ROSES (GIRONA) – El sistema de defensa aérea de España ha sufrido un severo revés tras confirmarse la inoperatividad del radar principal del Escuadrón de Vigilancia Aérea número 4 (EVA 4), situado en la cima del Puig de l’Àliga, en Roses. Este enclave, considerado uno de los puntos de vigilancia más estratégicos no solo de la Península Ibérica sino de todo el flanco sur de la OTAN, ha visto cómo su cúpula y sistemas de detección quedaban inutilizados, generando un vacío operativo en la frontera noreste del espacio aéreo español.
Un «ojo» clave para la seguridad europea
El radar de Roses no es una instalación menor. Su ubicación permite el control del tráfico aéreo civil y militar en un radio que abarca gran parte del sur de Francia y el Mediterráneo occidental. Fuentes del sector apuntan a que el fallo —descrito coloquialmente como un «vuelo» del sistema, ya sea por causas meteorológicas extremas o fallos estructurales— compromete la capacidad de respuesta inmediata ante incursiones no identificadas en esta zona.
El Ministerio de Defensa ha iniciado una evaluación de daños de urgencia. La preocupación reside en que el EVA 4 forma parte del Sistema de Mando y Control Aéreo (SIMCA), que integra los datos de todos los radares del país para ofrecer una imagen única del cielo español.
¿España sin defensa aérea? La redundancia del sistema
A pesar de la gravedad, expertos militares aseguran que la afirmación de que España queda «desprotegida» debe matizarse. La arquitectura de defensa aérea está diseñada bajo el principio de solapamiento de coberturas.
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Radares adyacentes: Los sistemas situados en otras comunidades autónomas pueden ampliar su rango para cubrir parcialmente el hueco dejado por Roses.
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Sistemas AWACS: En situaciones de crisis, la OTAN puede desplegar aviones con radares de largo alcance para patrullar la zona afectada.
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Unidades Móviles: El Grupo de Alerta y Control (GRUALOC) tiene la capacidad de desplegar radares móviles para suplir bajas temporales de estaciones fijas.
Un síntoma de la falta de inversión
Sin embargo, este incidente ha reavivado el debate sobre el estado de las infraestructuras de defensa. Críticos y analistas señalan que este suceso es un síntoma de que «España hace aguas» en términos de mantenimiento preventivo. La modernización de los radares LANZA (tecnología española de Indra que equipa estos centros) es constante, pero la exposición de estas bases a condiciones climáticas extremas y el paso del tiempo exigen una inversión que, a menudo, llega tarde.
La recuperación total del centro de Roses podría demorarse meses debido a la complejidad de los componentes electrónicos y la estructura de protección de la antena (el radomo). Mientras tanto, el Ejército del Aire mantiene el nivel de alerta, redistribuyendo sus capacidades de vigilancia para asegurar que la brecha en el Empordà no se convierta en una puerta abierta.
















