VALÉNCIA. — Las calles del céntrico y veterano barrio de La Xerea se vistieron este fin de semana con sus mejores galas para celebrar el día grande de las fiestas de Sant Bult. La considerada como la procesión más antigua de la ciudad volvió a recorrer el antiguo entramado urbano medieval, arropada por cientos de vecinos, colectivos culturales y una destacada representación de las instituciones festivas del Cap i Casal.
El acto central del domingo, marcado por el fervor popular, el sonido del tabal i la dolçaina y los toques manuales de campanas, ratificó la vigencia de una tradición ininterrumpida que vertebra la identidad cultural de este sector del centro histórico valenciano.
Respaldo oficial en el corazón de la fiesta
La procesión general, que arrancó a última hora de la tarde desde la Iglesia Parroquial de Santo Tomás Apóstol y San Felipe Neri, contó este año con un notable espaldarazo institucional. La Fallera Mayor Infantil de Valéncia, acompañada por los componentes de su Corte de Honor, encabezó la delegación oficial que quiso sumarse a los clavarios, clavarias y portadores de la imagen.
Su presencia en el desfile procesional resalta los lazos históricos y la fraternidad existentes entre el colectivo fallero y las corporaciones tradicionales de los barrios antiguos. A lo largo del itinerario, que cruzó vías emblemáticas como Trinquete de Caballeros, San Juan del Hospital o la Plaza del Temple, el paso de la comitiva infantil fue recibido con muestras de cariño y constantes lluvias de pétalos desde los balcones engalanados.
La música tradicional valenciana guio los pasos de los participantes a través del laberinto urbano de La Xerea, mientras que los volteos corrieron a cargo de la asociación Amics de les Campanes de Valéncia, coincidiendo con el décimo aniversario de su colaboración musical con esta festividad.
Los orígenes: un hallazgo en la Valéncia del siglo XIII
Para comprender la magnitud de la fiesta de Sant Bult es necesario realizar un viaje al pasado que conecta directamente con la transición cultural y religiosa de la ciudad tras la época islámica. La devoción gira en torno a una singular y pequeña imagen románica de un Cristo crucificado, datada probablemente en el siglo XII, cuyo origen mezcla la crónica histórica con el relato popular.
De acuerdo con la tradición oral custodiada por los propios habitantes del barrio, la figura fue hallada en el siglo XIII coincidiendo con las campañas de la conquista de Jaume I. Cuenta la leyenda que la pequeña talla era transportada originalmente por las tropas cristianas como elemento de devoción en el frente de batalla o que fue localizada oculta en un pozo de la zona.
El arrabal extramuros de la medina islámica, lo que hoy conocemos como La Xerea, se convirtió desde ese instante en el custodio definitivo del Cristo. La imagen fue entregada a los pobladores de estas calles por el caballero Manuel Navarro, estableciendo el mandato implícito de que el vecindario quedaba obligado a rendirle culto y tributarle celebraciones solemnes con carácter anual.
Las primeras menciones documentadas sobre la procesión y sus estructuras festivas datan de principios del siglo XIV, un hecho que otorga a Sant Bult el título indiscutible de la manifestación procesional más longeva que conserva el mapa urbano valenciano.
Un vecindario que custodia su identidad
Más allá de la solemnidad de los actos religiosos, la fiesta de Sant Bult destaca por su fuerte arraigo social y civil. La propia gestión de la imagen civil refleja esta naturaleza única: históricamente, los estatutos de la corporación —visados por las autoridades civiles en siglos pasados— estipulaban de forma estricta que la imagen sagrada no podía permanecer más de 24 horas consecutivas custodiada dentro de un recinto eclesiástico. De este modo, el Cristo pertenecía, ante todo, al vecindario y a su Casa Social.
A pesar de las transformaciones urbanísticas y demográficas que ha experimentado el centro histórico de la ciudad, la Junta de Clavarios, presidida actualmente por Paula Bellido, consigue mantener el espíritu de comunidad a través de actividades vecinales, la Mostra de Música Popular Valenciana y las danzas tradicionales en la Plaza de Sant Bult. Con la bajada y posterior traslado de la imagen a su altar definitivo, La Xerea despide sus días grandes garantizando el relevo generacional de un patrimonio medieval que sigue latiendo con fuerza.
fotografías. JCF
























