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Home España e internacional

La condena a Zaplana: Una «victoria de los valencianos» según Diana Morant

prensa por prensa
octubre 16, 2024
en España e internacional
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La condena a Zaplana: Una «victoria de los valencianos» según Diana Morant
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La ministra Diana Morant asegura que la sentencia contra Zaplana representa una clara muestra de la «corrupción sistémica» del Partido Popular en la Comunitat Valenciana. Los socialistas, advierte, se mantendrán alerta frente a este tipo de prácticas.

El reciente fallo judicial que condena a Eduardo Zaplana, ex presidente de la Generalitat Valenciana y uno de los líderes históricos del Partido Popular (PP), ha sido interpretado por diversos actores políticos como un hito en la lucha contra la corrupción en la Comunitat Valenciana. Entre las voces que han reaccionado con mayor contundencia a la sentencia destaca la ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant, quien ha celebrado esta resolución como «una victoria para los valencianos».

En su análisis, Morant no solo ha subrayado la importancia de la condena en términos judiciales, sino que también ha aprovechado para señalar lo que considera una «escuela de corrupción» que ha caracterizado al Partido Popular en esta región. Sus palabras, emitidas a través de un comunicado oficial, han levantado una fuerte reacción tanto entre partidarios como detractores del PP, reavivando el debate sobre la herencia política de este partido en la Comunitat Valenciana.

El caso Zaplana: Un símbolo de la corrupción en la Comunidad Valenciana

El caso de Eduardo Zaplana ha sido uno de los procesos más mediáticos y prolongados en la historia reciente de la política valenciana. Durante años, Zaplana, quien ocupó cargos clave no solo en la Generalitat Valenciana sino también en el gobierno central como ministro, fue investigado por delitos relacionados con la corrupción, incluidos sobornos, malversación y lavado de dinero.

La investigación reveló un entramado financiero en el que Zaplana habría participado para desviar fondos públicos a paraísos fiscales y beneficiarse personalmente. Aunque su caída comenzó hace varios años con su arresto en 2018, la sentencia reciente pone un cierre judicial a uno de los capítulos más oscuros del PP valenciano, y a la vez abre un nuevo espacio de reflexión sobre las implicaciones de su mandato y el impacto de su gestión en la política valenciana.

Diana Morant: Una condena simbólica para la regeneración política

Diana Morant ha sido clara en su comunicado, afirmando que la condena a Zaplana no es solo una cuestión de justicia personal, sino una lección para el conjunto de la política española, y particularmente para los valencianos. «Esta sentencia es la evidencia de la corrupción que ha sido, y que en algunos casos sigue siendo, parte de la estructura del Partido Popular en nuestra tierra», declaró la ministra.

Morant, quien también ejerce como figura destacada dentro del Partido Socialista en la Comunitat Valenciana, ha insistido en que este tipo de procesos son fundamentales para restablecer la confianza de los ciudadanos en las instituciones. «Los valencianos merecen una clase política íntegra, y esta condena es un paso más en la dirección correcta», afirmó.

Además, la ministra destacó la importancia de que los socialistas continúen «vigilantes» para evitar que episodios similares de corrupción vuelvan a repetirse. «Nosotros no bajaremos la guardia», advirtió, dejando claro que la regeneración política es una prioridad en la agenda del PSOE, especialmente en una comunidad autónoma que ha visto numerosos casos de corrupción ligados a administraciones anteriores del PP.

El impacto en la imagen del Partido Popular

El Partido Popular, por su parte, ha intentado distanciarse de las acciones de Eduardo Zaplana, argumentando que se trata de hechos pasados y que el partido ha trabajado arduamente en su regeneración interna. Sin embargo, la sentencia ha puesto nuevamente en la palestra pública los casos de corrupción que han afectado al PP, no solo en Valencia, sino a nivel nacional.

