La investigación española contra la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) afronta un momento especialmente relevante.
El candidato farmacológico AP-2, una molécula administrada por vía oral y desarrollada a partir de trabajos realizados en el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB-CSIC), ha comenzado su evaluación clínica en humanos.
El proyecto supone un nuevo paso en la búsqueda de tratamientos capaces de modificar la evolución de una enfermedad neurodegenerativa que, a día de hoy, continúa sin tener cura y para la que las opciones terapéuticas siguen siendo limitadas.
AP-2 ha despertado interés por su mecanismo de acción. El compuesto está diseñado para intervenir sobre TDP-43, una proteína relacionada con uno de los procesos biológicos característicos de numerosas formas de ELA.
En condiciones normales, TDP-43 desempeña funciones esenciales dentro de las células.
Sin embargo, en la ELA puede producirse una alteración en su comportamiento:
la proteína pierde su localización normal y puede acumularse de manera anómala en el citoplasma de las neuronas
Este fenómeno está relacionado con la alteración y posterior degeneración de las motoneuronas, las células encargadas de controlar los músculos voluntarios.
La estrategia de AP-2 parte de una hipótesis especialmente atractiva: si se consigue recuperar el funcionamiento normal de TDP-43, podría ser posible interferir en uno de los mecanismos que contribuyen a la progresión de la enfermedad.
Del laboratorio a los pacientes
El recorrido de AP-2 comenzó en la investigación pública española.
La molécula fue desarrollada por investigadores del CIB-CSIC, entre ellos los equipos liderados por Ana Martínez y Carmen Gil, con la participación de investigadores vinculados a CIBERNED y a la Universidad Complutense de Madrid.
Posteriormente, Molefy Pharma, compañía surgida del entorno del CSIC e integrada en el Grupo Arquimea, asumió el desarrollo clínico del candidato.
La autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) permitió iniciar los primeros ensayos en humanos.
El estudio corresponde inicialmente a una Fase I, una etapa imprescindible antes de poder comprobar si un medicamento funciona realmente contra la enfermedad.
El objetivo principal en esta primera fase no es demostrar eficacia frente a la ELA.
Los investigadores buscan determinar fundamentalmente si AP-2 es seguro, cómo lo toleran las personas y cómo se comporta el medicamento dentro del organismo.
El ensayo comenzó con voluntarios sanos y contempla la administración de diferentes dosis bajo supervisión médica.
Los datos publicados sobre el proyecto sitúan la participación inicial en alrededor de 70 voluntarios.
Estos primeros resultados serán determinantes para establecer si el compuesto puede avanzar hacia las siguientes etapas de investigación.
El verdadero desafío comienza ahora
Si AP-2 supera satisfactoriamente esta primera fase, el siguiente paso será especialmente importante: probar el medicamento en personas diagnosticadas de ELA.
La compañía prevé avanzar hacia una Fase Ib, en la que se podrá estudiar por primera vez el comportamiento del compuesto directamente en pacientes.
Esta etapa permitirá obtener información sobre seguridad, dosis y posibles señales iniciales de actividad terapéutica.
Es importante, sin embargo, mantener las expectativas dentro de lo que permite actualmente la evidencia científica. AP-2 todavía no ha demostrado que pueda frenar la ELA en pacientes, y encontrarse en Fase I significa que el medicamento todavía está lejos de poder considerarse un tratamiento disponible.
El camino hasta la autorización de un nuevo fármaco es largo.
Después de las primeras fases deberán realizarse estudios con un número mayor de pacientes que permitan determinar si el tratamiento consigue realmente modificar la evolución de la enfermedad y si sus posibles beneficios superan sus riesgos.
Aun así, el avance representa una noticia relevante para la investigación española.
AP-2 no solo procede de una línea de investigación desarrollada en España, sino que plantea una aproximación dirigida a uno de los mecanismos celulares más estudiados en la ELA.
Además, su administración por vía oral podría convertirse en una ventaja práctica si finalmente demuestra eficacia y seguridad, al tratarse de una vía de administración potencialmente sencilla para los pacientes.
La ELA provoca una pérdida progresiva de las motoneuronas y puede terminar afectando a funciones tan importantes como caminar, hablar, tragar o respirar.
La rapidez y gravedad de su evolución hacen que cada nueva vía de investigación despierte una enorme expectativa entre pacientes, familias y profesionales sanitarios.
Por eso, el próximo gran hito será comprobar qué ocurre cuando AP-2 llegue a las personas afectadas por la enfermedad.
El compuesto español no es todavía una cura ni puede considerarse un tratamiento eficaz contra la ELA. Pero ha conseguido superar una de las barreras más importantes: pasar de la investigación de laboratorio a la investigación clínica.
Ahora comienza la fase que realmente permitirá saber hasta dónde puede llegar.
Si AP-2 consigue demostrar en pacientes que puede actuar sobre TDP-43 y ralentizar la degeneración de las motoneuronas, podría abrir una nueva vía terapéutica frente a una enfermedad que todavía necesita urgentemente tratamientos más eficaces.
















