, el Mediterráneo occidental se está calentando entre un 20% y un 40% más rápido que la media mundial, lo que está alterando numerosos procesos atmosféricos y climáticos que hasta ahora se consideraban relativamente estables.
Uno de ellos es precisamente la formación de las brisas marinas.
Cómo funciona una brisa marina
Las brisas se generan por la diferencia de temperatura entre el mar y la tierra.
Durante el día, el suelo se calienta más rápidamente que el agua del mar. El aire caliente asciende sobre el continente y el aire más fresco procedente del Mediterráneo se desplaza hacia la costa para ocupar ese espacio, creando así la conocida brisa marina.
Ese mecanismo actúa como un auténtico sistema de refrigeración natural para las ciudades costeras.
Menos viento cuando más se necesita
Lo llamativo del estudio es que, pese a que el contraste térmico entre tierra y mar es cada vez mayor debido al calentamiento global, las brisas no se están reforzando, sino todo lo contrario.
Los investigadores han analizado datos de 41 estaciones meteorológicas repartidas por el Mediterráneo occidental y han comprobado que la velocidad media de estas corrientes de aire disminuye de forma constante desde 1980.
Además, el debilitamiento es especialmente acusado durante las olas de calor, precisamente cuando la población más necesita ese efecto refrescante.
Más calor en las ciudades costeras
La consecuencia más inmediata es que el mar pierde parte de su capacidad para suavizar las temperaturas.
Esto significa que ciudades tradicionalmente beneficiadas por el efecto regulador del Mediterráneo podrían registrar cada vez más noches tropicales y temperaturas extremas similares a las del interior peninsular.
La sensación térmica también aumenta al combinarse temperaturas elevadas con altos niveles de humedad ambiental.
Riesgos para la salud y el bienestar
Los investigadores advierten de que unas brisas más débiles pueden incrementar el estrés térmico sobre la población, especialmente entre personas mayores, niños y pacientes con enfermedades cardiovasculares o respiratorias.
Las noches cálidas dificultan además el descanso y aumentan el riesgo asociado a los episodios de calor extremo, cada vez más frecuentes y prolongados en el litoral mediterráneo.
También afecta a la contaminación
Las brisas no solo refrescan las ciudades.
Estos vientos también ayudan a dispersar contaminantes y renovar el aire en áreas urbanas e industriales.
Si la circulación del aire se reduce, la contaminación puede permanecer más tiempo atrapada cerca del suelo, aumentando los episodios de mala calidad del aire tanto en la costa como en zonas del interior.
Menos tormentas de verano
Otro de los efectos señalados por los científicos afecta al ciclo del agua.
Las brisas transportan humedad desde el mar hacia el interior, favoreciendo la formación de tormentas estivales en zonas montañosas y prelitorales.
Su debilitamiento podría alterar estos procesos y modificar los patrones habituales de precipitaciones en buena parte del arco mediterráneo.
Adaptarse a un Mediterráneo diferente
Los expertos consideran que comprender cómo están cambiando las brisas marinas será fundamental para diseñar estrategias de adaptación frente al cambio climático.
La planificación urbana, los protocolos sanitarios frente al calor extremo y las medidas para mejorar la calidad del aire deberán tener en cuenta que uno de los grandes reguladores climáticos del litoral mediterráneo podría estar perdiendo eficacia.
El Mediterráneo sigue actuando como el gran moderador térmico de las ciudades costeras, pero cada verano parece hacerlo con menos fuerza.
