El presidente del Partido Popular en la Comunitat Valenciana, Carlos Mazón, ha rechazado las declaraciones de Morant, calificándolas de «oportunistas» y de un intento de utilizar políticamente una situación que debería limitarse al ámbito judicial. «El PP de hoy es un partido renovado, con un firme compromiso contra la corrupción», afirmó Mazón en una reciente comparecencia, reiterando que las acciones de Zaplana no representan el partido en su conjunto.

La percepción ciudadana: ¿Ha cambiado algo?

Aunque la condena de Zaplana puede interpretarse como un triunfo en la lucha contra la corrupción, la percepción ciudadana sobre este tipo de casos sigue siendo compleja. Para muchos valencianos, la corrupción sigue siendo un tema sensible, ya que afecta no solo a la confianza en los políticos, sino también a la credibilidad de las instituciones en general.

Diversas encuestas realizadas en la región indican que, a pesar de los esfuerzos por parte de los partidos políticos de desvincularse de estas prácticas, una parte significativa de la población sigue percibiendo la política local como un espacio propenso a la corrupción. Las condenas, si bien necesarias, no siempre logran borrar de inmediato el daño causado a la imagen de las instituciones.

El rol de los medios y la presión social

Otro aspecto importante a considerar es el rol que han jugado los medios de comunicación y la sociedad civil en este proceso. Desde que el caso Zaplana salió a la luz, la cobertura mediática ha sido intensa, generando una presión constante sobre las autoridades judiciales y políticas para que se llegara a una resolución.

Los movimientos sociales, incluidas diversas plataformas ciudadanas y asociaciones anticorrupción, han sido fundamentales en mantener este tema en la agenda pública, recordando que la lucha contra la corrupción no es solo una cuestión de castigar a los culpables, sino también de prevenir que estas situaciones se repitan en el futuro.

En ese sentido, figuras como Diana Morant se han hecho eco de estas demandas, insistiendo en la necesidad de fortalecer los mecanismos de control y supervisión en la administración pública, para garantizar que los fondos públicos sean utilizados de manera adecuada y en beneficio de la ciudadanía.

Reflexiones finales: ¿Un nuevo capítulo en la política valenciana?

La condena de Eduardo Zaplana marca un antes y un después en la historia reciente de la Comunitat Valenciana. Para algunos, es una muestra de que la justicia, aunque lenta, acaba por llegar. Para otros, es un recordatorio de que los problemas de corrupción aún están latentes y requieren un esfuerzo constante por parte de las instituciones y la ciudadanía.

Más allá de las opiniones divididas sobre el impacto de la sentencia, queda claro que este caso tendrá repercusiones a largo plazo en la política valenciana y en la relación entre los ciudadanos y sus gobernantes. ¿Podrá esta condena servir como punto de inflexión para una regeneración política real en la Comunitat Valenciana? ¿O seguirán los fantasmas de la corrupción acechando en el futuro?

¿Qué opinas tú, crees que esta sentencia ayudará a limpiar la imagen de la política en la Comunitat Valenciana o es solo un caso más en una larga lista de escándalos?

