VALENCIA. – La tradicional festividad del Corpus Christi de Valencia afronta horas decisivas. Lo que debía ser una mañana de celebración y color con la entrega de los tradicionales pomell de flors a las principales instituciones de la ciudad se ha convertido en un escenario de honda preocupación. La acampada de huelguistas que permanece instalada en la plaza de la Virgen amenaza directamente el desarrollo de los actos centrales de la fiesta grande de la capital del Turia.
La comitiva de la asociación Amics del Corpus, que ha finalizado su recorrido matutino en el Ayuntamiento de Valencia, no ha ocultado su inquietud ante los medios de comunicación. Su presidente ha sido tajante al asegurar que, tal y como están dispuestas actualmente las carpas y tiendas de campaña de la protesta, se «afectan directamente» muchas de las actividades programadas. Desde la organización entienden que, con la ocupación actual del espacio público, es materialmente imposible celebrar los actos previstos en la plaza de la Virgen, debido a las estrictas necesidades de espacio que estos requieren.
Cambios de última hora en el programa
Los efectos de la acampada ya se han dejado notar en la logística de la festividad. Según han confirmado fuentes municipales a este medio, el escenario destinado a los conciertos que se celebrarán mañana en la plaza ha tenido que ser reubicado de urgencia. Inicialmente previsto en su emplazamiento habitual, los operarios se han visto obligados a planificar su montaje frente a la puerta de la Casa Vestuario, ya que la ubicación original quedaba completamente encajonada entre las tiendas de los manifestantes.
Ante esta situación, los representantes de Amics del Corpus han trasladado su preocupación a la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, aprovechando el encuentro institucional durante la entrega del pomell de flors. Según fuentes de la propia asociación, la delegada ha intentado transmitir calma a los organizadores y les ha emplazado a buscar una solución de consenso para que «todos puedan tener su espacio en la plaza».
Incertidumbre política y confianza en el diálogo
Por su parte, la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, ha mostrado su confianza en que los problemas de espacio se vayan solventando a lo largo de las próximas horas. No obstante, la primera edil ha evitado pronunciarse de forma directa sobre si existirá un requerimiento o petición de desalojo a los acampados por parte de la Policía Local. Al igual que Bernabé, la alcaldesa confía en que el tiempo juegue a favor de la fiesta y ha depositado sus esperanzas en la reunión clave que se celebra esta misma tarde. Catalá confía en que en dicho encuentro se alcance un acuerdo definitivo que suponga la desconvocatoria de la protesta.
Una fiesta multitudinaria: El año pasado, más de 60.000 personas abarrotaron la plaza de la Virgen para presenciar los actos del sábado y el domingo, una cifra que evidencia la magnitud del problema logístico si no se libera el espacio.
Una tregua temporal para la Custodia del Corpus
Desde la organización del Corpus aseguran que llevan dos jornadas consecutivas de intensas conversaciones tanto con las distintas administraciones como con las personas acampadas. Aunque agradecen el gesto de los huelguistas al haber liberado una parte de la plaza, insisten en que «no es suficiente».
Por ello, los organizadores han lanzado una petición desesperada y directa a los manifestantes: que levanten de forma temporal sus tiendas de la plaza de la Virgen y que, inmediatamente después de que la Custodia salga de la Catedral de Valencia y abandone la plaza, vuelvan a colocar sus carpas e instalaciones donde consideren oportuno.
La viabilidad de los actos tradicionales pende ahora de un hilo y queda supeditada al resultado de la reunión que mantendrá esta tarde la Conselleria de Educación con los tres sindicatos mayoritarios que, hasta la fecha, se han negado a firmar los acuerdos. Todo ello mientras el reloj corre en contra: esta misma tarde está prevista la llegada a la plaza de las monumentales Rocas del Corpus, el bestiario y la figura de San Cristóbal, en lo que supondrá la primera gran prueba de fuego para la convivencia de la fiesta y la protesta.
















