«No es el cambio climático, es la falta de gestión». Con esta contundente afirmación, el experto forestal Paco Castañares volvió a poner sobre la mesa uno de los debates más incómodos tras cada gran incendio: si muchas de las tragedias que se repiten verano tras verano podrían evitarse con una adecuada prevención y gestión del territorio.

Las imágenes de grandes incendios arrasando miles de hectáreas y obligando a evacuar pueblos enteros se han convertido en una constante durante los veranos españoles. Sin embargo, detrás de cada tragedia vuelve a surgir la misma pregunta: ¿se podrían haber evitado las pérdidas humanas y buena parte de los daños?
Para Paco Castañares, la respuesta es clara y directa: sí.




























«Las muertes son completamente evitables»
Durante su intervención, el experto defendió que la ausencia de infraestructuras preventivas alrededor de viviendas, urbanizaciones y núcleos habitados es una de las principales causas que convierten un incendio forestal en una tragedia humana.
Según explicó, crear perímetros de seguridad mediante el desbroce de vegetación alrededor de las viviendas supone una inversión relativamente pequeña comparada con el coste humano y económico de los incendios.
Castañares insistió en que muchas de las víctimas mortales registradas en los últimos incendios podrían haberse evitado si esas medidas preventivas se hubieran implantado con anterioridad.
«El cambio climático no puede servir como excusa para la falta de gestión»
Uno de los momentos más contundentes de la intervención de Paco Castañares llegó cuando criticó que parte del debate político sobre los incendios forestales se centre exclusivamente en el cambio climático mientras, a su juicio, se dejan en un segundo plano las responsabilidades relacionadas con la prevención y la gestión del monte.
El experto aseguró que el calentamiento global influye en el aumento del riesgo al prolongar la temporada de incendios y favorecer condiciones más extremas durante más meses al año, pero rechazó que pueda utilizarse como explicación única de las grandes tragedias forestales que se repiten cada verano.
Según defendió, la acumulación de combustible vegetal, el abandono del medio rural, la ausencia de limpieza preventiva y la falta de gestión forestal son factores mucho más determinantes en la virulencia de muchos incendios actuales.
Durante su intervención fue especialmente crítico con algunos responsables políticos, a los que acusó de refugiarse únicamente en el argumento del cambio climático para evitar asumir posibles errores de planificación, prevención o gestión del territorio. «Siempre encuentran un escondite para no asumir responsabilidades», afirmó durante la entrevista.
Castañares insistió en que, incluso en un escenario de aumento de temperaturas, una política sostenida de gestión forestal y prevención reduciría enormemente el riesgo de grandes incendios incontrolables y minimizaría las consecuencias para la población y el medio natural.
El debate sobre los cables eléctricos y las cunetas
Uno de los aspectos que destacó durante la entrevista fue la atención mediática que suelen recibir las posibles causas de ignición, como la caída de un cable eléctrico, mientras se presta menos atención al estado del entorno donde se inicia el fuego.
El experto recordó que una chispa puede originar un incendio, pero que si la vegetación de cunetas, carreteras y zonas próximas estuviera adecuadamente gestionada, las llamas tendrían muchas más dificultades para propagarse.
«El problema es la falta de gestión forestal»
Para Castañares, el origen del problema no reside únicamente en las condiciones meteorológicas extremas ni en la acción de pirómanos o incendiarios.
Su diagnóstico apunta directamente hacia décadas de abandono del monte y ausencia de políticas de prevención sostenidas en el tiempo.
«El monte arde porque no está gestionado y porque no se adoptan medidas preventivas», aseguró durante su intervención.
Gastar menos en prevención y más en extinción
Uno de los argumentos más repetidos por el especialista es el desequilibrio existente entre el dinero destinado a apagar incendios y el invertido en evitarlos.
Según explicó, las cantidades destinadas cada verano a la extinción superan ampliamente lo que costaría mantener una gestión forestal adecuada durante todo el año.
Además del ahorro económico, una mayor prevención evitaría la pérdida de vidas humanas, la destrucción de ecosistemas y la muerte de millones de animales salvajes.
Un verano especialmente preocupante
El experto alertó además de que la situación actual es incluso más preocupante que la vivida en años anteriores.
Según sus cálculos, los montes españoles acumulan actualmente entre 60 y 70 millones de toneladas adicionales de combustible vegetal respecto al año pasado debido al crecimiento natural de la vegetación y a la falta de aprovechamiento forestal.
Esta enorme cantidad de material seco disponible para arder aumenta el riesgo de incendios más rápidos, violentos y difíciles de controlar.
¿Todavía se puede actuar este verano?
Pese a la gravedad del escenario, Castañares considera que aún existen medidas inmediatas que podrían reducir considerablemente el riesgo para la población.
Entre ellas destaca la limpieza de parcelas próximas a viviendas, urbanizaciones y cascos urbanos situados en zonas forestales, actuaciones que podrían ejecutarse en pocos días si existiera coordinación institucional y voluntad política.
El papel del cambio climático
El experto no niega la influencia del cambio climático, pero considera que su efecto principal consiste en ampliar el periodo del año durante el que pueden producirse incendios forestales.
Mientras hace décadas la temporada de incendios se concentraba en julio y agosto, actualmente pueden registrarse grandes fuegos prácticamente durante cualquier mes del año.
Sin embargo, insiste en que la intensidad y virulencia de los incendios actuales se explica principalmente por la acumulación de combustible vegetal y no exclusivamente por el aumento de temperaturas.
Una advertencia que se repite cada verano
Quizá la frase más preocupante de toda su intervención fue la última.
El experto reconoció que lleva años repitiendo exactamente el mismo mensaje tras cada gran incendio y teme volver a hacerlo el próximo verano si nada cambia.
Mientras tanto, España afronta una nueva campaña de incendios con temperaturas extremas, sequía acumulada y millones de toneladas de vegetación preparada para arder.
La pregunta vuelve a ser la misma de cada verano: ¿se actuará antes del próximo gran incendio o se volverá a hablar de prevención cuando ya sea demasiado tarde?
