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Des de Dénia per Pedro Fuentes Caballero, Acadèmic de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana corresponent en Dénia. La RACV respon a la nova presidenta de l’AVL i reobri el debat sobre qué model de llengua valenciana volem preservar Les declaracions realisades per Maria Àngels Francés, nova presidenta de l’Acadèmia Valenciana de la Llengua, han tornat a posar damunt de la taula una qüestió que en Valéncia mai ha deixat d’estar completament tancada: qué s’entén per llengua valenciana, quin model llingüístic es vol transmetre i fins a quin punt la denominada «unitat de la llengua» condiciona la seua codificació. La Real Acadèmia de Cultura Valenciana (RACV) ha reaccionat públicament davant de les paraules de Francés, pronunciades durant la seua presa de possessió, en les quals definí el valencià com una llengua «unitària i diversa, pròpia i compartida». La resposta de la RACV és contundent: considera que darrere d’eixa formulació existix una concepció de l’idioma que, baix l’aparència de reconéixer la diversitat valenciana, acaba subordinant-la a un model llingüístic essencialment català. No estem davant d’una discussió sobre una simple paraula. Estem davant de dos maneres profundament diferents d’entendre la codificació, la personalitat i el futur del valencià. Una frase que concentra tot el debat Dir que el valencià és una llengua «unitària i diversa» pot semblar, a primera vista, una fòrmula conciliadora. Permet parlar d’unitat i, al mateix temps, reconéixer particularitats territorials. Pero precisament ahí és a on la RACV situa la seua discrepància. La pregunta és inevitable: ¿unitària respecte a qué? Per a l’AVL, la resposta està determinada pel seu propi marc normatiu i institucional. L’Acadèmia sosté des de fa anys una concepció unitària compartida en el català, encara que reivindique la denominació «valencià» i determinades formes pròpies valencianes. La RACV partix d’un plantejament radicalment diferent. Considera que el valencià deu ser codificat des de la seua pròpia tradició, fonètica, lèxic, morfologia i sintaxis, sense convertir la convergència en el català normatiu en l’eix vertebrador del model. Per això la frase que tanca el comunicat és delliberadament directa: «UNITÀRIA» ¿VOL DIR CATALANA? No és una afirmació neutral ni una conclusió acceptada per tota la filologia. És la síntesis de la postura de la RACV davant del model de l’AVL. I precisament per això mereix ser explicada i debatuda, no reduïda a un intercanvi d’etiquetes. DOS MODELS QUE NO DEUEN CONFONDRE’S Una de les aportacions més importants del comunicat és que la RACV no presenta el conflicte simplement com una elecció entre un valencià «unitari» i un atre «diferenciat». Segons la seua argumentació, plantejar-ho aixina ya condiciona la resposta, perque convertix el català normatiu en el marc de referència i deixa al valencià reduït a una colecció de particularitats internes. La RACV defén una atra perspectiva: existix una tradició valenciana susceptible de ser codificada des de criteris valencians, de la mateixa manera que existix una codificació catalana desenrollada a partir de la seua pròpia tradició normativa. Ahí està el verdader fondo de la controvèrsia. No es discutix únicament si diem este o aquest, si preferim determinades formes verbals o si un diccionari accepta una paraula concreta. Lo que es discutix és quin model ocupa el centre i quin queda relegat a la perifèria. I eixa diferència és fonamental. EL VALENCIÀ NO POT REDUIR-SE A UNA SUMA DE «PARTICULARITATS» Quan una determinada concepció normativa presenta les formes genuïnament valencianes com a «variants», «particularitats» o formes territorials dins d’un conjunt superior, és comprensible que una part del valencianisme cultural es pregunte qué queda, finalment, de l’autonomia del model valencià. Perque una llengua no és únicament el nom que apareix en la portada d’un diccionari. Una llengua és també la manera de pronunciar, les paraules heretades, les construccions populars, les formes verbals, la tradició escrita, la lliteratura i la memòria colectiva dels seus parlants. Si totes eixes característiques són sistemàticament valorades en funció de la