Más de siete décadas de tradición inundan las calles de música, pólvora y color en un desfile histórico marcado por la devoción popular y el relevo generacional.
L’OLLERIA. — La Entrada de Moros y Cristianos de L’Olleria es música, pólvora, color y mucha emoción, pero sobre todo es la ilusión de un pueblo que vive intensamente sus fiestas. El municipio de la Vall d’Albaida celebró este fin de semana su acto central, transformando sus avenidas principales en un escenario de esplendor medieval donde la historia y la devoción se entrelazan al ritmo de las marchas moras y compases cristianos.
Una tradición que comenzó hace más de 70 años y que hoy continúa más viva que nunca gracias a todos los festers, filàs, músicos y vecinas y vecinos que la hacen posible. El paso de los boatos, caracterizado por espectaculares ropajes, coreografías elaboradas y una cuidada ornamentación, volvió a sobrecoger a miles de asistentes que abarrotaron el recorrido de principio a fin.
Más de siete décadas de historia y sentimiento
El origen de estas celebraciones en L’Olleria se remonta a mediados del siglo XX. Desde aquellas primeras comparsas que desfilaron con más entusiasmo que recursos, la fiesta ha experimentado una evolución constante hasta convertirse en un referente de la comarca y una cita ineludible del calendario festivo valenciano.
Con el paso de los decenios, el sentimiento no solo se ha mantenido intacto, sino que se ha transmitido de generación en generación. Familias enteras participan activamente en las distintas filàs, garantizando un relevo generacional que asegura el futuro de esta manifestación cultural.
La música y la pólvora: alma de la fiesta
El estruendo de los trabucos en los actos de arcabucería y las melodías de las bandas de música son los verdaderos motores emocionales de L’Olleria. Cada escuadra avanza al compás de composiciones musicales creadas expresamente para estos desfiles, donde la música festera cobra un protagonismo absoluto.
El Ayuntamiento y la Junta Central de Festes coincidieron en destacar la impecable organización del desfile y el civismo de los asistentes, subrayando el enorme impacto económico y turístico que este evento genera en el municipio. Tras el éxito de la Entrada, la población afronta sus últimos días de fiesta con las embajadas y la posterior resolución pacífica del conflicto en honor a sus patrones.

















