La menor producción, el aumento de los costes y los problemas de plagas comprometen la rentabilidad, mientras la organización reclama más herramientas fitosanitarias eficaces frente al cotonet y la mosca blanca.
VALÉNCIA | 27 DE AGOSTO DE 2026
La Unió Llauradora estima que la producción de caqui en la Comunitat Valenciana se situará esta campaña en torno a las 240.000 toneladas, lo que representa una reducción aproximada del 34% respecto al ejercicio anterior y marca la cifra más baja registrada en la última década. La situación, no obstante, no es homogénea y en determinadas zonas productoras las pérdidas pueden ser todavía muy superiores tras las últimas adversidades meteorológicas.
Azote meteorológico: aclarado natural, insolación y vendavales
Desde el punto de vista agronómico, las condiciones meteorológicas adversas han incidido fuertemente sobre el comportamiento fisiológico de los árboles. La caída fisiológica natural del fruto ha sido este año anormalmente intensa en numerosas explotaciones, provocando aclarados naturales excesivos y una considerable reducción de la carga de los árboles.
A ello hay que sumar las elevadas temperaturas y las olas de calor, que han provocado daños por insolación o «planchado» en los frutos. También las recientes tormentas han afectado gravemente la cosecha en la mayor parte de zonas productoras.
Ante esta coyuntura, LA UNIÓ ya ha pedido:
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Avanzar el inicio de garantías del seguroagrario del resto de adversidades climáticas (donde está incluido el riesgo de viento) al 1 de agosto.
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Línea de ayudas compensatorias por parte de la Conselleria de Agricultura para aquellos agricultores con póliza en vigor que hayan sufrido pérdidas directas por viento.
El problema esta campaña no se limitará solo a una menor cantidad de fruta, sino que también se traducirá en una pérdida de calidad comercial y un incremento notable de los destríos en los almacenes.
Plagas descontroladas y falta de herramientas fitosanitarias
A la delicada situación productiva se añade la preocupación por la evolución de determinadas plagas. El sector continúa teniendo importantes dificultades para controlar el cotonet, principalmente Pseudococcus longispinus, y distintas especies de mosca blanca, entre ellas Dialeurodes citri, Paraleyrodes minei y Aleurothrixus floccosus.
LA UNIÓ considera que no es razonable exigir al productor un control eficaz de las plagas mientras cada vez dispone de menos herramientas para combatirlas. Aunque estos problemas no tienen por qué reducir directamente el aforo inicial en árbol, sí provocan daños estéticos y estructurales en el fruto que aumentan los destríos, haciendo que la producción finalmente comercializable sea todavía menor.
Por ello, la organización reclamos a las administraciones competentes autorizaciones excepcionales de productos fitosanitarios cuando no existan alternativas suficientemente eficaces:
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Acetamiprid: frente a cotonet y mosca blanca.
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Cyantraniliprole: frente a la mosca blanca.
Igualmente, ven necesario reforzar la investigación aplicada, acelerar la disponibilidad de soluciones y avanzar en el control biológico, aunque sin presentarlo como una alternativa capaz de resolver por sí sola todos los problemas fitosanitarios actuales.
Costes al alza y el reto del mercado
La organización agraria advierte además de que el escenario de menos kilos por hectárea, mayores costes de producción, más tratamientos fitosanitarios, mayor consumo de agua por las altas temperaturas e incremento de gastos en energía, gasóleo y fertilizantes está presionando al límite los márgenes de las explotaciones.
«No sirve de nada mirar solo el precio por kilo; la rentabilidad se calcula con los kilos que finalmente puede vender el productor y con lo que le ha costado producirlos», señalan desde LA UNIÓ.
Aunque se espera que las cotizaciones en origen se mantengan en niveles que permitan compensar, al menos parcialmente, la menor oferta, advierten de que una eventual mejora del precio no garantiza por sí sola la viabilidad económica del campo.
Un cultivo clave para el futuro rural
Para LA UNIÓ, el problema del caqui trasciende la campaña actual. El cultivo ha desempeñado un papel decisivo en la diversificación agraria y la generación de economía en numerosas comarcas valencianas, complementando a los cítricos e incluso constituyendo en algunas de ellas la única alternativa agrícola viable.
«El caqui ha sido una alternativa que ha diversificado la agricultura y la economía de muchas zonas productoras valencianas. No podemos permitir que un cultivo que ha generado oportunidades pierda progresivamente rentabilidad porque los productores no dispongan de las herramientas necesarias para afrontar los problemas en el campo».
Llamamiento a la concienciación del consumidor
Por último, la organización señala la importancia de que, durante la comercialización, el consumidor se acostumbre a encontrar caquis con pequeñas marcas o rozaduras en la piel. Al tratarse de una fruta especialmente sensible, estas alteraciones externas no afectan a su calidad organoléptica ni a sus propiedades internas, y su aceptación permitiría un mejor aprovechamiento de la cosecha y una reducción directa del desperdicio alimentario.
