seua proximitat o distància respecte d’un atre estàndart, el debat deixa de ser purament ortogràfic. Passa a ser un debat sobre dependència normativa. La RACV denuncia precisament això: que baix l’expressió «llengua unitària» es pretén presentar com a valencià un estàndart que, segons la seua interpretació, respon essencialment a la codificació catalana, encara que incorpore concessions o variants valencianes. LA LLENGUA REAL DEL CARRER TAMBÉ DEU CONTAR Hi ha, ademés, una qüestió que les institucions llingüístiques no deurien ignorar: la distància entre la llengua normativa i la llengua espontànea de molts valencians. Qualsevol persona que recórrega les comarques valencianes trobarà formes, expressions, pronunciacions i construccions que formen part de la transmissió familiar de generacions. No tot lo popular és necessàriament normatiu, evidentment. Una codificació necessita criteris, coherència i estabilitat. Pero tampoc seria raonable construir un estàndart que fera sentir al parlant que la seua manera tradicional d’expressar-se és permanentment secundària, inadequada o necessitada de correcció. Una normativa deu servir a la llengua; la llengua no pot convertir-se simplement en servidora de la normativa. I este és segurament un dels punts a on el debat deixa els despaig acadèmics i entra directament en la societat. ¿Per qué alguns valencians senten que el model que estudiaren en casa i el que troben en determinats àmbits oficials s’allunten? ¿Per qué determinades formes valencianes necessiten permanentment justificar la seua existència? ¿Per qué la convergència en el català estàndart és considerada normalisació, mentres que la recuperació de formes valencianes és presentada en ocasions com a secessionisme? Són preguntes llegítimes. I descalificar-les no les farà desaparéixer. UNA COSA ÉS LA FILOLOGIA I UNA ATRA, LA POLÍTICA LLINGÜÍSTICA També convé introduir una precisió imprescindible si volem que l’artícul tinga rigor. La classificació acadèmica majoritària contemporànea considera el valencià i el català varietats d’un mateix sistema llingüístic. Negar que esta és actualment la posició predominant en la romanística seria presentar de manera incompleta el debat. Pero reconéixer este fet tampoc resol totes les qüestions. La filologia pot estudiar parentesc, evolucions històriques, inteligibilitat, dialectologia i característiques estructurals. Una classificació llingüística no determina per sí mateixa totes les decisions sobre denominació, codificació, identitat cultural o política normativa. I molt manco obliga als valencians a considerar irrellevant el nom històric de la seua llengua. L’Estatut d’Autonomia parla expressament de idioma valencià i establix que «la llengua pròpia de la Comunitat Valenciana és el valencià». Per tant, la denominació valenciana no és un caprig, una invenció contemporànea ni una concessió sentimental: és la denominació oficial de la llengua pròpia dels valencians. A partir d’ahí, una societat democràtica deu poder discutir quin model de valencià considera més adequat sense que cada discrepància acabe convertida en una guerra d’identitats. LA RACV I LES NORMES D’EL PUIG La postura de la RACV tampoc naix ara. La institució representa una tradició normativa pròpia que té en les Normes d’El Puig una de les seues expressions més conegudes. Eixe model ha segut defés durant décades per sectors del valencianisme cultural com una codificació construïda des de la personalitat diferencial valenciana. Podem compartir-la o discutir-la. Podem comparar els seus criteris en els de l’AVL. Podem estudiar quines formes tenen major tradició documental, quines són més habituals entre els parlants o quines faciliten millor l’aprenentage. Lo que no pareix intelectualment raonable és fingir que este debat no existix. Existix. T'història. T'institucions. T'arguments. I té valencians que llegítimament defenen una opció o una atra. Precisament per això, la resposta adequada deuria ser més estudi, més documentació i més debat; no menys. «PRÒPIA I COMPARTIDA»: ¿A ON ESTÀ EL LLÍMIT? L’atra expressió pronunciada per Francés «pròpia i compartida» mereix també una reflexió. Una llengua pot ser compartida sense que això elimine les identitats particulars dels seus parlants. És una realitat perfectament normal en moltes comunitats llingüístiques del món. El problema apareix quan «compartida» acaba interpretant-se com subordinada, o quan la comunitat demogràficament, institucionalment o editorialment més forta acaba determinant quin és l’estàndart central. Per això, més que discutir eternament sobre una paraula, seria convenient formular preguntes concretes: ¿Quantes formes genuïnament valencianes ocupen realment el centre del model? ¿Quantes són tolerades només com a variants? ¿Quin pes té la tradició lliterària valenciana en la construcció de l’estàndart? ¿Quina relació existix entre la llengua ensenyada i la llengua tradicional de les comarques valenciaparlants? Ahí és a on el debat pot resultar productiu. DEFENDRE EL VALENCIÀ NO ÉS ATACAR A NINGÚ La defensa d’un model valencià propi no necessita construir-se contra els catalans ni contra Catalunya. Catalunya té tot el dret a preservar, normativisar i promocionar la seua llengua i la seua cultura d’acort en les seues institucions. Exactament el mateix principi deuria aplicar-se a Valéncia. Defendre la personalitat valenciana no significa odiar la catalana. Defendre les formes valencianes no obliga a negar afinitats llingüístiques. I reconéixer afinitats tampoc deuria significar exigir la renúncia a la personalitat valenciana. Eixa distinció és essencial per a evitar que una discussió cultural acabe convertint-se en una batalla identitària permanent. El valencianisme cultural té més força quan defén lo propi per lo que és, i no simplement per oposició a un atre poble. EL FUTUR DEL VALENCIÀ ES JUGA TAMBÉ EN EL CARRER Mentres acadèmies, universitats i polítics discutixen sobre unitat, codificació i normativa, existix una qüestió encara més urgent: que el valencià continue parlant-se. Una llengua no sobreviu únicament gràcies als diccionaris. Sobreviu quan els pares la transmeten als fills; quan els chiquets la senten en casa; quan els jóvens la gasten en naturalitat; quan està present en el comerç, en la música, en els mijos de comunicació, en les festes, en la cultura popular i en les noves tecnologies. Seria una enorme paradoxa que els valencians dedicàrem totes les energies a discutir sobre quin valencià i acabàrem sense suficients parlants que el mantingueren viu. Per això, la defensa de la llengua pròpia necessita dos coses simultàneament: preservar la seua personalitat i assegurar la seua transmissió social. Una sense l’atra quedaria incompleta. NI SILENCI NI DOGMES: DEBAT El comunicat de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana té valor, sobretot, perque recorda que una part de la societat valenciana no considera resolta la qüestió del model llingüístic. Podrà discutir-se la seua conclusió. Podrà rebatre’s filològicament. Podran defendre’s les tesis de l’AVL o les de la RACV. Això forma part d’una societat plural. Pero si realment volem protegir el patrimoni cultural valencià, ninguna institució deuria tindre por a les preguntes. ¿Quin valencià volem transmetre? ¿Un estàndart progressivament convergent en el català general o un model que situe les formes valencianes en el centre de la codificació? ¿Com conciliem classificació filològica, denominació estatutària, tradició escrita i realitat oral? ¿I cóm conseguim, sobretot, que els valencians continuen parlant la llengua que hem heretat? Eixes són les qüestions de fondo. La RACV ha donat la seua resposta: el valencià és valencià i el català és català. L’AVL partix d’una concepció diferent, basada en l’unitat llingüística i en la diversitat interna. El desacort és evident. I precisament perque és evident, lo democràtic no és amagar-lo, sino discutir-lo en arguments, documentació i respecte. Perque al final, per damunt de sigles, acadèmies i disputes normatives, hi ha una realitat que no deuríem perdre de vista: la llengua valenciana no és propietat exclusiva de cap institució. És patrimoni dels valencians que l’han parlada, escrita i transmesa durant generacions. I si verdaderament nos preocupa el seu futur, la pregunta no pot ser únicament qui té l’última paraula. La pregunta decisiva és molt més important: ¿QUIN VALENCIÀ VOLEM DEIXAR A LES GENERACIONS QUE VINDRAN? «Unitària» ¿vol dir catalana?

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La resposta de la RACV és contundent: considera que darrere d’eixa formulació existix una concepció de l’idioma que, baix l’aparència de reconéixer la diversitat valenciana, acaba subordinant-la a un model llingüístic essencialment català. No estem davant d’una discussió sobre una simple paraula. Estem davant de dos maneres profundament diferents d’entendre la codificació, la personalitat i el futur del valencià. Una frase que concentra tot el debat Dir que el valencià és una llengua «unitària i diversa» pot semblar, a primera vista, una fòrmula conciliadora. Permet parlar d’unitat i, al mateix temps, reconéixer particularitats territorials. Pero precisament ahí és a on la RACV situa la seua discrepància. La pregunta és inevitable: ¿unitària respecte a qué? Per a l’AVL, la resposta està determinada pel seu propi marc normatiu i institucional. L’Acadèmia sosté des de fa anys una concepció unitària compartida en el català, encara que reivindique la denominació «valencià» i determinades formes pròpies valencianes. La RACV partix d’un plantejament radicalment diferent. Considera que el valencià deu ser codificat des de la seua pròpia tradició, fonètica, lèxic, morfologia i sintaxis, sense convertir la convergència en el català normatiu en l’eix vertebrador del model. Per això la frase que tanca el comunicat és delliberadament directa: «UNITÀRIA» ¿VOL DIR CATALANA? No és una afirmació neutral ni una conclusió acceptada per tota la filologia. És la síntesis de la postura de la RACV davant del model de l’AVL. I precisament per això mereix ser explicada i debatuda, no reduïda a un intercanvi d’etiquetes. DOS MODELS QUE NO DEUEN CONFONDRE’S Una de les aportacions més importants del comunicat és que la RACV no presenta el conflicte simplement com una elecció entre un valencià «unitari» i un atre «diferenciat». 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Negar que esta és actualment la posició predominant en la romanística seria presentar de manera incompleta el debat. Pero reconéixer este fet tampoc resol totes les qüestions. La filologia pot estudiar parentesc, evolucions històriques, inteligibilitat, dialectologia i característiques estructurals. Una classificació llingüística no determina per sí mateixa totes les decisions sobre denominació, codificació, identitat cultural o política normativa. I molt manco obliga als valencians a considerar irrellevant el nom històric de la seua llengua. L’Estatut d’Autonomia parla expressament de idioma valencià i establix que «la llengua pròpia de la Comunitat Valenciana és el valencià». Per tant, la denominació valenciana no és un caprig, una invenció contemporànea ni una concessió sentimental: és la denominació oficial de la llengua pròpia dels valencians. A partir d’ahí, una societat democràtica deu poder discutir quin model de valencià considera més adequat sense que cada discrepància acabe convertida en una guerra d’identitats. LA RACV I LES NORMES D’EL PUIG La postura de la RACV tampoc naix ara. La institució representa una tradició normativa pròpia que té en les Normes d’El Puig una de les seues expressions més conegudes. Eixe model ha segut defés durant décades per sectors del valencianisme cultural com una codificació construïda des de la personalitat diferencial valenciana. Podem compartir-la o discutir-la. Podem comparar els seus criteris en els de l’AVL. Podem estudiar quines formes tenen major tradició documental, quines són més habituals entre els parlants o quines faciliten millor l’aprenentage. Lo que no pareix intelectualment raonable és fingir que este debat no existix. Existix. T'història. T'institucions. T'arguments. I té valencians que llegítimament defenen una opció o una atra. Precisament per això, la resposta adequada deuria ser més estudi, més documentació i més debat; no menys. «PRÒPIA I COMPARTIDA»: ¿A ON ESTÀ EL LLÍMIT? L’atra expressió pronunciada per Francés «pròpia i compartida» mereix també una reflexió. Una llengua pot ser compartida sense que això elimine les identitats particulars dels seus parlants. És una realitat perfectament normal en moltes comunitats llingüístiques del món. El problema apareix quan «compartida» acaba interpretant-se com subordinada, o quan la comunitat demogràficament, institucionalment o editorialment més forta acaba determinant quin és l’estàndart central. Per això, més que discutir eternament sobre una paraula, seria convenient formular preguntes concretes: ¿Quantes formes genuïnament valencianes ocupen realment el centre del model? ¿Quantes són tolerades només com a variants? ¿Quin pes té la tradició lliterària valenciana en la construcció de l’estàndart? ¿Quina relació existix entre la llengua ensenyada i la llengua tradicional de les comarques valenciaparlants? Ahí és a on el debat pot resultar productiu. DEFENDRE EL VALENCIÀ NO ÉS ATACAR A NINGÚ La defensa d’un model valencià propi no necessita construir-se contra els catalans ni contra Catalunya. Catalunya té tot el dret a preservar, normativisar i promocionar la seua llengua i la seua cultura d’acort en les seues institucions. Exactament el mateix principi deuria aplicar-se a Valéncia. Defendre la personalitat valenciana no significa odiar la catalana. Defendre les formes valencianes no obliga a negar afinitats llingüístiques. I reconéixer afinitats tampoc deuria significar exigir la renúncia a la personalitat valenciana. Eixa distinció és essencial per a evitar que una discussió cultural acabe convertint-se en una batalla identitària permanent. El valencianisme cultural té més força quan defén lo propi per lo que és, i no simplement per oposició a un atre poble. EL FUTUR DEL VALENCIÀ ES JUGA TAMBÉ EN EL CARRER Mentres acadèmies, universitats i polítics discutixen sobre unitat, codificació i normativa, existix una qüestió encara més urgent: que el valencià continue parlant-se. Una llengua no sobreviu únicament gràcies als diccionaris. Sobreviu quan els pares la transmeten als fills; quan els chiquets la senten en casa; quan els jóvens la gasten en naturalitat; quan està present en el comerç, en la música, en els mijos de comunicació, en les festes, en la cultura popular i en les noves tecnologies. Seria una enorme paradoxa que els valencians dedicàrem totes les energies a discutir sobre quin valencià i acabàrem sense suficients parlants que el mantingueren viu. Per això, la defensa de la llengua pròpia necessita dos coses simultàneament: preservar la seua personalitat i assegurar la seua transmissió social. Una sense l’atra quedaria incompleta. NI SILENCI NI DOGMES: DEBAT El comunicat de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana té valor, sobretot, perque recorda que una part de la societat valenciana no considera resolta la qüestió del model llingüístic. Podrà discutir-se la seua conclusió. Podrà rebatre’s filològicament. Podran defendre’s les tesis de l’AVL o les de la RACV. Això forma part d’una societat plural. Pero si realment volem protegir el patrimoni cultural valencià, ninguna institució deuria tindre por a les preguntes. ¿Quin valencià volem transmetre? ¿Un estàndart progressivament convergent en el català general o un model que situe les formes valencianes en el centre de la codificació? ¿Com conciliem classificació filològica, denominació estatutària, tradició escrita i realitat oral? ¿I cóm conseguim, sobretot, que els valencians continuen parlant la llengua que hem heretat? Eixes són les qüestions de fondo. La RACV ha donat la seua resposta: el valencià és valencià i el català és català. L’AVL partix d’una concepció diferent, basada en l’unitat llingüística i en la diversitat interna. El desacort és evident. I precisament perque és evident, lo democràtic no és amagar-lo, sino discutir-lo en arguments, documentació i respecte. Perque al final, per damunt de sigles, acadèmies i disputes normatives, hi ha una realitat que no deuríem perdre de vista: la llengua valenciana no és propietat exclusiva de cap institució. És patrimoni dels valencians que l’han parlada, escrita i transmesa durant generacions. I si verdaderament nos preocupa el seu futur, la pregunta no pot ser únicament qui té l’última paraula. La pregunta decisiva és molt més important: ¿QUIN VALENCIÀ VOLEM DEIXAR A LES GENERACIONS QUE VINDRAN? «Unitària» ¿vol dir catalana?

«Unitària» ¿vol dir catalana?

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